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Cartel de la fábrica de Rafael Romero Utrilles que estuvo construida en la actual calle Dahellos | Museo del Calzado.

Las fábricas de calzado proliferaron a partir de la segunda mitad del siglo XIX, primero como pequeños talleres manuales y más tarde, ya hacia la última parte del siglo, como empresas ocupando naves industriales hechas de mampostería y con amplios ventanales para recoger la mayor cantidad de luz cenital. Las fábricas más importantes de aquellos años, carecían de luz eléctrica y las máquinas eran movidas por embarrados que se alimentaban por un gran motor central cuyo combustible era el llamado "gas pobre".

Industrias como las de Silvestre Hernández;  José Tobar; Casto Peláez; Romero Utrilles; Vera hermanos y Juan. También fábricas auxiliares al calzado: la fábrica de hormas de Isidro Aguado Aravid y la fábrica de cartón de Francisco Santos, entre otras. Llegarían a tener, en algunos casos, más de 800 trabajadores para fabricar casi mil pares diarios de zapatos de todas las clases, es decir, en las fábricas antiguas se hacían zapatos de señora, de caballero, de primera calzadura y también de series. Figúrense la enorme cantidad de hormas que se acumulaban en una misma fábrica, para dar respuesta a los pedidos; eso también explica el porqué de esas altas producciones con menos de un millar de trabajadores, teniendo en cuenta que en los años a los que nos referimos la maquinaria era manual en su mayoría y todos los zapatos se centraban y montaban con las manos, así como los lijados o lujados de las suelas. La fábrica de Silvestre Hernández llegó a tener 800 trabajadores y la de Rafael Romero 900 obreros.

Tras la acuñación de la frase "Elda, París y Londres", como consecuencia de las medallas de oro conseguidas por Romero en la Exposición Internacional de Trabajo y la Industria de París y la Exhibición Internacional de Londres de 1902, la industria del calzado eldense cobra una nueva reputación y la concentración de fábricas alrededor de la ciudad sigue su crecimiento; aparecen las primeras fábricas de troqueles y cuchillas como la de Navarro y Justamante en plena calle Jardines; otra industria junto al rio Vinalopó para fabricar hormas y mover su maquinaria con la fuerza hidráulica, la de Constantino Bañón;  Francisco López en la calle Linares; Pérez y Amat en la calle Castelar; Juan José Guarinos; Pablo Guarinos Juan en la calle que llevó su nombre y que hoy se llama Pedrito Rico; Pablo Pérez; Blas Amat también en la calle Jardines y la industria de Bellod Hermanos y Zaragoza que creada en 1899, ocupó años después las naves industriales que eran de Romero Utrilles cuando éste cerró la fábrica; Mondejar y Navarro en la calle Salmerón; Vicente Esteve en la calle Pierrad; Beltrán hermanos en la calle Constancia y en Monóvar, la enorme fábrica de Eugenio H. Browne que tenía varios centros de trabajo también en Elda, Petrel y Madrid que albergó en total una plantilla de más de 1500 trabajadores. Como dato curioso, en Elda se instaló un circo en el año 1914 y como las fábricas de Browne necesitaban mano de obra con urgencia, ofrecieron empleo a los trabajadores del circo y aquí se disolvió la empresa circense, ante los mejores salarios ofrecidos para hacer zapatos. También paralelamente a principios del siglo XX aparecía en Petrel la potente empresa Calzados Luvi, fundada por los hermanos Villaplana. Las empresas nombradas hasta aquí son solamente una pequeña parte de las que iban proliferando en nuestro casco antiguo y las calles adyacentes. Trataremos de ir nombrando en próximos trabajos, otras importantísimas industrias que florecieron y dieron esplendor y nombre a nuestra ciudad y dejaron grabado para la posteridad el sello de calidad en la fabricación de calzados. 

Comentarios  

0 #1 SegleXX 21-12-2016 16:01
Hola, de la fábrica de Browne tienes más noticias? Estoy terminando un pequeño artículo sobre ella y veo que la relacionas con Monóvar. Es una empresa bastante curiosa, se asentó en Elda para subministrar botas al frente durante la gran guerra y parece que desapareció de repente.

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Acerca del autor

Autor: José María Amat

José María Amat Amer, es un apasionado del calzado. Como ingeniero técnico, el destino lo encaminó hacia la industria de su ciudad. Como profesor de Tecnología del Calzado, llego a conocer investigando, la industria del calzado. Publicando algunos libros sobre tecnología, artesanía y desarrollo social; siempre con el calzado como única premisa. El Museo del Calzado fue una de las realizaciones que le llevó a pasar de técnico a un apasionado del zapato. Con la mejor de las intenciones, y siempre con la pretensión de prestigiar la industria y el calzado de la ciudad de Elda, colabora en este blog para crear más amigos con inquietudes similares.

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