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El fundador del Museo del Calzado, José María Amat Amer, habla para Valle de Elda de los orígenes y consolidación de este importante espacio museístico en la ciudad, del cual fue fundador y director desde 1986 a 2005. De la historia del Museo habla en su último libro, que presentó la semana pasada, repleto de vivencias y numerosas fotografías, titulado El Museo del Calzado. Orígenes y consolidación (1986-2005), editado por la Fundación Museo del Calzado. Durante este acto, Adela Pedrosa anunció que el Ayuntamiento ha iniciado los trámites para que el museo pase a denominarse "José María Amat"
   ¿Cómo surgió la idea de crear un Museo del Calzado?
   Como casi todo en la vida, la casualidad juega un papel importante. En un principio solo se trataba de una colección museográfica, una actividad extraescolar de mis alumnos de Formación Profesional. La respuesta fue tan abrumadora que con los resultados obtenidos se empezó a valorar la posibilidad de hacer un museo.

   ¿Qué respuesta tuvo del Ayuntamiento, los empresarios y la comunidad educativa?
   Esas fueron las claves. La corporación municipal lo vio claro desde el principio y su intervención fue vital. Los empresarios, a nivel individual, me abrieron las puertas para entregar maquinaria, zapatos y documentos que tuvieran valor como piezas de museo. Pero no solo empresarios en activo, muchos otros que lo fueron en el pasado entregaron sus mejores recuerdos. Mis compañeros del Instituto de Formación Profesional de La Torreta colaboraron en bloque para que la idea fundacional tuviese los mejores resultados, con especial mención a los cientos de alumnos que, a través de los años, se entregaron a las tareas de investigación. 
   ¿Respondió el pueblo a las peticiones de colaboración con ese museo en ciernes?
   Esa es una de las fases de este proceso que jamás olvidaré. Materialmente cientos de personas acudieron a la llamada que se les hizo para que donasen objetos que pudiesen guardar y estuviesen relacionados con el calzado.  Personas anónimas que se desprendían de sus «tesoros» para entregarlos a un desconocido que solo prometía. Aquellos gestos de generosidad me conmovieron y me conmueven todavía al recordarlos.
   ¿Cuáles fueron las mayores dificultades?
   Siempre que se aborda un asunto de similares características, ocurren cosas y aparecen detractores. Quizás el peor momento fue, tras un par de años funcionando el Museo del Calzado en los locales de La Torreta, vernos de nuevo empaquetados y almacenados en una nave cedida por IDELSA. Esto pudo acabar con el proyecto porque muchas personas que habían donado sus mejores recuerdos ya no tenían confianza en que se implantara de nuevo ese museo. Pero de los malos momentos me he olvidado y, en mi memoria,  solo quedan palabras y gestos de agradecimiento.
   ¿Cómo fue la gestión para trasladar el museo a un edificio nuevo, amplio y en el lugar que ocupó la Ficia?
   La verdad es que aquello fue una consecuencia de lo que pudieron valorar las autoridades autonómicas. Un día me desperté con la noticia de que parte de las compensaciones que se iban a dar a Elda por la pérdida de las ferias incluirían un nuevo edificio valorado en 500 millones de pesetas. Aquello me pareció maravilloso, aunque yo me hubiese conformado con una remodelación del edificio que ocupaba INESCOP y que era un buen proyecto de mis amigos arquitectos David Rico y José  Luis Valero. Pero la realidad superó a la ficción, aunque hubo que volver a solicitar la generosidad de los eldenses. Estos respondieron con vitrinas y otras donaciones para completar lo que le faltaba a ese edificio tan amplio. Con respecto al lugar elegido, era un valor añadido ocupar una parte de nuestro pasado más brillante.
   ¿Qué representó la visita de la Infanta Elena durante su inauguración?
   La petición a la Casa Real tuvo una rápida y feliz respuesta. La Infanta estuvo simpatiquísima y sinceramente creo que disfrutó viendo zapatos y la historia de los zapateros.  Por muchas motivaciones personales, ese día 4 de febrero lo tendré grabado en la mente y en el corazón mientras viva.
   Tomaron iniciativas para promocionar el museo que todavía se celebran como la Semana de la Artesanía.
   Algunas fueron milagrosas, como la irrupción en nuestras vidas de Luis García Berlanga. Tras la Semana de la Artesanía, vendría «La Mejor Calzada», el premio periodístico, los concursos de calzado artesano, Calzapinta y Calzacuenta, la revista Calzarte y un sinfín de actuaciones.
   ¿Cómo surge el premio a la Mejor Calzada y qué representa para la ciudad?
   El premio surge como consecuencia de una conversación amigable con Luis García Berlanga. Quizás pensando más en el erotismo que podría entrañar dicho galardón que en el estilo de la galardonada. El problema era encontrar la financiación y se lo planteé a mi amigo Joaquín Planelles, que lo asumió a través de su empresa Textilín y también el otro premio que llamamos «Periodístico Luis García Berlanga». Creo que esos premios fueron un acierto, que prestigian a la ciudad. Concretamente el de la Mejor Calzada tiene anualmente un alcance mediático muy importante. Pero el jurado debe ser cuidadoso con la elección de la persona premiada para que no cree compromisos de futuro que acabarían por hacerlo desparecer.
   ¿Tiene alguna excepcionalidad nuestro Museo además de las importantes piezas de su contenido?
   Hemos aparecido un poco tarde en el tiempo. Otros museos en el mundo, con más de un siglo de antigüedad, contienen zapatos originales mucho más antiguos, como es natural. Sin embargo, a diferencia de estos, el de Elda ofrece una diversidad sin parangón, como la sección de Hormas Aguado, esa colección de la industria auxiliar dedicada a la horma que nos facilitó Isidro Aguado Sánchez, que es única en el mundo.
   ¿No le ha apetecido en algún momento dedicarse al diseño o la fabricación de calzado?
   «Zapatero a tus zapatos». Cada uno tiene su vocación y debe seguirla sin desviaciones. Mi verdadera pasión es el calzado como un elemento cultural. Mi riqueza es la de realizar cosas que enaltezcan y prestigien el calzado.He podido ser moderadamente feliz con lo que hago y he aprendido a amar esta profesión a través, fundamentalmente, de sus gentes. Lo que he descubierto es de un valor inmaterial muy superior a lo que me habría dado la riqueza como industrial o el diseño como profesional, sin desmerecer en absoluto a  quien las ejerce. Los ejemplos de sacrificio y abnegación de trabajadores y empresarios me han sensibilizado de tal forma que mi carácter y forma de pensar se han visto totalmente alterados, con una corriente de afecto y agradecimiento.

Acto presentación “El Museo del Calzado. Orígenes y consolidación (1986-2005)”


   ¿Alguna anécdota que recoja en el libro?
   Más que anécdotas, describo muchas respuestas de personas que me entregaron sus mejores recuerdos. Después los encuentros con Berlanga que eran siempre muy anecdóticos. También Carmen Cervera que quiso introducir a Manolo Blanhik en el museo.
   El Museo está gestionado por un patronato.
   Era necesario crear una Fundación que rigiese los destinos del Museo del Calzado con unos estatutos y un patronato. Poco a poco irían incorporándose las instituciones autonómicas, provinciales y del sector zapatero. Otro claro ejemplo de colaboración.
   ¿Tiene más proyectos?
   Estoy enfrascado con un par de libros: uno de ellos sobre la historia del calzado a través del Museo de Elda y otro, que creo necesario, para demostrar las aportaciones más importantes que ha hecho Elda en favor de la historia económica del país. Pero de eso hablaremos dentro de unos meses. También como coleccionista (una faceta a la que me he visto abocado por mi peregrinar buscando cosas para el Museo),  tenemos mi esposa y yo una colección museográfica de bolsos, que ya veremos cuál es el resultado.
   ¿Qué piensa cuando comprueba que el museo forma parte del atractivo turístico de la ciudad?
   Me alegra muchísimo que el Museo del Calzado sea algo más de lo que podemos mostrar en Elda. Estoy convencido de que nuestras autoridades jamás lo dejarán desatendido. Todo es importante, pero el museo recoge la esencia de lo que fuimos, y es una plataforma necesaria para el futuro, sin desmerecer otras actuaciones que ofrece la ciudad.
   ¿Cómo ve el museo desde la distancia?
   La verdad es que no lo veo desde la distancia. Sigo muy ligado a sus actividades, a sus directores, al patronato, del que formo parte. Lo que sí es cierto es que no influyo en su desarrollo actual. Creo que está en muy buenas manos y deseo los mayores éxitos para el futuro.
   ¿Se siente recompensado por su ciudad?
   Naturalmente que sí. El Museo del Calzado de Elda no es de nadie y es de todos. Nadie debe arrogarse el éxito en exclusiva. Una persona no es nada sin la colaboración, apoyo y entusiasmo de la comunidad y eso vino de los ciudadanos de Elda en primer lugar. Ese es el valor  de las gentes que habitan este valle. Mi agradecimiento es constante y permanente y nunca podré devolver los tantos favores que solicité.

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