Imprimir
Visto: 2107
Compartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en Google PlusCompartir en WhatsApp
Procesión Viernes Santo Falleras -Manolas 22-04-2011

Nos encontramos en plena Semana Santa, una celebración o mejor conmemoración (nunca he entendido qué hay que celebrar en un martirio y muerte), de hechos determinantes para la propia esencia de la religión cristiana. Esta conmemoración parece que toma tintes más especiales en el orbe católico y la sociedad española. Sin embargo, aunque la Constitución defina a nuestro estado como aconfesional, es indiscutible que el peso de los ancestros es muy fuerte y de un modo o de otro, las manifestaciones de índole religiosa se repiten de forma sistemática en cada pueblo y lugar de la nación. La Semana Santa da paso a una suerte de romerías, procesiones y actos, en ocasiones de discutible origen confesional, con los que se compone un catálogo de escenificaciones y espectáculos, a veces curiosos, algo que desde luego no ha escapado al ojo especulador del turismo y el mercantilismo.

 

   Pero mientras gran parte del país se prepara para lanzarse a la conquista de playas y montañas, a viajar a lejanos y exóticos destinos o tan solo a visitar una vez más la casa del pueblo (a la familiar nos referimos), otra parte se afana en sacar brillo a los candelabros y pasos procesionales, a lavar y planchar las vestas para los desfiles y poner en orden ese traje, supuestamente de origen penitencial, que lejos de la sarga y el tejido basto y austero, muestra los brillos y la suntuosidad del buen raso y el terciopelo, ornado por barrocos bordados en oro, plata y pedrería. De esta forma quedaría el escenario listo para iniciar el gran espectáculo penitencial. Programadas las procesiones-desfiles y en muchas localidades, hasta los recorridos estarán jalonados de sillas para el mejor acomodo de los espectadores.

Cofradía de la Soledad frente al Casino Eldense, 1-04-1956

   Hasta aquí la descripción del escenario marco semanasantero, pero esto es un blog de fallas y lejos de comentar otra conmemoración (repito que siempre me ha parecido paradójico que a la Semana Santa se la llame fiesta), lo haremos sobre una costumbre que parece que ya se ha vuelto tradición. Esta es la participación en las procesiones pasionales de Elda de las falleras mayores y mujeres de las directivas falleras.

   Sería en torno los años finales de la pasada década cuando, posiblemente a consecuencia del aperturismo social que experimentan las fallas de Elda, se empieza a recibir en Junta Central, la invitación para que la Fallera Mayor de Elda procesionase ante la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, vistiendo el traje de mantilla, más conocido comúnmente como de Manola. Aquel hecho y la respuesta afirmativa  a la invitación, motivó que en años posteriores se repitiese el ofrecimiento, hasta el punto de que en la actualidad, no solo es la Fallera Mayor quien acompaña a la imagen en su periplo procesional, sino que se han ido sumando cada año más, las damas de honor, las falleras mayores de los barrios e incluso mujeres pertenecientes a algunas directivas falleras. Todos ellas, impecablemente vestidas de riguroso negro (satén y encaje), con guantes, rosario, escapulario y por supuesto, la inefable teja y mantilla de blonda, suspiran por poder ser protagonistas de una levantá de la imagen.

Procesión Viernes Santo 22-04-2011

   Es curioso, pero estos detalles que parecen folclóricos nos pueden dar una idea de los resultados que se pueden obtener  si intentamos sumar nuestras energías y recursos. Sería largo de contar los esfuerzos llevados a cabo por las cofradías, para sumar nuevos cofrades a sus filas y especialmente mujeres que desfilasen haciendo profesión de fe y sentimiento penitencial. Pero ha bastado una invitación a una figura señera de otra fiesta (esta sí podemos denominarla así), para que cale hondo y se propague la afición.

   Por otra parte es interesante que personas jóvenes se acerquen a estas manifestaciones ancestrales. De este modo, conociendo de dónde venimos entenderán mejor dónde estamos. Esperemos que eso les ayude a marcar bien el rumbo y saber hacia dónde vamos. 

Manolas en procesión, Semana Santa 1951