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Sorprende visitar Albarracín, localidad enclavada en el suroeste de la provincia de Teruel, la cual cuenta en la actualidad con poco más de mil habitantes, y nada más llegar se puede observar el carácter amable y servicial de sus habitantes.

Esta localidad, Monumento Nacional desde 1961, posee desde el año 1996 la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes, encontrándose en la actualidad propuesta por la UNESCO para que sea declarada Patrimonio de la Humanidad, debido a la gran importancia y belleza que atesora su patrimonio artístico.

Tuve la suerte de hospedarme justo a la entrada de la localidad, en el hotel caserón de la fuente, un edificio con una dilatada historia, ya que se trata de un antiguo molino harinero y fábrica de lanas o hilaturas. El edificio actual data de finales del siglo XVIII, aunque se tiene constancia  que el molino existía como tal en el siglo XVI, según datos que han sido recabados del archivo municipal.

Este hermoso caserón de dos plantas fue restaurado con el fin de transformarlo como un pequeño hotel, acondicionándose la planta baja donde se encontraba el molino harinero en una recepción y cafetería, dándosele uso donde antes fue el lavadero y tintes de lana de un amplio y vistoso comedor.

La primera y segunda planta, que a día de hoy son las habitaciones de los huéspedes,  se encontraba la maquinaria de la fábrica para realizar las madejas de lana y los telares.

Debo resaltar la existencia de amplios cristales en el suelo de la recepción y de la cafetería,  desde donde se puede observar los diversos manantiales de agua que aún atraviesan el lugar.

Un edificio con una amplia historia, de la cual he querido hacer un breve esbozo de ella, la cual me fue facilitada por la Sra. Yolanda, toda amabilidad y simpatía, igual que el resto de su familia, los cuales lograron que mi estancia  fuese perfecta.

Albarracín cuenta con una amplia oferta cultural y gastronómica, desde el Museo Diocesano al Museo de Albarracín, la torre blanca, la catedral o el castillo de la localidad. Un paseo por sus calles nos lleva a conocer todo su amplio patrimonio. Esas casas llenas de historias donde sus habitantes se esfuerzan por conservarlas; esas calles estrechas donde el visitante es transportado a otra época, una localidad donde el esfuerzo de todos se aúna para preservar hasta el mínimo detalle  su historia y su patrimonio.

De otro lado no se puede olvidar su oferta gastronómica la cual es muy amplia, destacando locales como el buen yantar, con una variada y excelente cocina, restaurante que se encuentra situado en el número 1 de la calle el chorro y que además cuenta con una excelente carta de vinos, bajo la dirección de Luis y Purificación.

En la travesía de la catedral nos encontramos con la taba, excelente lugar, con una gran variedad de pinchos y tapas de gran calidad y la excelente dirección de Laura y Alicia.

En la calle San Antonio, 13 se encuentra el peñón, con sus tapas, bocadillos selectos y unos platos caseros de los cuales guardo un gran recuerdo,  no solo por su calidad sino también por el esfuerzo de Felipe para que me encontrase cómodo y me llevase un buen recuerdo gastronómico de su restaurante, cosa que logró en todo momento y que le tengo que agradecer.

He querido dejar para el final un local en la Ciudad de Teruel,  del cual todos me recomendaban que visitase por su profesionalidad y su alta calidad gastronómica y enológica, me refiero al restaurante Yain, en la Plaza de la Juderia, 9. Después de mi visita solo puedo dar excelentes referencias; desde una cocina innovadora  a una variadísima carta de vinos y un gran profesional al frente como es Raúl Igual, su amabilidad, dedicación y una gran profesionalidad ha logrado que en el  corto periodo de tiempo que pude estar con el lograse que le considere como uno de los mejores profesionales que he conocido en el mundo de la restauración.

Como pueden observar los lectores de este blog, la cultura siempre que se pueda debe de ir acompañada de una excelente gastronomía, y ha sido la unión de ambas, las que han logrado que guarde un inmejorable recuerdo de todos aquellos que se esforzaron para que durante mi corta estancia en la provincia de Teruel, esta sirviese para conocer, sentir y aprender de sus amplísimos conocimientos culturales y gastronómicos. A todos, sin excepción debo de hacerles llegar mi más sincero reconocimiento y gratitud por su esfuerzo,  porque he de reconocer que lo lograron sin ningún género de dudas.