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Cardenal Antonio Despuig y Dameto (1745-1813). Grabado de de Pietro Bettelini (1763-1829) - Biblioteca Digital Hispánica, Dominio público.

A punto de cumplir los 500 años de existencia, la iglesia de Santa Ana, de Elda, atesora una larga historia estrechamente vinculada a la propia historia de la villa y ciudad de Elda. Una parte de esa historia fueron las visitas de ilustres personajes que por ella pasaron y que a ella dedicaron gracias, honores y privilegios. Uno de ellos fue la visita del cardenal Despuig.

Corría el año de 1804, reinaba en la Españas S.M. Carlos IV, y un domingo 12 de agosto estando de paso por Elda, camino de la Corte, Antonio Despuig y Dameto (Palma de Mallorca, 1745- Lucca, 1813), recientemente nombrado cardenal por el Papa Pío VII, visitó la iglesia parroquial de Elda.

El ahora cardenal Despuig había sido obispo de Orihuela (1791-1794) y desempeñado otros altos cargos de la administración civil y eclesiástica tanto española como vaticana. De amplia e ilustrada formación humanística, su trayectoria estuvo a mitad de camino entre Orihuela, Valencia, Sevilla, Palma de Mallorca, Madrid, Roma y París.

Nombrado Patriarca Latino de Antioquía por el Papa Pío VI, fue elevado a la cardenalato en 1803 por el Papa Pío VII, al tiempo que arcipreste de la basílica de Santa María la Mayor, de Roma, y protector de varias órdenes religiosas italianas.

En 1804 regresó a España y en su viaje de ida a la Corte, pasó por Elda, villa dependiente del obispado de Orihuela del que había sido su primer pastor durante 3 años, como sucesor del ilustrado obispo José Tormo. Poco sabemos de aquella visita, pero imaginamos oficiaría la Santa Misa dominical, y aprovechando la visita, bien de motu propio o a sugerencia del cura párroco concedió 100 días de indulgencia a todos aquellos fieles que, durante ese periodo fueran a confesar, asistieran a misa y comulgaran en la iglesia de Santa Ana.

Acerca del autor

Autor: Gabriel Segura Herrero

De formación historiador y de profesión arqueólogo, el papel de cronista oficial de la ciudad de Elda plantea retos importantes, tanto con respecto a la memoria de mi predecesor Alberto Navarro Pastor; como al respecto del futuro, para dotar de contenido y utilidad a la figura del cronista oficial en el siglo XXI; a la par que un compromiso con la ciudadanía eldense. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben ser aliadas del conocimiento y de la divulgación histórica, sin faltar al rigor, pero acercando la información histórica al ciudadano. El guión de la historia de Elda está conformado y los titulares en mayúscula ya están todos escritos, pero es necesario escribir la letra pequeña, la historia de las gentes y de los pequeños acontecimientos. Es necesario poner voz a la ingente cantidad de fotografías antiguas que hasta ahora son testigos mudos de nuestro pasado. Trabajo en el que es necesario la colaboración de todos. Con el permiso de usted lector, ¡Vamos a intentarlo!.

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