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Zapato fabricado por la firma Noguerón en los años 60 y con hechuras manuales | Museo del Calzado.

Estamos acostumbrados a escuchar esa frase de "Elda, París y Londres" que desde hace más de siglo y medio acompaña a los zapatos fabricados en esta ciudad. Sin embargo, nos paramos poco en hacer un análisis retrospectivo del proceso de calidad que ha llevado a nuestro calzado a ser considerado uno de los más perfectos y valiosos del mundo.

No es cuestión de hace unos días, la apuesta por la calidad viene de más de siglo y medio atrás. El zapato que se hace en Elda es producto de un largo proceso en el que han intervenido muchos factores y muchas personas, desde trabajadores (masculinos y femeninos) hasta empresarios, sin excluir a otras personas y empresas, que no interviniendo de forma directa en el zapato, se han encargado a lo largo de los años en potenciar sus cualidades y hacer valer sus calidades.

Aparadoras trabajando en un taller 1950 | Lavirtu.

Si nos remontamos a los años en los que apareció la actividad zapatera en Elda, podemos imaginar a un grupo de eldenses haciendo zapatos con sus manos y auxiliados con rudimentarias máquinas o artefactos inventados por ellos mismos; zapateros que con cada tirón de tenaza y corte de cuchilla, iban aprendiendo un oficio que desconocían casi por completo; aparadoras que sin tener máquinas de coser ensamblaban las piezas cosidas a mano, más adelante, auxiliadas por máquinas que, a falta de electricidad, eran movidas por la ayuda de un pedal y el impulso de la rueda que sujetaba la correa de transmisión; unos modelistas que sin apenas conocimientos de lo que estaban creando, se empleaban en diseñar un zapato vendible en los mercadillos. Esos eran nuestros ancestros, personas sin ninguna experiencia que se abrían paso a fuerza de tenacidad, imaginación y sacrificio.

Zapatero artesano empalmillando un zapato de hombre | Valle de Elda.

La proliferación de talleres artesanos, "tallericos", en el casco antiguo de la ciudad, cercano a las ruinas de nuestro alcázar, y rodeando la antigua iglesia barroca de Santa Ana, invitaban a otros eldenses a sumarse a esta nueva actividad, que empezaba a generar algunos ingresos extras que paliaban la maltrecha agricultura, que es de lo que vivían principalmente los escasos habitantes del pueblo a mediados del siglo XIX. No tardaron, los más avispados, en pasar de los talleres a las fábricas y aumentar la producción de zapatos "para todas las clases", es decir, desde niños hasta caballero, pasando indudablemente por el zapato de mujer. La llegada de la electricidad a las fábricas supuso un nuevo y definitivo impulso. Todo mejoró y fue más rápido, el aparado, las máquinas de la industria auxiliar y también las de calzado semiartesano. Sin embargo, no se perdió la delicadeza y calidad que el obrero de Elda imprimía a los zapatos; la aparadora siguió esmerándose con esos cosidos únicos y perfectos que solo sabían hacer en Elda, los zapateros se esforzaban en imprimir los toques precisos de calidad: el centrado y montado sobre las hormas de madera, los desvirados y ajustes de la suela al tacón, los brillantes pisos lujados; todo eso daba al zapato un toque especial que comparado con otras poblaciones zapateras, nos hacían únicos. Elda no abandonó nunca el uso de las mejores pieles y materias primas diversas. El zapato salido de esas manos casi inexpertas, empezaba a rozar lo que José Martínez Ruiz "Azorín" llamaría el art sutorio eldense.

Elda creó todas la instituciones zapateras

Todo lo anterior, siendo bueno, no era suficiente para que el zapato eldense pasase a la historia del zapato de máxima calidad, había que depurar también las ideas, rodear al zapato eldense de poder empresarial y político, tenían que llegarse a ser únicos e imprescindibles. Elda supo ponerse las pilas, creó las asociaciones empresariales cuando no había nada. Elda alumbró una sociedad, en tiempos de guerra, para que sus moradores pudiesen seguir trabajando, a pesar de la contienda, y llevar a sus hogares un mínimo salario que les alejase de la hambruna que vivía media España, lo que hizo aumentar su prestigio. Elda dio el paso para una gran Feria del Calzado orgullo de todos, especialmente de los eldenses, y dar un impulso económico jamás conocido en el sector zapatero, al que se llamó "el milagro económico del calzado", y más tarde siguió creando todas las instituciones que tuvo y tiene el sector de la industria zapatera: Elda Exportadora, Cepex, Inescop, y para culminar su obra y ante el acoso al que fue sometida la ciudad, el Museo del Calzado, uno de los más completos, diversos y mediáticos para el sector zapatero que existe en el mundo.

Otros iniciaron el camino a la calidad

Los grandes y pequeños industriales de los primeros tiempos mantenían los parámetros de calidad y aunque hubo intentos para vulgarizar el calzado que se fabricaba en Elda, nada prosperó, las industrias de otro tipo de zapato plastificados o deportivos, sucumbieron en los primeros intentos. Junto al calzado de niño y de mujer, también había fábricas de calzado para hombre. Las circunstancias, la casualidad, o la visión de algunos, fue polarizando la fabricación de calzados hacia una sola especialización, el calzado para mujer, y dentro de esta modalidad, se apostó por la más compleja, el calzado de mujer de gama alta, con diseños avanzados y hechuras técnicamente perfectas. Las fábricas de caballero desaparecieron muy pronto, más tiempo tardaron en ir cerrando las dedicadas al zapato de niño, del que Elda fue también un referente, para centrar toda la atención en ese zapato que hoy fabricamos y del que sentimos un legitimo orgullo todos los eldenses.

El recuerdo para aquellos que lo hicieron

Seria incontable la lista de empresas que aportaron su trabajo y su prestigio en pos del zapato de calidad que hoy nos caracteriza, pero estamos obligados, al menos, a nombrar algunas de ellas en representación de las miles que existieron y que, aunque tenemos en nuestro recuerdo, no es posible nombrarlas a todas: Silvestre Hernández,; Tovar; Los Vera; Rafael Romero; Los Bellod; Blas Amat; Rodolfo Guarinos; Francisco Rivas; Pablo Guarinos; Pablo Maestre; Gerónimo Guill; José Martínez Sánchez; Los Vacios; Gil Esteve; Pedro García; Belmonte; Sapena; Cachola; Rafael Sirvent; Crespi; Noguerón; Fifo; Dévora; Pedro Perez; Antonio Martinez; Oscar Santos; Roberto Bernabé; Vda. de Manuel Vera; Sánchez y Carpena; Amat Sanchís; Sanchíz Marco, Sacha London, Paco Herrero, Stuart Weitzman,  Audley London, Menbur y muchísimos más. A todos el reconocimiento y el agradecimiento por ser los continuadores de una larga lista de ejemplares empresas a las que tanto debe nuestra ciudad y que, junto a la industria auxiliar, cuidaron y cuidan el zapato fabricado. También a ese inmenso censo de obreros especializados, de todos los tiempos, que trabajaron en Elda para el calzado y que tan sabiamente reflejaron su arte en los zapatos: aparadoras, cortadores, zapateros, almacenistas, todos han sabido poner a nuestro zapato de mujer en el listón más alto en el ranking de los países que trabajan para el mercado del diseño y la calidad.

 

Comentarios  

0 #1 Anny 17-09-2018 05:36
Muy cierto! de verdad que la calidad siempre estará presente, por eso prefiero comprar productos de renombre y calidad, como los que están en en price shoes https ://www.ofertero .mx/price-shoes /

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Acerca del autor

Autor: José María Amat

José María Amat Amer, es un apasionado del calzado. Como ingeniero técnico, el destino lo encaminó hacia la industria de su ciudad. Como profesor de Tecnología del Calzado, llego a conocer investigando, la industria del calzado. Publicando algunos libros sobre tecnología, artesanía y desarrollo social; siempre con el calzado como única premisa. El Museo del Calzado fue una de las realizaciones que le llevó a pasar de técnico a un apasionado del zapato. Con la mejor de las intenciones, y siempre con la pretensión de prestigiar la industria y el calzado de la ciudad de Elda, colabora en este blog para crear más amigos con inquietudes similares.

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