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No es mi intención y siempre he tratado de evitar con mis comentarios causar polémica sobre los artículos que publico, pero existen ocasiones de las cuales saco conclusiones que me obligan a realizar ciertas reflexiones que de antemano sé que van a sentar mal a algunas personas que posiblemente se sientan aludidas ante mis afirmaciones. Estoy totalmente seguro de que es una insignificante minoría, pero no puedo ni debo evitar dedicar un artículo a esas personas que aprovechan cualquier acontecimiento para sacar fruto en beneficio propio aprovechándose del prójimo, de ahí el título “gorrones, tacaños y aprovechados”.

Cada vez entiendo menos la asistencia a cualquier inauguración, evento o presentación de personas que no han sido invitadas a tal ocasión, y asisten solamente para acaparar gratuitamente todo de lo que allí se invita. Siempre son los mismos, colocados en primera fila y cogiendo a mansalva todo lo que pueden, vamos, como si hiciese varias semanas que ni han bebido, ni han podido comer.

Nunca asisto a eventos porque no me gustan las aglomeraciones y además toparme con esta clase de individuos desagradables, prefiero pasar unos días más tarde y desearle suerte o felicitar por el acto al protagonista, pero me suelen contar con todo lujo de detalles lo que en esas recepciones suele acontecer y la verdad es que no suele ser de mi agrado.

No quiero meter a todos en el mismo saco porque no sería justo por mi parte el hacer semejantes afirmaciones, pero creo que todos o casi todos los lectores estarán de acuerdo con mi punto de vista.

Como el artículo se me queda corto y hoy tengo palos para algunos, no quiero, ni debo olvidarme de esos afamados críticos y no críticos que acuden a restaurantes y que dan su positiva opinión a cambio de una buena comida o de una opípara cena con un descuento muy importante en su factura final. Luego llegamos los que leemos sus críticas y nuestra sorpresa es mayúscula, vamos, que como en una película de ciencia ficción, “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”.

Por el contrario, existen los que no entran en ese juego y su publicidad diaria es el comentario positivo de sus clientes.

Con este artículo seguro de que me estoy creando algunos enemigos, los que yo conozco como estómagos agradecidos, pero estoy muy cansado de ver a esos aduladores, trepas y gorrones de tres al cuarto que aprovechan cualquier situación para su beneficio propio, desprecian todo lo que ignoran y solamente causan errores a los que leen sus deplorables opiniones, queriendo sentar cátedra, según ellos, con sus efímeros artículos.

Aquí expreso mi opinión sobre lo que llevo tiempo observando. Acostumbro a pagar siempre mis facturas en su totalidad y cuando visito una bodega no comento absolutamente nada hasta que me voy a marchar, me presento y pido permiso para publicar lo que he visto y aprendido.

No me hace ninguna gracia aprovecharme de los demás o que me inviten a recepciones para luego publicarlas, porque al final no se mantiene el equilibrio en la opinión, ni en la silla, debido a lo que se come y se bebe, dejando de tener una veracidad y neutralidad en tus comentarios, que lógicamente perjudican a los lectores.

Reitero, este artículo molestará a una minoría que aprovecha esas circunstancias, pero el resto estará de acuerdo con un servidor que quien apuesta por la neutralidad y la verdad con el tiempo triunfará, porque este siempre te da la razón y pone a cada uno en el sitio que se merece.