SEMANARIO DE INFORMACIÓN LOCAL, DEPORTES Y ESPECTÁCULOS

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Detalle de la galería subterránea bajo el Teatro Castelar

Esta semana continuamos nuestro recorrido por el subsuelo histórico de Elda. Y lo hacemos siguiendo el hilo de los hallazgos y testimonios de las últimas décadas sobre subterráneos vinculados a la Guerra Civil. Durante la contienda se construyeron refugios en diferentes lugares de la ciudad en previsión de bombardeos que, por cierto, finalmente no tuvieron lugar. Juan Rodríguez Campillo nos cuenta, en la revista Fiestas Mayores del año 2005, la historia de estos refugios antiaéreos destinados a la protección de la población civil, afirmando que “no se llegaron a utilizar (…), según las noticias orales de personas que existen y que convivieron con ellos”. También nos informa de su fecha de construcción: entre enero y noviembre de 1938, a finales de la guerra. El motivo se vislumbra en un acta municipal de octubre de ese año, “debido a los bombardeos de la población de Alcoy, y teniendo en cuenta que Elda también tiene industrias de guerra…” Debía construirse, incluso "recurriendo a la prestación obligatoria de trabajo”, el mayor número posible de refugios, "aunque sean de pequeña cabida, en vez de pocos de gran cabida, con objeto de que la población tenga siempre lo más cerca posible a su domicilio la entrada de un refugio”. La documentación municipal revela los problemas económicos y disciplinarios que conllevó su construcción, para la que se habilitó incluso una partida de 100.000 pesetas de la época.

Diversos testimonios orales sitúan estos refugios antiaéreos en instalaciones industriales del barrio de la Estación, como la antigua fábrica de Hipólito Juan. O en el entorno del barrio de la Prosperidad (entre las calles Dos de Mayo y Concepción Arenal), bajo el antiguo Cine Lis, en el solar de la antigua fábrica de Vicente Gil Alcaraz o de los Bacíos. También en la antigua fábrica de Sapena, en la calle González Bueno, a espaldas del actual edificio Esmeralda. Al parecer, este último refugio podría formar parte de las Escuelas Nuevas –actual colegio Padre Manjón-, muy cerca de la puerta de arriba de la calle Poeta Zorrilla. Otras informaciones, menos concluyentes, citan la existencia de túneles bajo el antiguo cine Coliseo, “y cuando éstos se derribaron, se descubrieron otros con armas en su interior”, y en el entorno de la ermita de San Antón o de la calle Independencia.

Parece que existen datos más precisos de otro refugio que partía de la confluencia de las calles Porvenir y Benito Pérez Galdós, denominado “de las Escalericas”, “de la Tenería” o “del Matadero”, y que podría tener otra boca de entrada o salida en el entorno del actual Paseo de la Mora, en las inmediaciones del barrio de la Tafalera. Según Rodríguez Campillo, que publicó un croquis del hallazgo, fue descubierto a inicios de 1985 por operarios municipales. El refugio contaba con unos 300 metros de galerías, así como un respiradero y salida de emergencia en el muro de la calle San Jaime. 

Destacan dos hallazgos más. El primero fue descubierto de manera fortuita a mediados de 1995 por policías locales bajo el escenario del Teatro Castelar, según diversos medios de comunicación del momento. Tras una puerta tapiada y semiderruida, se abría un pasadizo con “tres bifurcaciones: un corto túnel que quedó sin terminar, otra salida tapiada en la que existen huellas de haber contenido agua y que se comunica con el tercer túnel que el más importante de unos 70 a 80 metros que llega hasta el Casino”, según la noticia recogida en El Periódico del Valle. El túnel, al parecer, ya conocido por Antonio Bellod, un antiguo empleado del teatro, estaba excavado a unos 10 metros de profundidad y mostraba signos de desprendimientos de tierra. Revestido de ladrillo, mostraba restos de una modesta iluminación eléctrica y dos latas de carburante. Los descubridores afirman que llegaba hasta el Casino –sede temporal de un hospital durante parte de la guerra-, y que podría formar parte de una red de pasadizos que se dirigía hasta el centro de la ciudad, concretamente hacia la actual Plaza del Sagrado Corazón. De nuevo Rodríguez Campillo nos refiere que “tenía dos salidas y estaría por todo el frente de la puerta principal, con una entrada  por la calle Cervantes y otra por la calle Lope de Vega, de unos 30-40 metros de largo”. De este refugio todavía se conservan algunas fotografías y una grabación: 

El segundo descubrimiento relevante tuvo lugar en 1997 durante las obras de reforma de la plaza de la Constitución, frente al Ayuntamiento. Rodríguez Campillo  denominó a este subterráneo refugio de las Plazas de Abajo y de Arriba, y también publicó un croquis básico de esta instalación. Contaba con una estructura abovedada, un recorrido total de unos 160 metros de longitud, y disponía de tres bocas (entradas o salidas), con tramos hacia la calle Colón –colmatado por derrumbes- y hacia “las cercanías de la Iglesia de Santa Ana, donde tenía una salida, y otra estaría muy cerca del principio de la calle del Castillo.” Tal vez este subterráneo pudiera relacionarse con la noticia oral de la existencia de un pozo o galería bajo el inmueble de las actuales dependencias municipales de urbanismo. En cualquier caso, el refugio estaba bien acondicionado, con restos de la instalación eléctrica y revestimiento de ladrillo hueco. Sus galerías, enlucidas de cemento, tenían más de 2 metros de altura y una anchura superior a 1 metro. El Periódico Comarcal, en una noticia de julio de 1997, sin embargo, aumentaba la anchura de la galería, y ampliaba a 250 metros la longitud de este subterráneo, citando el hallazgo en su interior de “un plato de hojalata utilizado por el ejército”. El diario Información, en esas mismas fechas, desvelaba el hallazgo de restos óseos humanos en el interior del refugio por parte de la policía local, sin que se tengamos constancia de análisis o estudios posteriores.

Galería subterránea bajo el Teatro Castelar

A pesar de disponer de todas estas informaciones, y de las aportaciones de Jesús Peidro y Mª Dolores Soler en la revista Moros y Cristianos, entre otros colegas arqueólogos, queda prácticamente todo por hacer respecto al conocimiento arquitectónico y arqueológico de estos refugios. Sería necesario un estudio y diagnóstico con herramientas y medios actualizados, previamente a su hipotética conservación y puesta en valor. De manera preliminar, con los datos que disponemos, da la impresión que habría que priorizar el análisis y estudio del refugio situado frente al Ayuntamiento, por sus aparentes posibilidades de recuperación. Y, aunque con más dificultades técnicas, sin duda, por qué no, abordar los del Teatro Castelar y del Matadero. Mientras tanto, como cautela arqueológica para su protección, los refugios se han incluido en las áreas de vigilancia arqueológica de nuestro término municipal. El proyecto Tierra de acogida, coordinado por José Ramón Valero y Rosario Navalón, y que recoge el Inventario y estudio de lugares vinculados con la Guerra Civil en Elda, resume también algunos datos básicos y fuentes sobre estas instalaciones. 

Fuera del núcleo histórico tradicional de Elda también se han registrado subterráneos que forman parte de un tipo de hábitat, en este caso antiguo. Se trata de galerías o escondrijos frecuentes, por ejemplo, durante la época islámica, como las Galerías de Jesús, descubiertas en 1982 en las laderas del Bolón. Aunque actualmente el yacimiento ha desaparecido tras la urbanización de la zona, las referencias de Antonio Poveda, actualizadas por Irina Agulló y Jesús Peidro, nos informan de que existía un refugio subterráneo abovedado, recortando el propio terreno, con más de dos metros de profundidad, un pasillo de acceso, otro distribuidor y nueve cubículos que disponían de pequeños nichos u oquedades para colocar candiles con el fin de iluminar el lugar, en el que no entraba la luz de forma directa.

José Manuel Orovio en el refugio frente al Ayuntamiento (1997)

Aunque creo que deben tratarse aparte, por razones de método, no me resisto a mencionar las cuevas o las casas-cueva que han formado parte del hábitat tradicional local en el valle de Elda. Todavía quedan vestigios en las faldas del Bolón o en la Tafalera. También merece la pena recordar algunas cuevas que fueron usadas de forma temporal, estacional o esporádica, como refugio o escondrijo, posiblemente en períodos donde el miedo, la guerra, la represión, la inseguridad o, simplemente, la huida, motivaron su utilización, como en el entorno de la Huerta Nueva y de la Casa Colorá. Por ejemplo, Emilio Gisbert nos cuenta la existencia en una casa-cueva de un molino harinero clandestino en la Elda de la posguerra. Y, por qué no, incluir en este muestrario la morada de Joaquín Payá, el  Tarzán del Pantano, completando, como se ve, un panorama del mundo subterráneo local muy variado y heterogéneo.

Concluyo reiterando que, en realidad, a pesar de esas informaciones, falta mucho por saber. Prácticamente casi todo. Y que el valor histórico y patrimonial de estos hallazgos es dispar. La generación de eldenses que vivió o conoció de primera mano algunas de estas historias y leyendas sobre túneles, pasadizos o refugios está desapareciendo. Por eso invito de nuevo a que los conocedores de información la pongan en común siguiendo la estela de Francisco Figueras Pacheco en el apartado dedicado a Elda de su Geografía del Reino de Valencia (1913), cuando recogía una vieja tradición local que afirmaba:

“Próximo á la ciudad, consérvase un viejo castillo de los Condes de Cervelló, que se comunica con una casa de la calle Nueva, por medio de un anchuroso camino subterráneo”.


Detalle del interior de las Galerías de Jesús 

Comentarios  

0 #2 Juan Carlos Márquez Villora 19-05-2015 20:02
Muchas gracias por la información, Fernando. Tomamos nota de tu comentario. Sería importante si además pudieras más o menos estimar o precisar la fecha en la que bajaste y nos lo comentas, y así vamos completando la información que tenemos sobre cada refugio.
+1 #1 Fernando Cabrera 12-05-2015 18:46
Cuando de niño vivía en la calle del castillo junto al horno de Juan José, se hicieron unas obras en la plaza de arriba y quedo al descubierto el refugio y durante algunos días bajábamos y recorrimos el refugio imaginando todo tipo de aventuras.

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Acerca del autor

Autor: Juan Carlos Márquez

Comparto con vosotros en este blog unos cuantos años de recorrido y de práctica profesional pública y privada en los campos de la Arqueología, la Historia y la Gestión del Patrimonio Cultural. He pasado por experiencias docentes en las aulas universitarias y por proyectos de investigación dentro y fuera de España. Desde 2003, como arqueólogo del Ayuntamiento de Elda (Alicante), tengo la oportunidad de trabajar para mi ciudad e ir redescubriendo, paralelamente, su historia y sus tradiciones, su pasado. Me apasiona la investigación histórica y la dimensión científica de la Arqueología y del Patrimonio Cultural. No obstante, en los últimos tiempos he orientado mi tarea, por un lado, a la vertiente divulgativa de la historia y del patrimonio eldense, y, por otro, a la gestión destinada a su conservación, creo que por responsabilidad y casi por imperativo profesional.

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