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Regento un bar-cafetería desde hace más de veinte años y aunque parezca increíble cada cliente es como un amigo o un familiar, los cuales pasan a visitarnos siempre que quieren y pueden. En ocasiones cuentan sus anécdotas, en otras, problemas personales y en las que más el día a día de lo que nos va sucediendo.

Me resulta imposible no mostrar mi preocupación y mi afecto por ellos, aunque algunos me puedan caer mejor que otros, aunque también debo de reconocer que existen algunas actitudes en algunos de ellos, los que menos, que te pueden sacar de quicio, bien por falta de educación o en algunos casos por exceso de alcohol, el cual los transforma en auténticos energúmenos; repito son los que menos, especialmente en mi local, ya que me cuido de evitar la visita de estos individuos, aunque estas situaciones las he podido vivir en otros locales de ocio y he de reconocer que resulta bastante desagradable, no solo para los hosteleros sino también para los clientes, vivir situaciones en las que se le llama al orden a estos llamados “clientes”.

Es muy importante cuando visitamos un lugar de este tipo que tengamos en cuenta que las personas que nos atienden llevan muchas horas a sus espaldas de sacrificio y tensión en su trabajo, tratando siempre de que todo se resuelva bien y estemos a gusto. Ante esas circunstancias los clientes debemos evitar ciertas confianzas que son contraproducentes para la ejecución de un buen servicio y que pueden crear tensión en un momento dado, tales como golpear la barra o la mesa con una moneda o un cubierto, silbar al camarero, en vez de hacer una seña para pedir la cuenta y decirle a grito militar: "¡Jefe, tráeme la multa!", son situaciones que para algunos pueden caer en gracia pero que están totalmente fuera de lugar y generan malestar.

En mi caso particular, existen algunos casos que me desagradan, no solo  como trabajador, también si me pongo en el lugar del cliente y lo observo, son las confianzas a coger las cosas de lugares determinados sin haberlas pedido y que son labor de las personas que ejercen su trabajo en el local, ocupando un lugar que solamente está a disposición de los camareros y que se está manoseando material que luego pasa a manos de otros cliente.

Otra incidencia desagradable es que cada vez que vas a servir a la mesa te pida un servicio nuevo; un ejemplo es el café, luego la sacarina y más tarde el hielo, aunque supongo que la que se lleva la palma es cuando te piden la cuenta y luego te quieren pagar cada uno por separado. Situaciones como estas generan un retraso a la hora de atender al resto de clientes, causando malestar en muchos de ellos.

Tratando de resumir estos inadecuados comportamientos, quiero hacerles llegar al resto de clientes normales, que cuando observen estas situaciones cuenten hasta diez, esperen un poco y muestren al camarero que les atiende su apoyo, porque les aseguro que lo debe de estar pasando bastante mal, ya que su mayor interés es sin lugar a dudas el de atenderles rápidamente y bien, porque un buen servicio consigue la fidelización del cliente. Gestos, acciones o tratos de mala educación por parte de unos pocos nunca debe de empañar la labor de muchos, siempre debemos de recordar que un camarero no es un ser inferior, son exactamente iguales que otros profesionales, sean barrenderos, médicos, jueces, reponedores de supermercados o abogados, en resumen, un ciudadano más, el cual aporta con su trabajo un servicio que es indispensable como otros a nuestra sociedad.