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Tarjeta de la fábrica de Romero Utrilles (Museo Calzado)

Rafael Romero Utrilles, apodado "El Salao", fue quizás el industrial más notable de los que han existido en Elda: además de la extraordinaria industria que construyó en los terrenos que hoy ocupan la calle Dahellos, recibió importantes premios en 1902, que probablemente dieron lugar al dicho "Elda, París y Londres". La edificación ocupaba 1.160 m2 y estaba rodeada de un jardín con una verja sobre una valla que la limitaba. Su fachada daba a la actual calle Jardines, la puerta principal al jardín estaba rematada con dos adornos simulando antorchas sobre dos pilares de obra que sustentaban una puerta de forja, y el resto lo cerraba una simple valla de madera y cañas.

La industria se creó en el año 1876 y fabricaba calzados de todas las clases, desde el zapato corriente hasta el de más puro estilo y diseño para mujer. La empresa alcanzaba los 800 pares diarios con una producción anual de 297.600 pares, que eran realizados por una plantilla que superaba los 450 trabajadores; era una de las fábricas más grandes de aquellos años en los que en Elda se estaba consolidando como un referente en la industria de fabricación de calzados.

La marca de fábrica era un ancla ordinaria con cepo de madera y cadena

Al finalizar el siglo XIX y primeros años del XX, era una de las fábricas más dotada de maquinaria moderna y la más popular.

Rafael Romero estuvo presente en varios certámenes internacionales y desde principios de siglo exportaba parte de su producción a Europa. En el año 1902 y con motivo de la Exposición Internacional del Trabajo, celebrada en París, se le otorgó una medalla de oro de la muestra. En dicho galardón, por una cara está la representación de la República Francesa y por el revés el nombre del industrial. Ese mismo año, en la Feria de Exhibición celebrada en Londres, obtuvo también la medalla de oro del certamen y en esa distinción figuran, en una cara, las efigies conmemorativas de la coronación de los Reyes de Inglaterra Eduardo VII y Alejandra, y en la otra, también el nombre de Rafael Romero Utrilles y el año de referencia.

Antonio Guill Pastor fue un fabricante de calzado para niños que tenía una pequeña industria en la calle Valencia y realizaba una producción de 200 a 400 pares a la semana. La modesta empresa sin embargo tenía como garantía, realizar unos zapatos cuidados para niños y niñas en fabricaciones de pegado y cosido, vendiendo sus zapatos al mercado nacional en la década de los años 50. La marca de fábrica era "Los 4", con la leyenda de garantía que era la mejor respuesta de confianza para sus clientes. Como ya hemos indicado en otras ocasiones, la ciudad de Elda se caracterizó desde el principio por la fabricación esmerada de calzados de todas las clases, con una variedad de industrias de calzados para niños, si bien más adelante irían desapareciendo para centrarse casi en exclusiva en la fabricación de calzado para mujer de alta gama.

Pascual Orgilés Bernabé fue un gran zapatero de silla especialista en "entachado" y "cosido enredado". Con Juan Poveda Orgilés, iniciaría un tallerico para hacer zapatos y venderlos a terceros. La pequeña empresa le facilitaba todo lo necesario: los cortes aparados, contrafuertes y topes, hormas, plantas, suelas, tacones e incluso los clavos y el cement. Los zapatos por tanto serían casi unas obras de artesanía. En el años 1943, Pascual Orgilés montó su primer taller en su domicilio, en la actual calle Manuel Maestre, allí lucharía en momentos muy duros para abrirse camino en un mercado saturado de oferta como era el territorio peninsular. Pero con un cuidado zapato hecho enteramente a mano, sus zapatos llegarían a todos los rincones de España.

La llegada a la empresa de su hijo, Pascual Orgilés Juan, cambió de forma radical la política de la firma de puertas afuera,  coincidiendo con los años de apertura al mercado americano. Pascual hijo fue uno de los primeros expedicionarios a la conquista de Nueva York, después vendrían otras ciudades y más adelante Europa; los zapatos fabricados a partir de esos años reunían los mismos conceptos de calidad, pero el diseño se modernizó y los modelos tenían unas características muy complejas que los hacían únicos y era muy difícil que tuvieran competencia.

La marca de la empresa era Cachola.