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Hace muchos años, setenta para ser exactos, daba sus primeros pasos en Elda una fiesta que, a pesar de contar con una gran antigüedad en el pueblo, los Moros y Cristianos había dejado de celebrarse por causas inciertas. Hizo falta una guerra para  que el sentimiento de tristeza que esta dejó entre la gente sirviese de revulsivo y permitiese recuperar ese espíritu jocoso e intrascendente que, en gran medida, forma parte de nuestro ADN.

Al mismo tiempo otra fiesta, esta vez la de fallas, pugnaba por abrirse paso desde nuestros barrios, alcanzando un buen grado de desarrollo en torno a los años 60 del pasado siglo. Pronto los partidarios de una y otra fueron creando cierto antagonismo entre ambas que llevó, en distintas ocasiones, a publicar en Valle de Elda artículos y cartas de los lectores posicionándose estos, como si de una batalla se tratara.

 

Contrabandista Revista Moros y Cristianos 1956

Dichas trifulcas y desavenencias no pasaban de ser, vistas en la distancia , una serie de opiniones con poco fundamente y mucho integrismo, por una parte y por la otra, permitiendo con ello crear una polémica absurda, casi trival, sobre qué fiestas eran mejores, que no conducía a ninguna parte. Aun así y a pesar de la inconsistencia de los argumentos, ese antagonismo fue creciendo con el tiempo, hasta llegar a convertirse en un victimismo rancio, nada acorde con la altura que se pretendía para  ambas fiestas.

En la mente de todos estarán las críticas en las escenas de los monumentos falleros, lamentándose  del menosprecio al que se veían relegadas las fallas, por un pretendido apoyo social a los Moros y Cristianos a costa de estas. Y así fueron pasando los años.

Pero si todo lo que hemos descrito anteriormente ocurría en Elda, en otros lugares de la geografía valenciana la situación era totalmente inversa. Serían las agrupaciones festeras de Moros y Cristianos las que, sintiéndose la segunda fiesta en sus localidades, tras las fallas, iniciasen una serie de reivindicaciones con la intención de situarlas al mismo nivel de aceptación y reconocimiento social. El resultado después de décadas de tensiones podríamos decir que sigue casi igual. Los falleros valencianos consideran con cierto menosprecio a los festeros morocristianos y en las localidades alicantinas se invierte la situación.

Volviendo al ámbito de nuestra localidad, parece que la situación es sensiblemente diferente. A pesar de algunos reductos resistentes, que los hay, la aceptación mutua de las dos fiestas se hace patente, sobre todo en los últimos años, aquellos en los que las fallas han alcanzado un nivel excelente y son reconocidas favorablemente por el resto de las Juntas Locales. Haciendo un ejercicio de adaptación, los falleros eldenses, en gran número forman parte de las filas que nutren la otra gran fiesta, al mismo tiempo que aquellas críticas exacerbadas han dejado de ser tan recurrentes.

Queremos creer que la causa de este cambio, en gran parte se debe a la actitud de apertura de la fiesta fallera, a la propia consideración que la fiesta ha tomado de ella misma y a la gran apuesta que los falleros han hecho por cambiar su imagen, dotándola de una riqueza plástica y visual de primer orden.

Ahora llegan los Moros y los Cristianos. Elda se viste de luz, de color, de alegría. Es el momento del gran espectáculo y para ponerlo en la calle, muchos falleros aportarán también su granito de arena, transformándose en Piratas, Estudiantes, Realistas, o Musulmanes, que más da, otros formarán parte de las collas o de los grupos musicales, se integrarán en los boatos o simplemente se convertirán en espectadores contribuyendo con ello a que nuestra ciudad brille de forma muy especial, mientras que las Falleras Mayores de Elda desde la tribuna oficial asistirán como invitadas a la gran representación.

Al acabar estos días todo volverá a la normalidad. El verano se acomodará entre nosotros. Mientras tanto los falleros seguirán preparando sus días grandes, sin desmayo, trabajando con ahínco en la elección de sus representantes, ultimando monumentos, verbenas, desfiles, música, la fiesta en definitiva y cuando llegue septiembre, la fiesta de nuevo brillará en todo su esplendor, esta vez sin comparaciones, ni victimismos, pues cada cual en su fiesta, sean moros, cristianos o falleros  habrán construido el espectáculo más hermoso posible. 

Falleras en Moros y Cristianos

 

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Acerca del autor

Autor: Miguel Campos Ruiz

Miguel Campos Ruiz, sociólogo eldense, es un joven comprometido con las tradiciones y cultura de su ciudad. Desde que finalizó sus estudios universitarios se dedica a la elaboración y redacción de estudios y artículos de divulgación sociocultural. Entre sus temáticas de estudio se encuentran fenómenos sociales como la “fuga de cerebros” o en materia de empleo el “Pacto Territorial por el Empleo del Valle del Vinalopó ”. Forma parte del Centro de Estudios Locales del Vinalopó, entidad cultural de ámbito comarcal, que anualmente publica la Revista del Vinalopó dedicada a las Ciencias Sociales. Sobre la fiesta de Fallas también ha publicado tanto en publicaciones de las comisiones falleras eldenses como en prensa local.

En la actualidad, es el Delegado de Cultura y Revista de la Junta Central de Fallas de Elda, y coordinador del proyecto educativo “Fallas en el Cole”. En #EldaenFallas podrás conocer toda la actualidad de la fiesta del fuego eldense.

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