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Educación

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El pasado 16 de noviembre se celebró el Día Internacional para la Tolerancia en un contexto educativo salpicado, al mismo tiempo, por noticias que tenían que ver con actitudes y comportamientos intolerantes. No me remito solo al reciente vídeo viral donde el alumnado de un centro de secundaria estadounidense, coreaba Build the wall, build the wall (Construid el muro) haciendo referencia a uno de los mensajes electorales de su hoy presidente electo.

No hay que irse tan lejos de nuestras escuelas e institutos para encontrar otros muros, construidos de materiales menos tangibles pero igual de peligrosos e infranqueables, muros debidos a una intolerancia, por desgracia, demasiado tolerada.

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Esta semana ha tenido lugar en Alicante la jornada provincial en la que el Servei d'Idiomes i Programes Europeus de la Conselleria de Educació, Investigació, Cultura i Esport ha presentado la herramienta (y auténtica comunidad escolar) eTwinning a docentes de nuestro entorno. Aprovechando la ocasión, me parecía interesante abordar desde esta entrada una iniciativa con más de diez años de vida, nació en 2005, y, pese a ello, muy desconocida en todo su potencial.

Desde su lanzamiento en 2014, eTwinning es parte de Erasmus+, programa al que ya nos hemos referido en este espacio y que recoge diversas acciones en materia de educación, formación, juventud y deporte en el ámbito europeo. Dentro de este súper programa y con una paulatina vinculación mayor a algunas de sus acciones, eTwinning ofrece una plataforma a los centros escolares y sus profesionales y, a través de este colectivo, al alumnado, con el fin de que se comuniquen, colaboren y desarrollen proyectos en común a través de variadas herramientas en línea con un grado de seguridad contrastado para el contexto de uso escolar.

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El pasado lunes 24 de octubre se conmemoró el Día de la Biblioteca con el objetivo de visibilizar la importancia de la biblioteca como lugar de lectura y de cultura clave en el desarrollo, la formación de la ciudadanía y la convivencia. La iniciativa de su celebración en España corresponde a la Asociación de Amigos del Libro Infantil y Juvenil, de ahí el especial protagonismo de la infancia y la juventud en las actividades que suele generar.

En la vigésima edición de este día es pertinente recordar su origen, precisamente haciendo hincapié en el papel de encuentro y de espacio de convivencia. Muy alejado de este ideal, se nos recuerda un episodio luctuoso. En agosto de 1992, en plena Guerra de los Balcanes, Nikola Koljevic, un profesor de sólida formación académica de la Universidad de Sarajevo especializado en la obra de Shakespeare, que ocupaba por aquel entonces un puesto político relevante en la  República Srpska, ordenó reducir a cenizas la biblioteca de esta ciudad mediante un incesante bombardeo. Desapareció gran parte de sus fondos y manuscritos y rarezas bibliográficas irremplazables. Cinco años después, Koljevic murió como consecuencia de las heridas sufridas al intentar suicidarse.

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Desde siempre hemos creado cosas, las hemos inventado o fabricado en la medida de nuestras posibilidades y necesidades. Es un rasgo atávico de los seres humanos, por decirlo así, perteneciente a su idiosincrasia. En los últimos años se ha dado un salto cualitativo en esta cultura del hacer con cierto impacto en la economía y la sociedad, una tendencia emergente que también cabe relacionar con la educación que responde a sus retos.

El movimiento o cultura maker se ha popularizado en la actualidad como consecuencia de algunos factores propios de nuestro tiempo: disponibilidad de tecnologías y herramientas de diseño y fabricación más accesibles (por ejemplo, las impresoras 3-D), un mundo globalizado y conectado por redes que facilitan la financiación colaborativa (crowdfunding o micromecenazgo), la fabricación en cierta cantidad por encargo y la distribución y comercialización de creaciones.

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La sucesión de celebraciones, de "días de" cada día del calendario, más y menos enraizadas en el imaginario colectivo, nos ha traído esta semana la del Día Internacional de la Niña (11 de octubre). Esta conmemoración fue aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas en 2011, reciente comparada con otras, pero parece bastante afianzada en tanto que el fin que persigue, crear conciencia sobre la situación de las niñas en el mundo se observa como una urgencia en el desarrollo futuro de este.

No en vano, uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, el número 5, se dedica a ello: Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas. La educación juega un rol protagonista a la hora de llevar a cabo este propósito, en la medida en que contribuye al empoderamiento de las niñas y las mujeres  y les otorga una competencia y una influencia que se traducen en beneficio para todas las personas. Solo hemos de imaginar el potencial de los 1.100 millones de niñas que pueblan el planeta en la actualidad.

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El pasado domingo se estrenó en La 1 de TVE el programa Poder Canijo, un espacio en el que durante una hora, varios profesores y profesoras exponían experiencias innovadoras llevadas a cabo en el aula. Una corrección: no es que la hora completa se centre en las cuatro intervenciones docentes. A lo largo, y de veras que se alargan, de estos 60 minutos, también pudimos sufrir con la intervención de dos seres llamados Tikis y Mikis, que recuerdan de forma muy sospechosa a los personajes Trancas y Barrancas del programa El Hormiguero, las ocurrencias de unos niños y niñas de primaria, supervivientes de algún implacable casting, y varias intervenciones, no siempre afortunadas, de quienes colaboran.

El programa venía precedido antes del estreno de un inacostumbrado revuelo mediático, tanto por los apellidos de sus promotores (Fundación Telefónica) como por el debate suscitado, sobre todo, en las redes sociales acerca de sus pretendidas bondades o maldades. Toda esta expectación terminó objetivamente en un comienzo flojo con un 5,2 % de cuota de pantalla y alrededor de 665.000 televidentes.

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Uno de los rasgos más definitorios de nuestra sociedad es la prisa, la velocidad a la hora de cumplir cualquier tarea (a veces de cualquier manera) como un criterio de éxito. Esta idea aparece también firmemente arraigada en la cultura y la práctica escolar, más allá de en los procesos de enseñanza y de aprendizaje en el propio funcionamiento del centro, incluso en el desarrollo de tareas burocráticas o administrativas cuya relación con el éxito o la mejora de dichos procesos resulta más que cuestionable.

Interrumpir la carrera en la que se convierte nuestra jornada de trabajo para mirar qué está pasando alrededor con calma, con una perspectiva, no parece ser un signo de nuestros tiempos. Se suceden las clases, las aulas, el alumnado y el profesorado, los conflictos, los temas con la angustia de si llegarán o no a concluirse, las evaluaciones y, sin embargo, cuánto nos cuesta pararnos, inmersos e inmersas en una hiperactividad que resentirá la salud, la paciencia e incluso la calidad de las prácticas nada ejemplares para desarrollar personas equilibradas, críticas, capaces de deliberar e inteligir, entender y entendernos con un cierto criterio, con una cierta conciencia.

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El ya extinto verano y las vacaciones, solo supervivientes en algunas fotografías o vídeos o en vagos recuerdos, han dado paso al inicio del curso y la vuelta a lo que habitualmente llamamos rutina, una rutina rehusada por algunos y algunas o deseada por otras y otros, padres y madres podemos dar fe de ello.

Sea cual sea nuestra postura, lo cierto es que la vuelta a la escuela no debería pasar desapercibida sin reflexionar sobre su influencia para propiciar una educación que, reconocida como derecho en numerosos tratados internacionales y legislaciones nacionales, está llamada a dignificar a las personas y capacitarlas para su desarrollo pleno como individuos y su participación desde la igualdad de oportunidades en la sociedad.

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¿Juego de palabras desvirtuado por el abuso o por el interés de la mercadotecnia educativa o competencia clave, fundamental, según las orientaciones de la Unión Europea  para el desarrollo personal, social y profesional de las personas? Tal vez un poco de ambos, según el contexto en el que aparezca pero un elemento de enorme actualidad por su imbricación en la enseñanza y el aprendizaje, en el sistema educativo y en el progreso de nuestras sociedades.

Lo que entendemos por aprender a aprender está envuelto por una gran complejidad que abarca desde las habilidades para comenzar y continuar aprendiendo de manera autónoma de forma eficaz y acorde a nuestras necesidades en todos los ámbitos. Esto ha llevado a considerar una primera dimensión de "adquisición de las capacidades intelectuales, emocionales y físicas" y de las estrategias para desarrollarlas.

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En la entrada de esta semana me gustaría traer al blog una metodología por desgracia demasiado desconocida para su potencial formativo: el aprendizaje-servicio, representado en ocasiones por sus siglas ApS o AySS (aprendizaje y servicio solidario).

¿Qué se entiende por aprendizaje-servicio? Se trata de una metodología educativa que combina e integra en el mismo proyecto el aprendizaje basado en el currículo académico y el servicio a la comunidad desarrollando tareas que satisfacen sus necesidades. Esto supone beneficios en el ámbito del aprendizaje de las personas, por la motivación que da un enfoque activo de lo aprendido, el contexto real de aplicación y el protagonismo a la hora de desempeñar tareas y aprender mediante ellas. Por otro lado, dota de mejoras a la sociedad por medio de dicha participación, diríamos que no solo en el propio afrontamiento de esa carencia y servicio concretos sino en el del fomento de una ciudadanía activa que permita actuar ante muchas otras exigencias sociales semejantes.

Acerca del autor

Autor: Jesús María "Pitxu" García

Jesús María "Pitxu" García Sáenz (Vitoria-Gasteiz, 1970) es doctor en Filosofía y Letras (sección Filología Hispánica) por la Universidad de Deusto. Como profesor de Secundaria ha trabajado en el IES Azorín de Petrer y en el CEFIRE de Elda, en la asesoría de plurilingüismo y en las de referencia sobre programas europeos y coeducación.

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