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La historia del calzado de Elda y Petrer está marcada por su gran empuje

El nuevo libro de José María Amat Amer, cuya presentación tuvo lugar el próximo 4 de febrero, en el Museo del Calzado recuerda los momentos clave de la industria del sector y la historia de numerosas empresas locales, algunas de las cuales continúan funcionando en la actualidad, a través de las terceras y cuartas generaciones de jóvenes empresarios, como Curtidos Antonio Esteve, Hispanitas y el Grupo Aguado, entre otras. Además, en el libro se analizan iniciativas pioneras como la creación de la SICEP o del Banco de Elda, que fueron determinantes en el crecimiento de la industria del calzado en Elda y Petrer.

Su contenido resulta especialmente interesante porque recopila la historia de más de sesenta fábricas de calzado y componentes del pasado siglo, destacando la figura de conocidos empresarios de la época. 

Se trata de una publicación que nos ayudará a conocer mejor el origen de la industria del calzado, que se puede entender gracias al espíritu emprendedor de los empresarios y la profesionalidad de los trabajadores del sector en nuestra localidad.

 

Los años de la SICEP

La Guerra Civil supuso el final de una de las fases de mayor desarrollo de la industria del calzado eldense y de mayor crecimiento de la ciudad. Sin embargo, a pesar de los problemas y desgracias de todo tipo que el conflicto produjo, la industria eldense tenía en ese momento tal fuerza y empuje a todos los niveles -creativo, empresarial, financiero, político, sindical…- que incluso en tan duras circunstancias supo adaptarse y generar nuevas estructuras organizativas a todos los niveles.

El 18 de julio de 1936 Elda estaba sumida en un duro conflicto laboral, que no se solucionó hasta muchos días después. Finalizado el conflicto, los obreros se incautaron de cinco de las mayores empresas, aquellas cuyos propietarios había abandonado la ciudad; tras la apropiación de las fábricas, acabó constituyéndose la COICS (Cooperativa Obrera de la Industria del Calzado o Similares). En el resto de fábricas, escasamente capitalizadas en su mayoría, los empresarios  -tras acudir a Madrid y entrevistarse con personalidades del Gobierno-, crearon el Sindicato de la Industria del Calzado de Elda y Petrel (la SICEP para los obreros de entonces), con un consejo de administración mixto, de patronos y obreros, a cuya cabeza estaba un empresario de origen catalán, el señor José Alemany Macià y un gerente ligado al Banco de Elda e Izquierda Republicana, Tomás Guarinos, hijo de un empresario que daba nombre a una de las mayores calles de Elda, la de Pablo Guarinos. Era el 18 de agosto de 1936.

La entidad, constituida por 23 empresas de Elda y Petrer, recibía los zapatos a precio de coste por parte de las fábricas -entre las que se encontraban las de Porta, los Vera o Luvi- e indemnizaba a estas por el 65% de la diferencia con el precio de venta, repartiendo el resto entre la clase obrera, el consejo de administración, la Asociación de Fabricantes y las reservas de capital.

Aunque en su origen fue una entidad empresarial para ajustarse a un periodo de inestabilidad que se preveía corto, pronto acabó siendo regida por los obreros y fusionándose con la COICS, aunque ambas entidades continuaron manteniendo la estructura comercial de la SICEP y su negocio de compraventa, centralizado en un almacén de la calle Lamberto Amat y con almacenes distribuidores en Valencia y Barcelona. La SICEP siguió fabricando calzado civil aunque incrementó la producción militar y, poco a poco, comenzó a fabricar también mochilas, polainas, correajes o cazadoras. Los beneficios se incrementaron exponencialmente en los primeros meses de la guerra.

La SICEP nunca fue un sindicato anarquista, ni nada parecido. Las principales críticas externas fueron ante los sueldos elevados que pagó a sus trabajadores, y las internas se centraron en la falta de control de calidad en algunas fábricas. En el haber, además de los grandes beneficios acumulados, la enorme labor creativa de los modelistas y patronistas vinculados al Ateneo Artístico de Modelistas y Patronistas; en el Museo del Calzado se conserva, por ejemplo, un amplísimo muestrario de la empresa Luvi, de Petrel. 

No sólo eso: fueron capaces de crear la Escuela de Artes y Oficios, sustentada con un arbitrio sobre cada par de zapatos fabricados, con sede inicial en las Escuelas Nacionales y posteriormente también en una esquina de la actual calle Petrer. Ligada a la escuela pronto se puso en marcha la Fábrica nº 6, en la subida a la Estación, dedicada a la producción de productos de piel para uso militar, conocida como "la fábrica de las cazadoras". La iniciativa acabó siendo apoyada por el Estado: la Gaceta de la República de 13 de mayo de 1937 publicó la creación de la Escuela Profesional de la Industria de Calzado y Derivados de la Piel de Elda, al servicio de toda la industria zapatera, regida por una junta local presidida por un representante del gobierno, costeada por el ministerio en, al menos, el 75%. Incluso se aprobó la construcción de un nuevo centro, cerca de la plaza de Castelar, en el barrio del Progreso. Tras la llegada de los franquistas a Castellón y la incomunicación con Cataluña, de donde procedían la mayoría de curtidos, la industria del calzado eldense fue herida de muerte. Pero había quedado el intento de una organización moderna, centralizada en Elda, con la colaboración de empresarios y sindicatos, con una estructura de ventas innovadora y con capacidad de investigación e innovación, como demuestran el Ateneo, los almacenes en grandes ciudades, la escuela de formación profesional o la fábrica ligada a ella.

Finalizada la guerra, los patronos trataron de que el Estado desbloqueara las cuentas de la SICEP para que las empresas pudieran recuperar sus cuantiosos fondos. La Falange local intentó hacer pasar la entidad por un sindicato marxista para poder incautarse de sus bienes. En 1947, cuando finalmente se consiguió el desbloqueo, la inflación había reducido en buena medida el valor del dinero. Con los años, la idea de la escuela del calzado fue recuperada como si fuese una iniciativa del nuevo régimen.

 

Luis Chico, gerente de Hispanitas,: "Una parte importante de la industria se ha perdido al no apostar por las marcas"

Luis Chico

El gerente de Hispanitas Luis Chico, explica la evolución de su empresa, ubicada en Petrer, y de la industria del calzado de la zona desde su origen a nuestros días. 

¿Qué cambios cree que ha experimentado Elda y Petrer desde que su abuelo creó su empresa?

Si hablamos de la época de mi abuelo Alfonso nos remontaríamos a los años 20 del siglo pasado, la transformación sería total. Si me remito a los años 70, época en la que mi padre Francisco fabricaba kiowas, la transformación también es muy grande, tanto en procesos de fabricación, en los que se ha conseguido agilidad con las últimas tecnologías, como en la calidad de los productos y mejora de la productividad. En aquellos años con una plantilla de 40 personas mi padre fabricaba escasamente 400 o 500 pares de zapatos kiowas, hoy con la misma plantilla la producción se ha multiplicado como mínimo por tres. Y si hablamos de los parámetros de calidad y mejora, pues los cambios han sido tremendos. Hoy cualquier fábrica es mucho mas versátil que entonces y se puede pasar de fabricar botas a zapatos salones con una calidad excelente. 

Tanto la ciudad de Elda como la de Petrer, donde está mi empresa, han sufrido una transformación a mejor, lo lamentable es que una parte importante de la industria ha desaparecido en parte porque no se apostó por una cultura marquista de branding, ni por abrir mercados con nuestra propia marca. Afortunadamente quedan hoy empresas con solvencia suficiente en la zona como para seguir el legado que nuestros padres nos dejaron y la marca zapatos de Elda, Petrer o Elche  es muy respetada en todos los mercados internacionales.

¿Qué opina de la industria del calzado en la actualidad?

 Se ha perdido mucho, pues muchas son las empresas que trabajaron para grandes compañías y hoy están cerradas. Pero también hay empresas que empezaron hace 20 años a asistir a las ferias internacionales,  crearon sus propias redes de venta y hoy están en una posición de fuerza ante países como Italia o Francia.

¿Cómo se ha adaptado su empresa a los nuevos tiempos? 

Nuestra empresa (es decir de mi hermano Carlos y mía), después del cierre de las dos fábricas que mi padre tenía, atravesó unos años duros hasta 1989 en el que creamos nuestra marca Hispanitas. A partir de  1995 empezamos a exportar y como he dicho creamos una red de ventas en el extranjero que hoy se compone de más de 30 agentes comerciales, estamos presentes en 50 países con unos 1.600 clientes activos que nos compran cada temporada. Tenemos nuestro proyecto de tiendas propias, con cuatro tiendas en España, Portugal y Rumania. En China tenemos 25 puntos de venta y estamos creciendo en aquel país. Todo nuestro producto se fabrica aquí en España, concretamente en Petrer un 60%, un 30 % en Elda y un 10% en Pinoso. Defendemos ante todo el Made in Spain, la calidad, la comodidad y el diseño. También  trabajamos mucho la venta on line, futuro de las empresas, sobre todo las relacionadas con la moda, e invertimos mucho en la imagen y presencia en punto de venta.

 

Antonio Esteve, gerente de Antonio Esteve S.A.: "Las nuevas tecnologías han colaborado en nuestra vocación exportadora"

Antonio Esteve Maciá

El gerente de Antonio Esteve, S.A. ha experimentado la evolución de la industria del calzado desde la empresa de curtidos que fundó su abuelo. No obstante, la tradición familiar zapatera se remonta a su bisabuelo, el fabricante José Gerónimo Guill. 

¿Qué transformación considera que ha experimentado la ciudad y la industria local desde su perspectiva de la cuarta generación en el sector? 

Mi bisabuelo José Gerónimo Guill creó en 1915 la fábrica de calzado que luego fue Hijos de José Gerónimo Guill con mi abuelo, quien a su vez fundó la empresa de curtidos Antonio Esteve, S.A. en 1944,la cual posteriormente dirigió y amplió mi padre Miguel Ángel Esteve.  

Indudablemente ha habido muchos cambios desde entonces, como la modificación urbanística, donde muchas fábricas han abandonado el núcleo urbano para encontrar una mejor ubicación en polígonos industriales, y una mejor maquinaria para la fabricación, etcétera. Por otro lado diría que seguimos siendo un pueblo con muchas ganas de trabajar y de emprender nuevos proyectos. 

Me alegra comprobar que no todo ha cambiado tanto, dado que todavía hoy en día encontramos proveedores y clientes para quienes la caballerosidad y el negocio discurren por la misma vía, donde el respeto a la palabra dada se mantiene firme por encima de cualquier interpretación; donde un proveedor es una parte más de la empresa, no simplemente un precio inferior.

¿Cómo valora la evolución de la industria local?

Estamos en un momento más esperanzador que el atravesado en los últimos años. Mi incorporación a la empresa fue a comienzos de 1980, pero me consta que ya desde antes la industria se encontraba muy atomizada, formada por gran cantidad de empresas desde pequeños talleres familiares a algunas grandes fábricas. Precisamente esa miríada de industrias de calzado, ha constituido la sólida base que hasta hace unos años ha mantenido el calzado de Elda en lo más alto, y ha permitido crecer a su alrededor el gran número de empresas auxiliares y de componentes de calzado, existente en la actualidad. Desde aquel entonces, varias firmas de Elda y Petrer supieron hacerse una marca y un hueco en este competitivo mercado, y tras el boom de fabricación para comerciales estadounidenses, hoy en día muchas de ellas destinan su producción a otras locales.

Lamentablemente ya no contamos con la Feria Internacional de Calzado que durante tantos años sirvió de trampolín para que muchas empresas pudieran abrir sus mercados al mundo entero. 

¿Cómo se ha adaptado su empresa a los nuevos tiempos? 

Nuestra mayor adaptación ha sido mediante las nuevas tecnologías que nos han ayudado en nuestra vocación exportadora. Aunque nada puede igualar el contacto personal con proveedores y clientes, mantenemos mejor y más fluida comunicación en todo el mundo que hace años a nivel local.

Si hace años nos hubieran dicho lo fácil que resultaría situar en 24 horas cualquier muestra al otro lado del mundo o mantener una videoconferencia entre varios profesionales de forma simultánea en distintos continentes nos habría resultado increíble.

 

Isidro Aguado Sánchez, Grupo Aguado:"La producción es más dinámica por la tecnología"

Isidro Aguado Sánchez

El empresario Isidro Aguado Sánchez ya está jubilado pero nos ha contado cómo fue el proceso de adaptación de las cuatro empresas del Grupo Aguado, mediante la introducción de las nuevas tecnologías.

¿Cómo fue el origen de su empresa?

La empresa la creó mi bisabuelo, Isidro Aguado en 1870. Desde entonces Elda ha experimentado una completa transformación que va desde la fabricación de calzado hecho íntegramente a mano, a hacerlo en la actualidad con la más sofisticada maquinaria y avanzadas tecnologías, ayudando a este menester la industria auxiliar. Lógicamente la producción actual es mucho más dinámica desaparecido muchos oficios clásicos, mientras que se han creado otros debido a las nuevas técnicas empleadas. 

En los años 60 había gran número de fábricas en nuestra ciudad que funcionaban con una tencología media y se producía mucho para el mercado nacional, producción que se incrementó considerablemente a mediados de esta década con la exportación a otros países, principalmente a EE UU.

¿Que opina de de la situación del sector calzado en este momento?

En la actualidad el sector del calzado se ha estabilizado acoplándose, en un 40 por ciento que queda del mismo, al bajón experimentado en el mercado nacional y a la captación de pequeños pero numerosos clientes, sobre todo en Europa.

Con el esfuerzo y trabajo de preparados empresarios, se han podido modernizar las fábricas, pero no se puede comparar con el potencial que éramos en las décadas de los 60, 70 y 80. 

¿Qué cambios introdujeron en su empresa para que fuera competitiva?

En aquel momento de transformación, nuestra empresa apostó por la inversión en I+D y acertamos. Proyectamos y construimos una moderna máquina para inyectar nuestros propios blocs de plástico y paralelamente creamos una empresa afín para eliminar el manual y pesado trabajo de crear los nuevos modelos de hormas a mano.

Se proyectó y se creó un escaneador de hormas en 3D. Se trabajó en conseguir un CAD para crear los nuevos modelos en el ordenador y se colaboró con una firma alemana en la modificación de un torno en C.N.C. para convertir en una realidad física el modelo diseñado digitalmente. Todo esto se aplicó inmediatamente a nuestras empresas pasando a la cabeza de las más avanzadas, ayudándonos a sobrevivir a pesar de la tremenda crisis que estamos padeciendo.

 

"Tomás Guarinos impulsó la SICEP y el Banco de Elda"

Tomas Guarinos Amat | Jesús Cruces.

Pablo Guarinos Amat, hijo de Tomás Guarinos Maestre, impulsor del SICEP y del Banco de Elda, vivió a través de su familia la época dorada de Elda. Al respecto, comenta que en la década de los 60 conoció el auge industrial de la ciudad: "era una Elda muy distinta, con gente emprendedora pues antes se reunía para ver qué tenían que hacer. Fueron años buenos y se exportaba cada vez más. También los años de la feria fueron estupendos pero ahora la sociedad es más individualista y sólo funcionan las fábricas que tienen una marca como Pedro García, al que conozco, pero ya hay pocas fábricas de las de antes".

Pablo Guarinos Amat reside en Alicante, se fue de Elda a los siete años, pues su padre, que era procurador, fue encarcelado después de la Guerra Civil por haber estado vinculado a la masonería. Después de salir de la cárcel vivió en distintas ciudades y trabajó para una compañía de seguros. Tomás Guarinos Maestre no se dedicó al calzado, aunque su padre sí tuvo fábrica de zapatos en los años 20. No obstante, Tomás Guarinos Maestre "estuvo en el grupo que creó el Banco de Elda, por ese motivo cuando se enteró de su desaparición se llevó un disgusto", explica su hijo.

Y añade que su padre era un hombre extraordinario, una persona de principios que tuvo un papel fundamental en la creación de iniciativas locales pioneras como la SICEP pero debido a que había vivido años muy duros, no quería hablar del pasado, y por ese motivo, lo que sabe lo averiguó a través de unos documentos que aparecieron en casa de una tía suya en Valencia, después de su muerte en 1984.  

 

"Elda es importante, pero podría haberlo sido más"

Ernesto García Llobregat

Ernesto García Llobregat tiene 93 años y una buena memoria que le permite recordar con claridad. Su padre, Felipe García Simón, fundó en 1920 una fábrica de calzado con su nombre que funcionó hasta la crisis de 1974 y fue una de las más importantes del pasado siglo en Elda, de manera que "cuando yo nací, ya tenía la fábrica", indica. Esto le impidió dedicarse plenamente a su verdadera vocación que era la literatura y la pintura. De hecho, junto con sus amigos Alberto Navarro, Eduardo Gras y Rodolfo Guarinos participó en el nacimiento del semanario Valle de Elda, que lleva este nombre a iniciativa suya, afirma.

En su empresa recuerda que "el ambiente era muy distendido, no había envidias y éramos una piña". Respecto a la evolución de las fábricas, reconoce con pragmatismo que "las diferencias con las actuales son pocas, pues los pedidos son los que hacen la industria".

Elda también ha cambiado mucho y muy rápido, "inauguré como alumno el colegio Padre Manjón, que estaba en medio del campo" y lamenta que "aunque Elda ha prosperado, podría haber sido más importante si hubiesen mantenido las ferias que le dieron tanto prestigio".

La industria del calzado de Elda se ha ido adaptando a los cambios del mercado desde hace más de un siglo

La aportación de los trabajadores fue esencial en el crecimiento en el sector

La ciudad de Elda ha sido y sigue siendo muy dependiente de la evolución del sector calzado. Esta industria ha sido siempre muy dinámica y ha jugado un papel fundamental en el desarrollo económico y en su crecimiento. Durante los años 60 y 70 del siglo XX, España gozaba de algunas ventajas económicas importantes respecto al resto de países de nuestro entorno. Estaba muy cerca el Plan de Estabilización Económica de 1959,  este decreto ley hizo que nuestro país iniciara un proceso de apertura al exterior y que abandonáramos el aislamiento internacional. Por ello, en Elda se empezó a fraguar la necesidad de exportar nuestros zapatos. Esta válvula exportadora y nuestra ventaja en salarios, creatividad y diseño contribuyó a que de manera continuada se fueran asentando cada vez más compañías comercializadoras de los EEUU y alguna de Europa. Esta fue la primera y gran transformación económica y social que duró hasta los años 80 del siglo pasado.

A medida que pasaba el tiempo la situación industrial se fue complicando. Surgieron nuevos competidores, España dejó de ser un mercado con características de país subdesarrollado y los costes de fabricación empezaron a crecer perjudicando la competitividad de nuestros zapatos en lo mercados internacionales. Surgieron las primeras reconversiones del sector zapatero, provocando  en cada una de ellas un adelgazamiento del sector. 

En este sentido, Elda ha descendido algún puesto en el ranking mundial  como productor y exportador de calzado, pero  seguimos  fabricando uno de los mejores artículos del mundo, aunque no en las proporciones necesarias para recuperar el dinamismo industrial y social que se ha ido quedando por el camino. La globalización económica nos la ido poniendo cada vez más difícil. Considero, también que en los próximos años volveremos a ser un referente industrial en cuanto a la fabricación de calzado de señora de alta calidad, diseño  y moda.

Entrada de China

La industria de calzado en la actualidad se encuentra recuperando posiciones en el ranking mundial de productores y exportadores de calzado. A lo largo de los años han ido apareciendo nuevos y potentes competidores, como el mercado chino. Esta situación alteró absolutamente la estabilidad económica de Elda y el resto de poblaciones zapateras. Hubo que reaccionar muy rápido. Las industrias adoptaron las decisiones y políticas apropiadas para superar esta convulsa situación, unas iniciaron actividades de deslocalización, estableciéndose en la propia China, otras vieron más conveniente apostar por la creación de una marca propia para sus zapatos. Ahora,  ser miembros de pleno derecho e integrados en la eurozona nos ha favorecido en el sentido de ser actualmente país proveedor de calzado en países como Francia, Alemania y Reino Unido, entre otros. 

Las fluctuaciones de las monedas siempre han sido un hándicap a tener en cuenta a la hora de planificar  las expectativas de las  ventas internacionales.  Antes sufríamos la dualidad del cambio peseta /dólar. Hoy el escenario monetario y macroeconómico internacional es mucho más complejo e incierto: euro, dólar, yen japonés y yuan /renminbi en China. Todo es más dinámico aunque también más incierto.

Banco de Elda 

El Banco de Elda (1933 - 1963) fue una institución creada en Elda por empresarios, comerciantes y profesionales liberales. Todos ellos liderados y aglutinados por la figura de Angel Vera Coronel, eldense comprometido con la cultura, el deporte y el progreso en esta ciudad. Rodeado de un disciplinado equipo de hombres leales a los mismos principios ideológicos de Vera Coronel, decidieron organizarse y fundar en marzo de 1933, en  plena Segunda Republica, una institución bancaria denominada Banco de Elda. En aquellos años republicanos, todo iba muy deprisa. Habían transcurrido cuatro años desde el estallido del más famoso de los cracks bursátiles y financieros de la historia contemporánea, el del  29. Afortunadamente, las repercusiones en España no fueron  excesivamente graves, todavía no era un país muy expuesto al exterior. En Elda lo mismo, no era una ciudad exportadora como lo fue en otras épocas posteriores. Aun así, el calzado irrumpía con fuerza en el primer tercio del siglo XX. El tejido empresarial era muy numeroso, pero de reducido tamaño, con los clásicos talleres, exceptuando algunas empresas de mayor dimensión y muy introducidas en el mercado de calzado en España. De modo que los costes financieros resultaban muy elevados, además de las garantías exigidas por los grandes bancos. Todo esto preparó el camino para constituir el Banco de Elda y así poder ayudar a las pequeñas economías que necesitaban más apoyo crediticio para continuar trabajando y poder atender los pagos de nóminas y recibos y algunas de las letras de cambio que circulaban con profusión entre los negocios de la localidad. 

Este banco, situado  en la zona neurálgica del momento, la  calle Fermín y Galán, muy cerca del Casino Eldense, empezaba a consolidarse y ser muy querido por los eldenses. El inicio de la Guerra Civil supuso un paréntesis en su actividad bancaria, acusando este receso económico en su cuenta de resultados. Finalizada la guerra, en 1940, se retomó muy tímidamente la actividad bancaria. Lógicamente, nada tenía que ver con el Consejo de Administración de la etapa republicana. Así, el Banco de Elda sufrió lo indecible durante el largo periodo de la posguerra hasta que, después de un complejo proceso de compraventa del paquete mayoritario de acciones, fue absorbido por el Banco Central en 1963.

SICEP 

Una economía de guerra altera el escenario habitual tanto de las fábricas como de los trabajadores y las familias que conviven en un territorio concreto. El objetivo inicial por el que se creó SICEP, Sindicato de la Industria de Calzado de Elda y Petrer, constitución de  sociedad limitada el 18 de agosto de 1936, fue el de tratar de ordenar la nueva coyuntura militar que dominaba en todos los ámbitos de la sociedad. En realidad fue una solución inteligente para evitar el colapso industrial y económico de la ciudad. Lo que nadie pensaba es que el conflicto se iba a prolongar tanto tiempo. Además, la intervención de las fuerzas políticas más radicales hizo que la gestión pasara directamente al Partido Comunista, UGT y CNT- FAI. Y las fuerzas más revolucionarias decidieron incautar la mayoría de los centros de producción y comenzar la fabricación de armamento, ropa y calzado militar.

En 1938, la organización SICEP se integra en la Cooperativa Obrera de la Industria del Calzado y Similares (COSCI),  había que trabajar duro para evitar una quiebra absoluta del sistema. Los comités obreros trataron de gestionar las directrices de producción y consumo, combatiendo contra la ya más que evidente escasez de suministro de materias primas; el transporte también ponía las cosas más difíciles para poder hacer llegar la mercancía a los almacenes de Valencia y Barcelona. En esta etapa cabe resaltar la importancia del trabajo de gestión y coordinación del eldense Tomás Guarinos, persona inteligente y progresista que supo aunar esfuerzos y sacar adelante gran parte de la actividad de la cooperativa. 

Finalizada la guerra, se procedió a la liquidación de SICEP. Al final, fruto  de su buena gestión económica, se procedió durante los años de la posguerra al estudio de los libros de contabilidad analizando los saldos bancarios existentes a favor de la entidad así como el patrimonio propiedad de SICEP.