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Con la llegada del fin de curso escolar y el comienzo de las vacaciones se suceden en los medios tradicionales y en los digitales multitud de artículos referidos a la conveniencia o no de realizar deberes o a la mejor forma de no olvidar lo aprendido e incluso de aprender fuera de las aulas, aprovechando las indudables ventajas del periodo estival.

Son orientaciones o consejos que pueden sorprender a mucha gente o parecernos novedosos pero que evidencian hechos de los que no siempre somos demasiado conscientes:

  1. No hay vacaciones para aprender.
  2. La adquisición de competencias va mucho más allá de los momentos en que permanecemos en los centros. Estamos hablando de aprender para la vida y desde la propia experiencia.

Tras un pequeño periodo de duelo por el curso que ha terminado, quizás con un amago de ataque de nervios, es importante, más que hacer por hacer o rellenar fichas y fichas infames o cuadernillos de repaso, de esos que tanto venden las editoriales por estas fechas, exponerse conscientemente a situaciones de las que aprender y en las que aplicar lo aprendido, como manera de que no se pierda, si realmente vale la pena. Muchas fuentes coinciden e insisten en aprovechar el tiempo de verano con la lectura, una lectura placentera por los temas y por los ritmos, una lectura compartida con las personas más cercanas.

El buen tiempo, crucemos los dedos para que el calor de estas semanas nos lo permita, debería llevar a potenciar las actividades al aire libre, en la naturaleza. Los viajes, a conocer mediante la experiencia propia e interiorizar muchas de las ideas que aparecerán en los libros y en los apuntes, incluso para practicar otras lenguas. La compañía informal de amigos y amigas conducir al juego, a la colaboración en cualquier proyecto, léase aventura, que se les ocurra plantear. Las diferencias con respecto a las rutinas diarias, además de convertirse en un problema habitual para madres y padres, habrían de guiar a experiencias memorables que nuestros niños y niñas podrían plantearse recoger de alguna manera: tal vez a través de la escritura, tal vez por medio del dibujo, la fotografía, el vídeo o simplemente la conversación. Las habilidades orales son de las más necesitadas, no ya de repaso por el escaso tratamiento en el aula, sino de práctica y valoración.

Recientemente me ha llamado la atención un artículo aparecido en una página destinada a la educación y la familia. Su título 27 cosas que han de saber los niños [y las niñas] a los 12 años (y mejor que las conozcan por ti). Un título curioso que recogía al menos algunos conocimientos de valor muy estimable (qué es la amistad, la muerte, la violencia de género, por qué es más importante lo que pienses de ti que lo que piensen de ti, no te fíes de las apariencias...) La mayoría de estos saberes no exige un pupitre, una tablet o una pizarra digital o analógica, ni siquiera exige docentes. Sí demanda apertura, curiosidad y una pizca de voluntad.

Tenemos tiempo, un verano por delante, multitud de encuentros y desencuentros, de oportunidades de aprender. Desperdiciarlas sería desde el punto de vista educativo más grave que no completar las fichas fotocopiadas que se repartieron el último día o el libro de repaso recomendado.

Aprender no entiende de vacaciones. Nunca deberíamos dejar de aprender, independientemente  de lo formal o informal del aprendizaje. El reto está en hacerlo cada vez mejor.

 

Para profundizar:

Vacaciones escolares y desconexión

Cinco pasos para no olvidar en verano todo lo aprendido

Comentarios  

0 #1 Laura 14-07-2015 08:18
Gracias por tu blog, das ideas que van más allá de la educación convencional. Efectivamente, la educación es algo más que hacer deberes y a los padres se nos olvida que la "tarea" más valiosa del verano es el tiempo que les podemos dedicar a nuestros hijos.

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Acerca del autor

Autor: Jesús María "Pitxu" García

Jesús María "Pitxu" García Sáenz (Vitoria-Gasteiz, 1970) es doctor en Filosofía y Letras (sección Filología Hispánica) por la Universidad de Deusto. Como profesor de Secundaria ha trabajado en el IES Azorín de Petrer y en el CEFIRE de Elda, en la asesoría de plurilingüismo y en las de referencia sobre programas europeos y coeducación.

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