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Sierra Camara.

Hoy hace 157 años se celebró la última de las subastas que en ámbito del antiguo condado de Elda vino a privatizar la totalidad de los montes que hasta el momento habían tenido consideración de dominio público y cuya explotación había permitido bien obtener ingresos a los ayuntamientos (bienes de propios) o bien atender a las necesidades de la población más pobre (bienes comunales).

Con la Desamortización de 1855, promulgada el 3 de mayo a instancias de Pascual Madoz, ministro de Hacienda del gobierno progresista del general Espartero, todos los bienes de propios y comunales propiedad de los ayuntamientos, entre los que se encontraban los montes y dehesas comunales, pasaron a propiedad del Estado y se declararon en venta.

Con posterioridad y de cara a su venta, los montes públicos fueron clasificados según el interés para su aprovechamiento, por la Real Orden de 17 de febrero de 1859.

En virtud de la ley de 1 de mayo de 1855 y de la Real Orden de 1859, entre diciembre de 1860 y enero de 1861 fueron vendidos en pública subasta todos los montes de Elda, Petrer y Salinas. En sucesivas subastas celebradas los días 28 y 29 de diciembre de 1860 y 2 de enero de 1861 diversos particulares adquirieron extensas propiedades montañosas del antiguo condado de Elda que, durante siglos, habían permitido la subsistencia de los habitantes más pobres.

En el caso de Elda, fueron subastadas las sierras de Camara, de las Barrancadas y la Torreta-Lobera. Por su parte, los montes de Bolón y Bateig, dado su escaso interés agrícola y forestal, fueron reservados para el abastecimiento de leña y atocha por la población mas desfavorecida.

La Sierra de la Umbría, también conocida como Las Barrancadas.

Acerca del autor

Autor: Gabriel Segura Herrero

De formación historiador y de profesión arqueólogo, el papel de cronista oficial de la ciudad de Elda plantea retos importantes, tanto con respecto a la memoria de mi predecesor Alberto Navarro Pastor; como al respecto del futuro, para dotar de contenido y utilidad a la figura del cronista oficial en el siglo XXI; a la par que un compromiso con la ciudadanía eldense. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben ser aliadas del conocimiento y de la divulgación histórica, sin faltar al rigor, pero acercando la información histórica al ciudadano. El guión de la historia de Elda está conformado y los titulares en mayúscula ya están todos escritos, pero es necesario escribir la letra pequeña, la historia de las gentes y de los pequeños acontecimientos. Es necesario poner voz a la ingente cantidad de fotografías antiguas que hasta ahora son testigos mudos de nuestro pasado. Trabajo en el que es necesario la colaboración de todos. Con el permiso de usted lector, ¡Vamos a intentarlo!.

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