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Un gripo de personas haciendo zapatos a mano en las puertas de su vivienda

El tipo de calzado que predomina actualmente en la fabricación de zapatos en la ciudades de Elda y Petrer es, como todo el mundo sabe, el de calzado de mujer, y, dentro de este, el que va destinado al mercado de gama media alta. La constante innovación en el diseño, la calidad de los materiales empleados, la excepcional mano de obra especializada en trabajos complejos y con hechuras que rondan la perfección, avalan una fabricación que se caracteriza por un zapato bien cuidado y en línea con los más codiciados del mundo, pero si a todo esto le sumamos el prestigio de marcas consolidadas en todos los mercados y la exclusividad de ser los fabricantes de diseñadores que venden los zapatos más caros entre las famosas de Hollywood, además de otras importantes firmas que eligen a nuestras industrias para hacer parte de sus producciones, no cabe la menor duda que el camino elegido es el correcto y en esa línea hay que seguir avanzando.

No obstante lo dicho anteriormente, en Elda no se trabajó en este tipo de calzado en épocas remotas de nuestra historia zapatera. También es cierto que desde que se empezaron a hacer zapatos de mujer, la calidad fue siempre una constante en la mayoría de fábricas, pero esas industrias no fabricaban solo zapatos de mujer, es más, según mi criterio (que quizá no todos compartan), Elda no nació a la industria zapatera con la fabricación de zapatos de mujer exclusivamente.

Variedad de hormas casi todas talladas a mano de un taller de calzado del siglo XIX

He tratado de investigar sobre los inicios de la actividad en aquellos años de mediados del siglo XIX, para llegar a la búsqueda de pruebas concluyentes que nos indicasen con certeza el tipo de zapato con el que los zapateros diseminados en los talleres del casco antiguo iniciarían sus tareas.

En los primeros momentos, cuando algunos vecinos se ponen "manos a la obra" para hacer zapatos como una posible diversificación a la maltrecha agricultura, lo tienen que hacer todo, es decir, desde el tallado de la horma hasta la total terminación, pasando por el cosido manual del corte (en la época no se había inventado la máquina de coser). En el año 1860 el que sería el primer fabricante de hormas, Isidro Aguado Aravid, contaba con la edad de 20 años y ejercía de zapatero, pero como tenía unas especiales dotes para trabajar la madera, realizaba él mismo sus hormas de "todas las clases", sin duda serían para zapatos de niño, mujer y hombre. Pero veinte años atrás, cuando se inicia la actividad, ¿cómo se podía hacer un zapato sin el empleo de hormas? De ahí que podamos deducir que aquellos primeros zapateros, que no sabían tallar la madera, se decantasen mayoritariamente por el zapato más sencillo, el que no tenía casi quiebre y menos problemas podía traerles. Pero en el cosido de las piezas de piel pasaba algo similar, al no haber máquinas de coser los trabajos debían realizarse a mano y era más sencillo realizarlos sobre el calzado de niño que sobre el de mujer u hombre. Quizá también el calzado por excelencia de aquellos años, la alpargata de esparto, yute o cáñamo eran sustituidas en los niños en ocasiones especiales, influyendo también el menor coste de compra en aquellos tiempos. 

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Una de las naves de la antigua en la que se hacían zapatos de todas las clases, cosidos y clavados.

Esos zapatos de niño y otros con poco quiebre (similares a las conocidas bailarinas actuales) pronto evolucionaron a otros tamaños e inmediatamente se fabricaron también los de adultos, tanto de hombre como de mujer, con complejos empalmillados o enredados, según los casos y los talleres de Elda, en los albores de nuestra industria zapatera, así como las grandes fábricas de finales del siglo XIX ya fabricaban en una misma empresa cientos de zapatos "de todas las clases". Con la imaginación nos podemos dar una idea de lo que debía ser una de aquellas industrias fabricando casi mil pares de zapatos a día, pero en todos los tipos y clases; hormas diversas para llegar a todas las numeraciones, secciones separadas para niño, otras para hacer zapatos cosidos para hombre y una tercera que realizaba los zapatos para mujer. Esa es una razón más por las que debemos reconocer aquel enorme esfuerzo que suponía mantener activa una industria con semejante diversidad de  modelos y tipos de zapatos.