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En los últimos días conocemos la noticia según la cual la falla El Huerto inaugurará el 17 de abril su nueva sede social, que estará situada en la C/ Rey San Fernando nº 4, precisamente a escasos metros del hasta ahora local fallero, que estaba en el nº 3 de la misma calle y donde se han desarrollado sus actividades en los últimos años. Si bien la noticia en sí para el público en general tiene la relevancia justa para dar a conocer la nueva ubicación social de la falla, en nuestro caso nos ha servido, además, de recurso informativo, como un detonante para recordar el pasado de las sedes oficiales con las que ha contado la Fiesta y en concreto Junta Central, a lo largo de los 58 años de vida con los que cuenta. Dejaremos para otras ocasiones la sedes o raços de las comisiones.

   Si bien es cierto que el ente festero central se forma en 1958 bajo la coordinación de Juan Mira Monzó, este no dispondría de un centro de reunión fijo y definido hasta pasados algunos años. Fue el 16 de junio de 1962 cuando se inauguró el denominado Hogar Fallero, situado en el número 6 de la, por entonces, novísima calle Dahellos. A su inauguración asistió el alcalde de la ciudad, Antonio Porta Vera, así como la autoridad eclesiástica y otras jerarquías locales. En representación del organismo fallero estuvo Francisco Crespo García, a la sazón presidente de la Comisión Gestora de las Fallas de San Pedro, aunque este dato, extraído del semanario Valle de Elda de fecha 22/06/1962, no concuerda con el nombre del presidente de Junta Central, recogido en la revista oficial Fallas de San Pedro de aquel año, como el de Carmelo Pérez Mira, recientemente fallecido. Pero dejando esta cuestión para mejor ocasión, prosigamos con nuestro tema. Al parecer, aquel intento de contar con un local fijo no duró demasiado, pues a finales de 1963, también en Valle de Elda encontramos una breve nota en la que se hace alusión a él en pasado, por lo que ya habría desaparecido.

   A lo largo de los años siguientes volvemos a encontrar notas dispersas, especialmente en Valle (15/05/1965) y en la revista oficial (1967), en las que se hacen manifiestos los deseos de poder contar de nuevo con un hogar fallero. Desde entonces, hasta los primeros años de la década de los 90, poco más. Las reuniones oficiales se venían celebrando en distintos locales prestados, o bien en algunos establecimientos hosteleros, entre los que destaca la larga serie de reuniones en el Bar Magero, al que la historia fallera debería reservar un capítulo en su memoria.

  Llegados a los primeros años de los 90, por fin se alcanzaría el tan ansiado centro social, cedido por el ayuntamiento eldense. Este se ubicaría durante una década en un inmueble situado junto a la plaza de la farola y allí sería donde, sin desmérito del trabajo realizado en los años precedentes por las anteriores directivas, comenzaría el camino imparable que a lo largo de dos décadas ha llevado a la fiesta fallera al momento actual. Disponer de una sede estable supuso contar con un local de reuniones; disponer de espacio para preparar actos de la fiesta con comodidad y recursos; contar con un lugar de concentración para el inicio de los actos de fiestas; disponer de una sede para recibir invitados y realizar actos protocolarios, pero al mismo tiempo se convirtió en un espacio generador de ideas y de posibilidades para el crecimiento de la fiesta. Allí se llevaron a cabo las primeras exposiciones del ninot; se instaló durante algunos años el belén monumental de J. C.; se convirtió en improvisado balcón para el pregón de fallas y otras iniciativas, de las cuales la mayoría han prosperado en el tiempo. Y así seguiría todo hasta el cercano año 2003, cuando desde el ayuntamiento, presidido por Juan Pascual Azorín, se cede el uso de El Alminar, tras la cesión a su vez, a la Junta Central de Comparsa que lo ocupaba, de la rehabilitada Casa de la Viuda de Rosas, dando paso con ello a otro capítulo de esta historia. Pero ese queda para más adelante.