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En Budapest hay un monumento que no homenajea a los zapatos ni a los zapateros. Se trata de un recuerdo materializado en unos zapatos, 60 pares, que honran a los más de 600.000 judíos húngaros masacrados en el Holocausto de la Segunda Guerra Mundial y que pervive no solo en los sentimientos y el corazón de los húngaros, sino en la de todos las personas horrorizadas por estos crímenes del "imperio nazi".

Esos sesenta pares de zapatos corresponden a modelos variados de hombre, mujer y niño, realizados en hierro fundido y colocados sobre una de las orillas del río Danubio, en la parte del muelle de Pest, y que recuerdan expresamente a las más de 20.000 personas de todas las edades que fueron asesinados y arrojados a ese río. A todos ellos se les obligaba a quitarse los zapatos, se les ataba y disparaba cayendo al río y dejando esos zapatos en posiciones dispares y ya sin dueño.

 

El "Paseo de los Zapatos" como se le conoce, es por tanto el homenaje a miles de húngaros y una alerta permanente ante la tiranía, el odio y el antisemitismo. Contemplar esos zapatos nos hace pensar en el triste final de los que los portaron y una época de la historia de la humanidad que no debe ser olvidada.

A lo largo del paseo hay tres letreros, también de hierro, escritos en húngaro, ingles y hebreo que dice: "Para la memoria de las víctimas fusiladas en el Danubio por milicianos de Nyilaskeresztes Párten 1944-1945. Erigido el 16 de abril de 2005".

El monumento del Paseo de los Zapatos del Danubio, fue creado por el escultor Giula Pauer y el director de cine Can Togay.

Quizás nos preguntemos el porqué hacían descalzar a las personas antes de ser asesinadas, la respuesta está en la misma prenda, ya que los zapatos eran bienes muy preciados en aquellos años convulsos de la Segunda Guerra.