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El 27 de abril de 1905 se estrenó en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, Moros y Cristianos, obra corta con música del valenciano José Serrano (Sueca 1873-Madrid 1941) y libreto de Maximiliano Thous, nacido en Asturias de padres alicantinos, (Pravia 1875-Madrid 1947) y Elías Cerdá (Alberic 1874-Madrid 1933).

Es esta la única zarzuela que se conoce cuya acción se desarrolla durante las fiestas de la población imaginaria de Almacera, ubicada en las comarcas de L´Alcoiá-El Comtat.

Las críticas del estreno fueron muy elogiosas para la parte musical y nada favorables para el libreto o el argumento que, en realidad, presenta algunos aspectos poco dados en la zarzuela convencional, como, por ejemplo, el adulterio.

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Hoy os propongo un arroz con magro y garbanzos que estará hecho en poco más de media hora, además es bastante asequible al bolsillo, cosa que es de agradecer.

Bueno, pues id poniendo la mesa que comemos en nada…

Ingredientes (para 5 personas):

  • 400 grs. de arroz
  • 350 grs. de carne magra de cerdo (en trozos pequeños)
  • 150 ml. de aceite de oliva virgen extra
  • 1400 ml. de agua o caldo de carne
  • 1 cabeza de ajos
  • Unas tiras de pimiento rojo
  • 1 tomate rallado
  • 1 tarro de garbanzos cocidos
  • 1 cucharadita de pimentón 
  • 1 ½ cucharadita de ñora picada 
  • Unas hebras de azafrán 
  • Perejil
  • Sal
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Un año más por estas fechas nos acordamos que tenemos que desparasitar a nuestros perros y gatos pues vemos las garrapatas o pulgas. Y un año más me gustaría recalcar la importancia de hacer una desparasitación preventiva durante todo el año y no esperar a ver estos parásitos sobre nuestras mascotas, pues le habrán podido causar enfermedades.

El cambio climático ya esta aquí pues los ciclos de los parásitos se acortan y vemos parásitos que antes solo veíamos en primavera y verano, durante todo el año.

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No me cabe la menor duda de que una forma más de promocionar una ciudad es a través de la muestra de obras de arte relacionadas con la industria, la artesanía o el comercio de cualquier pueblo.

A poco que viajemos por España o por cualquier país del mundo, veremos que son muchas las ciudades que a través de monumentos o simples esculturas tratan de llamar la atención del visitante de lo mucho que ese determinado pueblo puede ofrecer y, especialmente, es una forma rápida y gráfica de descubrir su historia, tanto reflejada en la industria o en cualquier otro aspecto de su actividad. Vemos esculturas de pescadores, artesanos de los muy variados oficios, objetos relacionados con sus industrias o las costumbres de la zona. 

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-LO BUENO SI BREVE-

Reciente edición completa de los Cuadernos de Lichtenberg en español

He elegido este aforismo para encabezar esta entrada porque describe muy bien la intención, el estilo y la modernidad de uno de los mejores aforistas de la historia: Georg Christoph Lichtenberg (1742- 1799). Hombre curioso, fiel representante de su época ilustrada, interesado por los más diversos saberes, sobresalió en la astronomía, la física experimental y las matemáticas, ejerciendo como profesor en la Universidad de Gotinga, su ciudad natal.  Jamás podría imaginar que su fama póstuma se debería a los fragmentos personales que escribiría en sucesivos cuadernos, hasta veintisiete, de un modo espontáneo y sin plan sistemático. Sus aforismos se extraen muchas veces de los fragmentos más amplios, de los borradores o apuntes (hay quien piensa que debería llamarse así a sus textos) que constituyen ese cajón de sastre que son los cuadernos y donde hay notas de lecturas, breves diálogos, anécdotas, comentarios corrosivos, citas, hipótesis, interrogantes, chistes, sueños o reflexiones de distinta extensión y calibre.

Hombre marcado por la joroba que siempre trataba de disimular, un gran atractivo y una hipocondría sin igual, su convivencia con una niña de 12 años (él tenía 35) escandalizó a sus conciudadanos. Tras la muerte de ésta, cinco años después, en 1783 toma como sirvienta a una humilde muchacha de 15 con quien mantendrá una relación secreta, y con la que tendrá seis hijos y acabará casándose mucho después. Los reconocimientos y distinciones se suceden en los últimos años de su vida, marcados por los dolores y el deterioro físico hasta fallecer con 57 años de edad. Publicó numerosos trabajos científicos y artículos periodísticos,  algunos textos satíricos y, durante años, un humilde Almanaque de bolsillo, destacando también como uno de los polemistas más agudos y preparados de su tiempo.

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En breve nos hallaremos un año más en Fiestas de Moros y Cristianos. Si nos ponemos en la piel del profesorado la secuencia de fiestas en la localidad vecina de Petrer, a mediados de mayo, y las de Elda, a principios de junio, conlleva una cierta dificultad de, digamos, concentración en la recta final del curso.

Dejando de lado esta disrupción motivada por la crisis festera antes de las últimas semanas y evaluaciones en los centros, me gustaría destacar en la entrada de hoy su potencial educativo. Entendiendo aquellas como acontecimientos memorables, recordados de manera especial y asociados por lo común a experiencias positivas disfrutadas y compartidas, extraña su desaprovechamiento que, en ocasiones, no va más mucho más allá de lo anecdótico.

Cuando escribo aprovechamiento no me refiero solo a conocimientos en torno a esas celebraciones, de tipo histórico, cultural, etc. sino además a la gestión de estas vivencias a la reflexión crítica sobre nuestras actitudes y comportamientos en esas circunstancias.

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Una novela que se puede leer eligiendo el camino que se quiera.

“¿Encontraría a la Maga?”. Con esta lacónica pero intrigante pregunta inicia Julio Cortázar Rayuela, su novela más celebrada. Al leerla, uno no puede evitar hacerse otra cascada de preguntas: ¿quién es esa Maga?; ¿qué habrá ocurrido para esta urgencia por encontrarla?; ¿y además, por qué hay que encontrarla?; ¿se tratará de una muchacha perdida entre la multitud tras un flechazo, de una asesina en serie, de una pitonisa que engañó a alguien, de la imagen seductora de un anuncio?... Con esa sola pregunta, el novelista nos desconcierta a la vez que nos intriga y tal vez nos esté anunciando que si ha escrito la novela es para relatarnos el camino seguido para encontrarla. De modo que una profunda inquietud, no exenta de suspense, y una presentida esperanza, como promesa de un feliz hallazgo, nos empujan irresistiblemente a seguir leyendo. A desvelar qué ocurrirá. Y también a saber qué ocurrió antes de este enigmático inicio.

Atraparnos desde la primera frase. Eso es lo que persigue una buena novela para que no cerremos el libro en la página uno: retenernos y poner en marcha cuantos mecanismos sean necesarios en nuestro interior para engancharnos a la historia. Sin duda, además de un comienzo memorable, la novela requiere de otros muchos ingredientes que nos hagan mantener y renovar, capítulo a capítulo, el interés. Pero sin ese comienzo único, que nos capte, difícilmente habrá espacio para el resto. Una película, una canción, un anuncio, un poema… no son distintos en esto. 

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Varias conversaciones y lecturas a lo largo de la semana me han incitado a dedicar una entrada del blog a los pasillos de nuestros centros educativos y a su aprovechamiento como espacios para el aprendizaje y la enseñanza, posibilidades que se explotan muy de vez en cuando pero que por lo común los relegan a la categoría de lugares anodinos no ya de encuentro sino de simple paso.

En mi niñez, la orden que titula estas líneas significaba una condena al ostracismo, apartar del resto de la clase a quien había cometido alguna falta de disciplina, a quien se había comportado de forma indebida. ¡Sal al pasillo! Dicho así, sin ninguna consigna más que incitara a la reflexión sobre lo que había ocurrido, a la contrición o a la reparación, suponía simplemente materializar ante toda la clase y ante el alumno o la alumna castigada la idea de que él o ella resultaba prescindible, más aún, que constituía un obstáculo para el grupo, un peso muerto del cual era conveniente librarse sin contemplaciones. La idea de pasillo como espacio de exclusión se situaba en las antípodas de lo educativo y de cualquier pretendido refuerzo de la autoestima del alumnado.

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Muchas son  las consultas y comentarios que me han hecho en relación a los vinos espumosos, después del artículo que publiqué el pasado 8 de enero del presente año sobre las diferencias entre el Cava y el Champagne. 

Después de observar el interés expuesto por numerosos lectores, he querido ampliar el citado artículo y acercarles un poco más con este nuevo trabajo donde quiero darles a conocer cómo se consiguen elaborar los vinos espumosos, intentando profundizar en los conocimientos sobre este campo de la enología.

¿Cómo se producen los vinos espumosos?

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Muchas veces me pregunto si nuestros hijos, y especialmente nuestros nietos, tienen información clara de la ciudad en la que viven y de lo que representó esta población, que fue capaz de los mayores logros en la búsqueda de una identidad propia y de una riqueza por su actividad que alcanzó, desde aquí, a todo el sector zapatero.

Como si fuese un cuento, les he explicado a los más pequeños de mi familia algunos pasajes de la Elda industrial y comercial, de lo que fue la FICIA, de cómo nacieron las primeras fábricas,  incluso de lo que era esta villa antes de conocer el calzado. Hay mucho escrito al respecto, sin embargo, las nuevas tecnologías, internet especialmente, hacen que cada día se lea menos y nuestra historia, escrita en libros o revistas locales que aparecen cada año, puede no llegar a los más jóvenes. De ahí mi recalcitrante empeño en transmitir lo que sé, bien por  lo que he vivido, he leído o por lo que otros me han contado.

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Vista interior de una de las preciosas salas del Museo Internacional del Calzado de Vigévano (Italia) construcción tipo gótico-Lombarda. Se encuentra enclavado en una parte del Castillo Sforzesco es uno de los mayores complejos arquitectónicos de Europa, se eleva en la parte alta de la ciudad sobre murallas que nos remontan a la edad comunal. Fue construido como fortificación militar pero también como residencia. El primer núcleo del castillo data de los siglos VII y X, es decir, la edad longobarda. En este edificio trabajaron Bramante y quizás el propio Leonardo

En Vigévano la primera fábrica de calzado en el modelo industrial data de 1866, más o menos coincidente con la aparición de nuestras primeras industrias de fabricación de calzado en la ciudad de Elda. 

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Hoy 5 de mayo me viene a la memoria la visita que este día del año 1995 efectuó Manuel Ausensi a las Aulas de la Tercera Edad de Elda. Era aquella una época gloriosa para este movimiento social, artístico y cultural, por la elevada asistencia que se registraba en todas sus actividades. De hecho aquella tarde se llenó el salón de actos de la Casa del Cultura eldense.

Allí Ausensi respondió a todas las preguntas que le fueron formuladas, en el transcurso de una sesión que resultó muy amena, y donde el personaje evidenció su sencillez y cercanía.  Antes de someterse al cuestionario que los asistentes le iban planteando,  cantó cuatro romanzas de zarzuela, acompañado al piano por Mari Carmen Segura Almodóvar.

La presencia de Ausensi en "Aulas" fue por iniciativa  personal suya. Se me ofreció para tal acto, sabedor de mi presencia en las charlas didácticas que dedico a la zarzuela.

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Borges abundó en su obra como auténtico maestro de la intertextualidad.

Pocos como Jorge Luis Borges entendieron la creación literaria como infinito diálogo con la tradición; con los escritores que nos precedieron. Experto en los juegos intertextuales, sus relatos y no pocos de sus poemas están repletos de alusiones, citas, parodias, variaciones… de obras con las que el argentino mantuvo un diálogo perenne, fructífero y recreador. Porque la relectura y la reescritura conformarían, desde esta perspectiva, una parte sustancial del propio proceso creador. Su Pierre Menard, autor del Quijote, relato incluido en su libro Ficciones, es el mayor exponente en cuanto a la multiplicidad de sentidos que se abren a partir de reescribir el mismo texto en un contexto histórico diferente. Lo que escribe Menard es su lectura del Quijote, reviviendo sus mismas letras no en el acto original del autor sino en el de un lector entre tantos otros posibles. Como quien se adentra por un salón lleno de espejos, ¿quién es el auténtico, el original, y quién la copia?, vendría a decirnos Borges.

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