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El pasado 1 de septiembre escribía en uno de mis blogs mis impresiones sobre el primer día, por aquel entonces sin alumnado, pasados bastantes años fuera de la docencia directa y desempeñando la labor de asesor en el centro de formación del profesorado (CEFIRE) de Elda.

La imagen vacía de la sala de profesores a primera hora de aquella mañana me resultaba sobrecogedora, si bien imaginaba, como de hecho ha ocurrido, que en varias semanas el ruido y el ajetreo poblarían los mismos lugares entonces desiertos.

Transcurridos unos días, creo haberme acostumbrado al bullicio ensordecedor que puebla cada rincón en los cambios de hora, en los tiempos de recreo e incluso en el interior de las clases, en el mejor de los casos, al principio y al final de cada sesión.

La sorpresa de los primeros momentos va dejando paso a las urgencias, a los requerimientos más diversos desde todos los frentes: alumnado, profesorado, administración... Es algo hasta cierto punto natural, ley de vida escolar.

Hace unas semanas temía perder la mirada fresca que me proporcionaba una vuelta al centro después de tantos años. Hoy, con esa mirada un tanto adulterada por la cotidianeidad, fijada de hito en hito sobre la realidad, se me plantean interrogantes a cada paso sobre qué estamos haciendo y qué podríamos hacer, sobre la precariedad de medios, sobre las transformaciones siempre postergadas de una escuela endurecida con el pretexto de apagar tantos y tantos fuegos, sobre esos chicos y esas chicas de doce y trece años que dormitan, en el mejor de los casos, al fondo, amparados por una fila de sillas y mesas y por una distancia que a veces me parece infinita. ¿Qué pasará por esas cabezas? ¿Cuáles serán sus sueños? ¿Cuáles sus preocupaciones o sus miedos o sus alegrías?

Me alegra pensar que seguirá corriendo algo de sangre docente por mis venas mientras me plantée esos interrogantes, a pesar de la falta de costumbre o quizás por haber tenido la oportunidad de extrañarme al mirar de nuevo un aula, al verla, sin todavía muchos prejuicios, como un auténtico y complejo ecosistema de relaciones, de emociones, de intereses cruzados, de conflictos y frágiles acuerdos, de negociaciones, de éxitos y de fracasos, en una palabra, de vida... no solo escolar.

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Acerca del autor

Autor: Jesús María "Pitxu" García

Jesús María "Pitxu" García Sáenz (Vitoria-Gasteiz, 1970) es doctor en Filosofía y Letras (sección Filología Hispánica) por la Universidad de Deusto. Como profesor de Secundaria ha trabajado en el IES Azorín de Petrer y en el CEFIRE de Elda, en la asesoría de plurilingüismo y en las de referencia sobre programas europeos y coeducación.

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