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El pasado sábado el Teatro Castelar acogió la representación de la obra La Autora de las Meninas, escrita y dirigida por Ernesto Caballero, y protagonizada por Carmen Machi, Mireia Aixalà y Francisco Reyes.

Actualmente de gira por buena parte del territorio nacional, la obra recalará en Madrid en el mes de diciembre para hacer temporada en el Teatro Valle Inclán, una de las sedes del Centro Dramático Nacional, coproductor del espectáculo.

La Autora de las Meninas es definida por su autor como una sátira distópica (según la RAE, distópico es todo aquello opuesto a lo utópico, en alusión a un mundo imaginario que no se considera un ideal, sino que más bien al contrario es indeseable). Fuera de estas consideraciones la obra nos cuenta la historia de una monja, experta copista en arte, de nombre  Sor Ángela, quien, en una España futura quizás no tan lejana, recibe el encargo de hacer una copia de Las Meninas, dado que, ante la crisis económica, el Estado tiene intención de vender el famoso cuadro de Velázquez y desea que una copia sea conservada en el Museo del Prado. El encuentro de la monja con un vigilante de seguridad producirá en ella una progresiva transformación que hará que se cuestione su valía como artista y el derecho a ser y manifestarse desde la total libertad de expresión artística.

 Ernesto Caballero escribe un texto pensado para las características de una actriz como la Machi. Ella se basta para llenar el escenario con su sola presencia o acompañada por la directora del Museo del Prado (excelente Mireia Aixalá, actriz que demuestra su total compenetración con Carmen Machi en todas las escenas que comparten, algo que se comprende teniendo en cuenta que ambas ya trabajaron juntas en ¿Quién teme a Virginia Woolf?) o por un guarda jurado nocturno (a quien Francisco Reyes aporta su imponente físico y dicción para construir un enigmático y quimérico vigilante experto en humanidades).

La dirección de Ernesto Caballero es directa y clara, buscando potenciar el trabajo de los actores, sirviéndose de una sencilla escenografía del yeclano Paco Azorín, quien diseña asimismo la iluminación, teniendo su principal apoyo en el uso de las nuevas tecnologías en materia de video-escenas para crear los sucesivos espacios y ambientes que la obra requiere.

Con estos mimbres nos encontramos ante una obra escrita para una primera actriz, una actriz que debe de estar dotada de múltiples registros para ir mostrando las sucesivas capas que Sor Ángela tiene guardadas bajo sus hábitos.

Y ahí llega la gran Carmen Machi. Un tsunami teatral de proporciones gigantescas. Es difícil apartar los ojos de ella cuando se adueña del escenario. La Machi sirve el personaje en todos sus matices. Angelical, tierna, dulce, juguetona, irónica, soñadora, reivindicativa, gamberra, vanidosa, grande, justiciera. La Machi absorbe a Sor Ángela y la sirve al público colocando cada frase con la intención necesaria. Qué gusto verla en escena, notar sus gestos, la composición del cuerpo, y observar como escucha mientras su personaje atiende a lo que los otros dicen. Carmen Machi tiene una vis cómica natural. Es un ciclón que sabe dosificar los momentos álgidos del personaje, transitando como nadie de la pura comedia a la verdad más intensa y conmovedora.

Sor Ángela es una estación más en el largo camino teatral que, con rigor, esfuerzo y absoluta profesionalidad, la Machi inició en el mundo del teatro desde sus primeros pasos en el Teatro de la Abadía en Madrid.

Escribir comedia no es nada fácil, más cuando se quiere llegar hasta la sátira. Se requiere estar dotado de un agudo sentido del humor y tener el justo ritmo para no atropellarse y no quedar enganchado en un mismo círculo. Es posible que el texto requiera de algunos retoques para redondear de forma más completa el mensaje que Caballero pretende transmitirnos. Pero a pesar de esos matices e imperfecciones La Autora de las Meninas conecta en gran medida con el espectador, gracias al trabajo de los tres intérpretes que, desde su respectivo rincón del cuadrilátero, defienden con verdad y rigor sus personajes.

Hay Carmen Machi para rato. El frasco de su perfume ha dejado un exquisito aroma en el escenario y el patio de butacas del Castelar. Dos gotas de la delicada esencia de la Machi bastan para dejarnos eternamente seducidos por su talento.

¡Hasta pronto, Carmen! ¡Vuelve, please!