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Luis Arraez Martínez (1895-1940)

Eran las 5 horas de la madrugada de hace 80 años. Todavía no había despuntado el alba del viernes 12 de julio de 1940 cuando las detonaciones del pelotón de fusilamiento junto al muro del campamento militar de Rabasa, en Alicante, marcaron el ocaso de Luis Arráez. Se cumplía así la condena dictada por el tribunal militar el 16 de abril de ese año. De nada valieron los suplicatorios y testimonios a su favor; de nada le valieron su buen hacer y las vidas salvadas. Sobre él recayó el odio y la venganza, de unos, y el silencio del miedo, por otros.

Luis Arráez Martínez nació en Almansa en abril de 1895, en el seno de una familia de trabajadores que emigraron a Elda, atraídos por las posibilidades de una ciudad en crecimiento y desarrollo gracias a la industria del calzado. Como ha puesto en valor el magnífico trabajo de P. Payá López sobre la figura de este líder político, pronto entró en contacto con la burguesía y empresariado eldense de base republicana, ingresando en la logia masónica Amor y comenzando una prolija actividad política en las filas del Partido Socialista que le llevó a convertirse en una de las más destacadas figuras del socialismo alicantino durante toda la década de los años treinta, tanto durante la República como durante la Guerra Civil.

Representó a la agrupación socialista de Elda en los congresos extraordinarios de 1927, 1928 y 1931, miembro de la comisión ejecutiva de la Federación Regional de Levante y concejal en el ayuntamiento eldense en abril de 1931, cargo que compaginó con el de presidente de la agrupación socialista de Petrer, donde había fijado su residencia en 1930 para poner en marcha la Cooperativa Obrera de Calzado “El Faro”. Hecho que le valió la animadversión y enemistad de los principales empresarios zapateros de Petrer.

Hombre de la máxima confianza de Rodolfo Llopis, fue elegido en abril de 1936 como compromisario para la elección de Manuel Azaña como presidente de la República. Tras el estallido de la guerra civil ocupó diversos cargos de responsabilidad en la provincia, llegando a ser presidente de la Diputación Provincial (octubre-diciembre 1936) hasta su nombramiento como gobernador civil de Málaga hasta la caída de esta capital en manos sublevadas.

De regreso a Alicante fue nombrado, en junio de ese año, secretario general de la Federación Provincial Socialista y desde marzo de 1938 fue comisario del Centro de Reclutamiento, Instrucción y Movilización nº 10 y Batallón de Retaguardia nº 6 en Alicante. Al final de la guerra civil intentó salir por el puerto de Alicante. Regresó a Elda, donde estuvo escondido en casa de sus hermanas hasta diciembre de 1939 cuando se trasladó a Málaga y de allí a La Línea de la Concepción con intención de pasar a Gibraltar, pero fue delatado y detenido el día 22 de ese mismo mes. Trasladado a Alicante fue condenado a la pena de muerte en Consejo de Guerra celebrado el 16 de abril de 1940 y fusilado en la madrugada de hoy hace 80 años.

El expediente de su juicio, magníficamente estudiado por el profesor Payá López, es ejemplo de cómo el nuevo régimen vencedor aprovechó el odio y venganza de los agentes sociales locales para perseguir y aniquilar al enemigo político.

Luis Arráez es una nde esas personas, junto al alcalde Manuel Bellot y otros, con las que la historia de Elda y los eldenses estamos en deuda. Pero claro... ¡Corren malos tiempos para la Lírica!

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Acerca del autor

Autor: Gabriel Segura Herrero

De formación historiador y de profesión arqueólogo, el papel de cronista oficial de la ciudad de Elda plantea retos importantes, tanto con respecto a la memoria de mi predecesor Alberto Navarro Pastor; como al respecto del futuro, para dotar de contenido y utilidad a la figura del cronista oficial en el siglo XXI; a la par que un compromiso con la ciudadanía eldense. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben ser aliadas del conocimiento y de la divulgación histórica, sin faltar al rigor, pero acercando la información histórica al ciudadano. El guión de la historia de Elda está conformado y los titulares en mayúscula ya están todos escritos, pero es necesario escribir la letra pequeña, la historia de las gentes y de los pequeños acontecimientos. Es necesario poner voz a la ingente cantidad de fotografías antiguas que hasta ahora son testigos mudos de nuestro pasado. Trabajo en el que es necesario la colaboración de todos. Con el permiso de usted lector, ¡Vamos a intentarlo!.

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