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El próximo martes 27 de marzo las artes escénicas están de celebración. Un año más, como viene haciéndose desde 1.961 de forma ininterrumpida, se conmemora el Día Mundial del Teatro.

En todos los países se organizan eventos para festejar esta efeméride, siendo uno de los más importantes la circulación del Mensaje Internacional del Día Mundial del Teatro a través del cual, por invitación del Instituto Internacional del Teatro, una figura de renombrado prestigio comparte sus reflexiones sobre la importancia del teatro en el desarrollo de las sociedades.

A lo largo de estos años una larga la lista de escritores, dramaturgos, directores y actores conforman los nombres de los invitados a escribir este Mensaje. Arthur Miller, Jean Cocteau, Luchino Visconti, Pablo Neruda, Richard Burton, Laurence Olivier, Antonio Gala, Darío Fo, Judi Dench o Isabelle Huppert son algunos de los más conocidos a la hora de testimoniar su amor al teatro.

Este año ha sido la escritora y periodista mexicana Sabina Berman la encargada de lanzar su voz a todo el mundo proclamando la grandeza del teatro.

Los hombres y mujeres que conforman la aldea global del siglo XXI necesitan del bálsamo del teatro para curar heridas, neutralizar inquietudes, fortalecer conciencias y pensamientos, recuperar esperanzas perdidas, denunciar injusticias, reivindicar utopías y luchar por los sueños imposibles. No son meras palabras, simples frases hechas, obsoletos términos sentimentales pasados de moda. El TEATRO fortalece, cura, denuncia, reivindica, actúa, embellece, ennoblece, escuece, divierte, conmueve. El TEATRO es vida, pasión, lucha, rebeldía, amor, alegría, regocijo, emoción.

Nuestra sociedad necesita al teatro como acicate para despertar conciencias dormidas, formar seres humanos con criterios y pensamientos libres. La grandeza del teatro engrandece el espíritu de todos los que a él acuden.

No nos engañemos, a nuestros políticos no les gusta el teatro. El teatro no proporciona beneficios electorales, no compra intenciones de voto. Rentan mucho más las gachamigas y verbenas vecinales, las fiestas locales, las cabalgatas, los desayunos en asociaciones y el dejarse ver en los medios de comunicación. El teatro incomoda al poder y es mejor apostar por conciertos, eventos de colectivos, galas y proclamaciones que conseguir una programación coherente, de calidad y prestigio, en nuestro coliseo eldense. Nuestros políticos llevan mucho tiempo sin ser ni rigurosos ni profesionales con el devenir del Teatro Castelar. Hace unos años apostando por un perfil de gestión donde se buscaba más una sala de espectáculos, fiestas y varietés, con una programación teatral paupérrima y de ínfima calidad, pero con una anfitriona perfecta al frente de la sala, y actualmente, que se cuenta con alguien que se preocupa por dignificar y buscar una programación coherente, con continuas zancadillas y problemas a la hora de otorgar presupuestos, autorizaciones de pagos o la venta de entradas por taquilla y plataformas digitales, entre otras cuestiones.

Elda se merece un Teatro Castelar gestionado con altura de miras, con libertad para programar, un espacio donde las artes escénicas (teatro, circo, danza, música, ópera, zarzuela) convivan en todas sus disciplinas, géneros y estilos. Un teatro que tiene que ser mimado y cuidado por la máxima autoridad local. Los logros obtenidos en estos últimos años, apostando por algunas obras de indudable calidad, obteniendo el apoyo del Plan Platea impulsado por el Ministerio de Cultura, y abriendo las puertas a nuevas manifestaciones, no pueden verse ensombrecidos por la pobreza de miras e ineptitud de políticos que no demuestran estar a la altura del voto depositado en las urnas.

Es momento para festejar y celebrar. También el momento para reivindicar, denunciar y manifestar.

Feliz Día Mundial del Teatro. Larga vida al Teatro.

A continuación les transcribo el Mensaje de este año.

Mensaje del Día Mundial del Teatro 2018

Las Américas

Sabina Berman, México

Escritora, periodista

“Podemos imaginar…….

La tribu caza pájaros lanzando pequeñas piedras, cuando el enorme mamut irrumpe y RUGE, y al mismo tiempo un pequeño humano RUGE como el mamut. Luego, todos corren...

Ese rugido de mamut proferido por una mujer humana, quiero imaginarla mujer, es el inicio de lo que nos hace la especie que somos. La especie capaz de imitar lo que no somos. La especie capaz de representar al Otro.

Saltemos 10 años, o 100, o mil. La tribu ha aprendido a imitar a otros seres y representa al fondo de la cueva, en la luz temblorosa de la hoguera, la cacería de esa mañana. Cuatro hombres son el mamut, tres mujeres son el río, hombres y mujeres son pájaros, árboles, nubes.

Así, la tribu captura el pasado con su don para el teatro. Más asombroso: así la tribu inventa posibles futuros: ensaya posibles formas de vencer al enemigo de la tribu, el mamut.

Los rugidos, los silbidos, los murmullos –las onomatopeyas de ese primer teatro—se volverán lenguaje verbal. El lenguaje hablado se volverá lenguaje escrito. Por otro derrotero, el teatro se volverá ritual y luego cine. Y en la semilla de cada una de estas formas seguirá estando el teatro. La forma más sencilla de representar. La forma viva de representar. El teatro, que mientras más sencillo más íntimamente nos conecta a la capacidad humana más asombrosa, la de representar al Otro.

Hoy celebramos en todos los teatros del mundo esa gloriosa capacidad humana de hacer teatro. De representar, y así capturar nuestro pasado para entenderlo o de inventar posibles futuros para la tribu, para ser más libres y más felices.

Hablo por supuesto de las obras de teatro que realmente importan y trascienden el entretenimiento. Esas obras de teatro que importan, hoy se proponen lo mismo que las más antiguas: vencer a los enemigos contemporáneos de la felicidad de la tribu, gracias a la capacidad de representar.

¿Cuáles son los mamuts a vencer hoy en el teatro de la tribu?

Yo digo que el mamut mayor es la enajenación de los corazones humanos. Nuestra pérdida de la capacidad de sentir con los Otros: de sentir compasión. Y nuestra incapacidad de sentir con lo Otro no humano: la Naturaleza.

Vaya paradoja. Hoy, en la orilla final del Humanismo, de la era del Antropoceno, de la era en que el humano es la fuerza natural que más ha cambiado y cambia el planeta, la misión del teatro es inversa a la que reunió a la tribu originalmente para hacer teatro al fondo de la cueva: hoy debemos rescatar nuestra conexión con lo natural.

Más que la literatura, más que el cine, el teatro, que exige la presencia de unos seres humanos ante otros seres humanos, es maravillosamente apto para la tarea de salvarnos, de volvernos algoritmos. Puras abstracciones.

Quitémosle al teatro todo lo superfluo. Desnudémoslo. Porque mientras más sencillo el teatro, más apto para recordarnos lo único innegable: somos mientras somos en el tiempo, somos mientras somos carne y huesos y un corazón latiendo en nuestros pechos. Somos aquí y ahora solamente.

Viva el teatro. El arte más antiguo. El arte más presente. El arte más asombroso. Viva el teatro”