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                                                                         Falla en Valencia

El concepto que actualmente tenemos de utilizar la fiesta como un recurso de promoción turístico posiblemente tuvo uno de sus antecedentes más remoto a principios del pasado siglo, precisamente en el seno de las fallas, en este caso, en las de Valencia. El llamado tren turístico o tren fallero, llegó a alcanzar tal auge en torno a la década de los años veinte que podríamos decir que éste fue el verdadero despegue de la fallas como fiesta de consumo multitudinario.

   Aquella idea innovadora en su momento y demasiado manida ahora, fue tan determinante que, por mimetismo, incluso dio pie al nacimiento de otras fiestas similares, entre ellas las Hogueras de Alicante, aunque esta no oculta su nacimiento como recurso mercantilista, ya que su origen lo encontramos en una sociedad de capital participado, creada expresamente para explotar comercialmente los recursos turísticos de la ciudad alicantina.

   También la fiesta en Elda surge en aquellos momentos, aunque, como ya hemos contado en otras entregas de este mismo foro, lo hace con unas características menos interesadas y sí de índole vecinal y participativas. Porque en aquellos años la verdadera intención era la de pasar un buen rato, descansar de los quehaceres y disfrutar de la alegría que supone la fiesta. Ahora nos encontramos a años luz de aquellos intereses primarios y cuando hablamos de festejos, de promoción ciudadana o de consumo del tiempo de ocio, lo estamos haciendo de un "producto" estudiado al milímetro (y no siempre bien) para explotarlo como recurso económico de cara a sacar el mayor partido de él.

   La fiesta hoy se ha convertido, por parte de muchos, en un útil turístico de primera magnitud. Hay quien piensa que con solo promocionarla de puertas afuera tendrá asegurada la afluencia de público para conocer sus particulares romerías, desfiles o cualesquiera que sean los centenares de modos festivos que jalonan el país en toda su extensión. Ahora toca el turno de las Fallas. En Valencia bulle la vida en torno a los monumentos y las propuestas de las comisiones. Desde Elda, cada año salen cientos de personas, festeros en algunos casos, aunque son muchos más que no lo son. Los primeros buscan beber en las fuentes de la que reconocen como fiesta madre, quieren conocer las nuevas corrientes que hacen evolucionar la fiesta, aunque en ocasiones sean un tanto discutibles y en otras no se ajusten a nuestras características y sea difícil importarlas o adaptarlas. Los segundos, los viajeros que buscan conocer otra forma de celebrar y contar que han sido testigos de esto o de lo otro, y que en ocasiones no se paran a pensar que, aquello que buscan en la lejanía, aunque posiblemente con menos pompa, lo pueden encontrar en la plaza de su barrio. Que su participación, por poca que sea, podría elevar un poco más el nivel de la fiesta en su pueblo.

                                                    Hoguera de alicante de 1929

  Pero estas son consideraciones que pocas veces nos hacemos. Muchas veces viajamos ansiosos de conseguir el trofeo de una fotografía que acabará olvidada en la memoria del móvil, posiblemente tras haberla enviado a los amigos por WhatsApp. Es el signo del tiempo que vivimos, el consumo rápido y  distante de las cosas como productos y las fiestas también se han convertido en eso. Aunque también la fiesta viaja, se traslada, se promociona. Llega a ser  la reina del baile  para  muchos que, en su afán desmedido de que hablen de ella o de verse reconocidos viajan, salen, intercambian, apañan...

   Mientras tanto las costumbres y los ritos, aquellos que conforman la fiesta, nos aguardan año tras año, esperando que lleguen sus fechas para salir a la calle. Preparados para ofrecernos lo mejor de nosotros mismos, la historia que guardan, las tradiciones que se han ido consolidando de forma secular. Los  niños esperan esos días cuando salen a la calle, disfrutan de unos horarios relajados, los mayores también hacen lo propio y renuevan con la fiesta cada vez que la ponen en pie, el compromiso con su pueblo y su historia.

                                                                 Cartel Fallas Elda 2015