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Directorio con el nombre de los donantes de vitrinas al Museo y su lugar de ubicación.

A unos meses escasos para proceder a la inauguración del Museo del Calzado en el actual emplazamiento, a finales de 1998, no disponíamos de una sola vitrina para poder exponer las piezas. Hice un estudio sobre la cantidad de expositores necesarios y las cifras eran demoledoras. Nada menos que alrededor de 150 vitrinas. Eso equivalía a un importe en pesetas muy elevado, suponían alrededor de 22 millones de las antiguas pesetas (132.000€). ¿De dónde sacarlas? ¿A quién recurrir?

En aquellos días las administraciones a las que podíamos "echar mano" ya estaban artos de escuchar mis constantes peticiones. El Ayuntamiento, tras el enorme esfuerzo que les supuso aportar 50 millones para poder acabar las obras del nuevo edificio y por cuya causa las obras se retrasarían casi año y medio, estaba al límite de su situación de déficit. Recurrimos, en una "tormenta de ideas", para que cada uno aportase alguna solución, pero las respuestas recibidas eran insuficientes, incluso a alguien se le ocurrió que lo mejor y más barato podía ser colocar tableros de madera y sobre ellos los zapatos o las herramientas. Eso además de ser muy cutre en un edificio nuevo, suponía un desdoro ante la presencia de la Casa Real que iba a inaugurar el museo. Pero como siempre a veces en momentos muy desesperados, las mejores ideas surgen de esas situaciones límite. ¿Porqué no implicar a los que siempre habían ayudado a la creación del Museo del Calzado, a los eldenses, a los empresarios, instituciones y particulares que quisieran ayudar en un penúltimo esfuerzo?:  "Pon una vitrina en tu Museo" esa fue la brillante idea que lo solucionaría todo. Para ello se requería volver a "pisar la calle" y visitar uno a uno a las personas que pudieran aportar fondos para comprar vitrinas.  Se inició una campaña entre los ciudadanos de Elda, Instituciones, empresarios etc. etc., se apelaba a la generosidad de los eldenses y otros foráneos. Poner una vitrina en "tu museo" significaba entregarte a esa gran obra, suponía hacer partícipe a cada donante de una parte del museo como si fuese propia, sacrificar una parte de sus economías en algo que merecía la pena, el Museo del Calzado, esa gran obra que todos esperaban como una forma de recuperar el protagonismo perdido con las salidas de sus Ferias del Calzado, algo que nos distinguiera de las demás ciudades zapateras y nos crease un referente. En poco más de dos meses se había recogido el importe que permitiría encargar las vitrinas. Fue una respuesta solidaria de todo el pueblo de Elda e incluso de algunas personas de ciudades vecinas que tuvieron un gesto de solidaridad con "su Museo".

 "Pon una vitrina en tu Museo", ese era el eslogan, y la llamada a la generosidad de nuestro pueblo. Pero esa sugerente frase era algo más, en ella se encerraba un sentimiento de solidaridad que pocas veces se encuentra en una ciudad y en lo que se comprometen tantas personas de diferentes procedencias, renunciando incluso a cualquier protagonismo y de forma anónima.

Fase de montaje de las vitrinas donadas al Museo.

Desde particulares, hasta partidos políticos pasando por instituciones, empresarios y colectivos de la ciudad, se unieron a la campaña. Elda podía sentirse orgullosa, las vitrinas eran como un regalo que brota del "alma" de este pueblo,  estarían listas para la visita real con la dignidad que la ciudad merecía.

En el hall de una de las plantas del museo se colocó un directorio, con el nombre de cada colaborador en aquellas vitrinas e incluso el número de vitrina y la sala en la que se encontraba.

Esos gestos son imborrables. Se demostró  que Elda responde solidariamente a las llamadas a la participación generosa en momentos críticos, lo que añade un valor intangible más al bien ganado prestigio de los eldenses y de la ciudad.