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María Dolores Pradera.

Esta semana los medios de comunicación nacionales daban la noticia del fallecimiento de María Dolores Pradera a la edad de 93 años.

Conocida principalmente por el gran público como una cantante que basó su gran éxito en el repertorio musical de hispanoamérica, no hay que olvidar que en sus inicios fue una magnífica actriz que desplegó todo su talento tanto en el cine como en el teatro.

Nuestro Teatro Castelar contó con su presencia hace algunos años en un recital memorable por las muestras de madurez, saber estar y dominio de las tablas que la Pradera supo imprimir a cada una de las canciones de ese último concierto en los escenarios de nuestra localidad.

Y es que incluso en su faceta de cantante, que la dio a conocer mundialmente a partir de la década de los años 60 del siglo pasado, María Dolores Pradera no dejaba de imprimir su sello de gran actriz a cada una de las canciones que interpretaba. Elegante, delicada en sus movimientos, controlando su voz y presencia escénica, María Dolores Pradera actuaba a la vez que cantaba, transmitiendo a quien la escuchaba la esencia de las historias impregnadas en los boleros, corridos, coplas, tangos, chilenas, fados y cumbias que pasaban por su voz y su garganta.

En un blog dedicado al teatro María Dolores Pradera merece ser recordada por sus montajes de La Celestina, a las órdenes de Luis Escobar, y por su participación en obras de Jardiel Poncela, Benavente y Alejandro Casona, destacando igualmente su intervención en El Rinoceronte de Eugene Ionesco, dirigida por uno de sus grandes amigos,José Luis Alonso, y en compañía de José Bódalo.

Cándida de Bernard Show. Su última interpretación en teatro.

María Dolores Pradera era una gran actriz de teatro, en unos años (la década de los 40 y 50 del pasado siglo) en los que no era fácil llevar a escena obras como Todos eran mis hijos (Arthur Miller), El Jardín de los Cerezos (Anton Chejov), Mariana Pineda (Federico García Lorca), que contaron con ella como primera actriz, luchando contra una férrea censura y dictadura política.

Después de alejarse de los escenarios para dedicarse por entero a la canción, en 1.985, y convencida por José Luis Alonso, volvió a los escenarios para interpretar Cándida de Bernard Shaw, un acontecimiento teatral para su época y que fue su despedida definitiva del teatro.

Ganó merecidamente el Premio Nacional de Teatro y la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes entre otras distinciones y galardones.

Sus compañeros de escena siempre destacaron de ella su naturalidad y elegancia a la hora de interpretar los personajes, así como su sentido del humor, tanto fuera como dentro del escenario.

De fina estampa, derramando aromas de mixtura en cada actuación, teniendo al público amarradito al movimiento de sus manos, toda una vida sobre los escenarios, amaneciendo en los brazos de todos aquellos que amaban la vida a través de sus canciones, soñando a La Habana en Cádiz, y siendo por derecho mujer y madre, que nadie sepa mi sufrir por tu partida.

Hoy las lágrimas no van a ser negras. No sé cantarte un bolero María Dolores, pero desde aquí todo mi cariño y admiración. Ojalá que te vaya bonito.

Portada de la revista de Teatro "Primer acto". María Dolores Pradera en el jardín de los cerezos.