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Casi 100 años es la antigüedad de la presencia de las Fallas en Elda, si hacemos caso del documento más pretérito en el que se habla de ellas, datado en junio de 1929. El diario local Idella se hacía eco por aquellas fechas, de la costumbre o más bien la denominaba tradición, de prender hogueras en la noche de San Juan y entre estas resaltaba la presencia de varias fallas. De esta forma es como identificamos en nuestra historia local, los vestigios de la fiesta del fuego.

   Tendrían que pasar algunos años y superar las consecuencias de la Guerra Civil, para que Elda recuperase las fallas en sus barrios, esta vez de forma ininterrumpida. Serían los vecinos del barrio de Trinquete quienes en 1949 retomaran la tradición. Desde entonces las fallas han ido creciendo y fortaleciéndose, hasta convertirse en el espectáculo de luz, color y arte que todos conocemos.
   Muchos han sido los avatares que ha habido que sortear hasta consolidar como tal esta fiesta fallera entre nosotros, dotándola de una identidad propia indiscutible. Sin embargo el resultado de tanto trabajo y empeño por parte de los falleros está a la vista y por encima de críticas, a veces interesadas, Elda y sus barrios han sabido crear un monumento intangible que nos ha situado en el mapa festivo de España por derecho propio y así, cada septiembre, muchos de los ojos de la fiesta se posan en nuestras calles, para admirar y asombrarse del magnífico monumento que entre todos hemos sido capaces de crear: Las Fallas de Elda.