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Corte de honor de la reina del fuego 1960 durante su visita al hospital.

 Leímos la pasada semana que la falla el Huerto había presentado su proyecto de monumento fallero, en el contexto de un fin de semana repleto de actividades organizadas por su comisión. La noticia hacía referencia a la participación de siete asociaciones del valle, todas ellas de carácter socioasistencial y a las características integradoras del proyecto.

Como es habitual desde la creación de esta sección, la noticia nos hace revisar la historia y así hemos ido recogiendo algunos episodios del pasado fallero y de la ciudad que nos cuentan el compromiso solidario que esta fiesta ha venido mostrando desde su implantación entre nosotros.

 Si bien la fiesta nace como un divertimento entre vecinos, ya durante la década de los años 50 encontramos acciones que traspasan la mera celebración festera, para darnos a conocer la labor que algunos de sus componentes llevaban a cabo, en pro de una mayor igualdad social. Son de recordar las campañas que promueve Lamberto Puchol desde la falla el Trinquete, con destino a ayudar a la banda de música Santa Cecilia, a favor del hospital y especialmente las relacionadas con la ayuda a la leprosería de Fontilles, desarrollando campañas de gran alcance entre la población a lo largo de los años.

También sería destacable la costumbre instaurada por la Junta Central de Fallas de San Pedro, allá por 1959, de visitar de forma protocolaria el Hospital Municipal, en el que además de los enfermos, estaban acogidas algunas personas mayores. Aunque unos años antes, tras las fiestas de 1957, la madre superiora de las monjas que atendían el hospital, creaba junto a unos vecinos de la zona, una comisión fallera que llevaría el mismo nombre de la institución y que se plantaba frente al pequeño ensanche de entrada de la conocida como Gota de Leche. Aquella falla estuvo en activo hasta finales de los años 70, desapareciendo de la nomina festera, casi al mismo tiempo que la institución benéfica que le dio origen.

Falla el Trinquete, 1963.

Mientras tanto las comisiones falleras no dejaban pasar ocasión de poder ayudar a otras personas y en la prensa de la época, se puede recoger datos sobre las distintas campañas desarrolladas para recoger juguetes y alimentos al llegar Navidad y los Reyes Magos, a favor de Cruz Roja o la Asociación de enfermos de Cáncer y otras de destino más anónimo, pero igualmente dignas de mención y recuerdo.

Posiblemente el testigo de aquellas acciones se ha transmitido, aunque  de otro modo a entidades como son la Residencia de Personas Mayores El Catí que lleva más de dos décadas plantando su propio monumento y celebrando las fallas casi como una comisión más. La cremá de esta falla en la mañana del domingo fallero en septiembre, es una cita anual obligada para cientos de personas que, al filo del mediodía, se concentran a las puertas del centro, para compartir con los residentes un momento de alegría de buen humor.

La costumbre, en años sucesivos fue pasando a otras entidades, como Novaire, el Centro de Día de Personas Mayores Dependientes; Centro de enfermos Mentales; ASPRODIS y recientemente COCEMFE, asociación ubicada en Petrer. Al margen de estos datos dejamos los distintos monumentos que, también desde hace muchos años, se plantan en algunos de los colegios del valle.

Hoy la tradición se renueva con la propuesta de Huerto y las fallas muestran con más claridad su carácter solidario. Por supuesto es muy de agradecer, que dentro del organigrama de un programa festero, se pueda dar paso a la integración y se abogue por la igualdad, más allá de la diversidad funcional de cada uno. 

 

Falla el Catí 2007.