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F. Crespo y Antonio Porta, Alcalde de Elda en 1959

Conozco desde hace mucho tiempo el mundo de la fiesta por participar en él de muchas formas. Creo que es un espacio creado por los ciudadanos para su solaz y para encauzar y mantener algunas de las tradiciones heredadas de sus antepasados. También he tenido ocasión, igualmente por múltiples vías, de conocer como son las fiestas en otros lugares y lo que es más importante, como se han venido desarrollando a lo largo del tiempo. Las fiestas, sean las que sean, pertenecen a la gente, a los pueblos y por ese motivo levantan tantas pasiones y entre ellas, florecen de vez en cuando intereses espurios de listos aventajados que, despreciando el trabajo y la buena fe de las personas, intentan manipular en su beneficio ese esfuerzo colectivo.

No hablaré de casos ni de localidades concretas, son tan comunes estas actuaciones, que la simple descripción de algunos hechos puede situarlos el lector en el escenario geográfico que prefiera, seguro que con honrosas excepciones encajarán como un guante.

En la exaltación y pregón de 1959

Para muchos de los festeros o socios de cualquier peña, comparsa, falla o como queramos llamar a cualquiera de estos grupos, no es desconocido ver cómo en determinados momentos, generalmente cercanos a unas elecciones, bien sea generales, autonómicas o especialmente locales, aparecen representantes de grupos políticos interesados en conocer sus aspiraciones como colectivo y ofreciéndoles soluciones y recursos ilimitados para facilitar su tarea y brillar más que las rutilantes estrellas. Como digo, esta práctica suele ser habitual y común de los aspirantes  a gobernantes y además legítimo, no tenemos nada que objetar.

Cuando se pasa de este interés al dominio de la situación es cuando empiezan las dudas. Revistas oficiales dominadas por anacrónicos y casi ridículos saludas, manidos y rancios en sus planteamientos y poco creíbles en casi todos los casos. Fotografías de actos que actúan como testigos de situaciones de dominio y vasallaje, en las que el sometimiento queda patente para siempre. Intervenciones interesadas en las que se mueve como peones inertes a los componentes festeros, ahora me decoráis una calle, un parque o una plaza, llenarme un teatro, aplaudirme porque yo lo valgo, pueden ser expresiones perfectamente válidas, que le vendrán a la cabeza al lector tan solo con ver las imágenes.

Pregonero 2003

Pero si esto que comentamos puede resultar amoral para algunos, todavía podemos dar una vuelta de tuerca más y llegar a situaciones y localidades en las que, los cargos políticos se otorguen tan solo por el poder de convocatoria que un sujeto pueda aparentar tener. Y así hemos conocido personajes dedicados a la política cuyo mayor logro ha sido presidir una asociación festera, por algo se empieza. Y también los hemos conocido en la situación contraria, llegar al cargo para ser nombrado “Jefe de la fiesta”. Como decimos de todo hay.

Pero con seguir siendo todo esto que describimos amoral, cuestionable  y discutible, desde un punto de vista ético, hay un registro que nos parece totalmente inclasificable, es cuando el político del momento, creyéndose máster del universo, manifiesta públicamente y haciendo gala de ello, el número de votos cautivos que arrastra  por su gestión y puede ser variable esta cifra, 100, 500, 3.000, 20.000 o podemos subir la cifra, tan solo habría que mirar el mapa y ver la extensión de la localidad y sobre todo, lo que es más determinante: el color del pesebre.

No sé, supongo que en mi ánimo, a la hora de escribir ha influido la cercanía de una cita electoral. Puede que todo sean figuraciones mías, percepciones al oír una noticia en el sopor de una siesta primaveral. Al fin y al cabo, nadie es tan osado como para considerar a sus vecinos simples números con los que completar un resultado electoral. 

Mientras tanto volvamos a la realidad, desechemos las malas voluntades, llega el verano, la estación festiva por excelencia y nosotros, festeros, estamos como el relleno del sándwich...  entre dos elecciones.

Alcaldesa de Elda, Pedrosa, falleras, y alcaldesa de Valencia, Barberá

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Acerca del autor

Autor: Miguel Campos Ruiz

Miguel Campos Ruiz, sociólogo eldense, es un joven comprometido con las tradiciones y cultura de su ciudad. Desde que finalizó sus estudios universitarios se dedica a la elaboración y redacción de estudios y artículos de divulgación sociocultural. Entre sus temáticas de estudio se encuentran fenómenos sociales como la “fuga de cerebros” o en materia de empleo el “Pacto Territorial por el Empleo del Valle del Vinalopó ”. Forma parte del Centro de Estudios Locales del Vinalopó, entidad cultural de ámbito comarcal, que anualmente publica la Revista del Vinalopó dedicada a las Ciencias Sociales. Sobre la fiesta de Fallas también ha publicado tanto en publicaciones de las comisiones falleras eldenses como en prensa local.

En la actualidad, es el Delegado de Cultura y Revista de la Junta Central de Fallas de Elda, y coordinador del proyecto educativo “Fallas en el Cole”. En #EldaenFallas podrás conocer toda la actualidad de la fiesta del fuego eldense.

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