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La especialidad del desvirado ha tenido siempre, al menos para mí, una especial atracción. Por el desvirado sabíamos reconocer la ubicación de una fábrica de calzados. Eran otros tiempos, ese chirriar de las fresas en contacto con el canto de las suelas, igualando su contorno y ajustándolo, con extraordinaria precisión al canto del montado. Me parecía un trabajo sumamente delicado para el que se requería, no solamente precisión, sino un pulso firme y mantener un movimiento continuo, para hacer girar el zapato, siempre alrededor de las fresas.

    La máquina de desvirar se reconocía fácilmente con su sonido característico e inconfundible que, en aquellos años en los que las fábricas se extendían por cualquier parte de nuestras calles, delataban la presencia de una industria o un taller.

   Como otros trabajos de la industria del calzado, el desvirado ha ido desapareciendo con el desarrollo del prefabricado. Ahora son las máquinas de predesvirar las que emiten aquel mismo ruido, casi ensordecedor, pero de forma automática, es decir, el especialista ya no aplica su destreza, ya no hace falta buen pulso. Ahora la máquina guía de forma automática a una plantilla que se encarga de marcar el contorno de la suela. Se ha ganado en rapidez e incluso calidad, pero se ha perdido una especialidad y a un especialista que caracterizaban al pequeño entramado de ruidos típicos e inconfundibles de nuestras fábricas de calzado.

   También ese terminador encargado del lujado. Aquel mismo que, en otros tiempos, realizaba su trabajo con los hierros para aplicar las tintas y las ceras en caliente a los cantos y a las plantas. Aquel que empleaba con destreza lo que se llamó la "bicicleta" que era ese hierro largo con el que pulían las plantas y se les hacía brillar como espejos. Pero esos especialistas dieron paso a otros, en tiempos más modernos y no muy lejanos. Se trataba de especialistas que dominaban las máquinas de lujar y pasaban, con precisión y mucho pulso, los cantos de los zapatos por aquellos pequeños salientes de acero que, ajustados al ancho de los acantos de la suela, le daban las características adecuadas de acabado.

   Estos son otros tiempos y la tecnología ha dado paso a la automatización y con ella se acabó el terminado en nuestras empresas. Ahora vivimos el momento prefabricado.


 

Comentarios  

0 #2 José María Amat 28-03-2015 18:24
Gracias Juan por tu comentario en este blog y también en facebook. Entre todos y con este tipo de comentarios, prestigiamos y homenajeamos a esta profesión de artistas. Uno de los fines de este blog es precisamente aportar valores a nuestra industria. Una profesión que nos ha dado vida y nombre a nuestra ciudad y a otras ciudades zapateras. Un oficio que no tiene caducidad y que sigue siendo necesario para mucha gente que necesita zapatos a medida.
+1 #1 Juan Ramón Cabrera Amat 28-03-2015 14:12
"Ese chirriar de las fresas en contacto con el canto de la suelas" al que aludes y que había olvidado por completo, me ha hecho regresar a mi adolescencia, viéndome a mi mismo acompasado por ese ritmo frenético que por la nostalgia de otros tiempos, ahora en mi revive como música celestial.
Gracias José Maria por haberme devuelto por un momento a mi ya lejano pasado.que tanto añoro y que tu me has hecho revivir..

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Acerca del autor

Autor: José María Amat

José María Amat Amer, es un apasionado del calzado. Como ingeniero técnico, el destino lo encaminó hacia la industria de su ciudad. Como profesor de Tecnología del Calzado, llego a conocer investigando, la industria del calzado. Publicando algunos libros sobre tecnología, artesanía y desarrollo social; siempre con el calzado como única premisa. El Museo del Calzado fue una de las realizaciones que le llevó a pasar de técnico a un apasionado del zapato. Con la mejor de las intenciones, y siempre con la pretensión de prestigiar la industria y el calzado de la ciudad de Elda, colabora en este blog para crear más amigos con inquietudes similares.

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