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Castillo-Palacio de Elda visto desde Santa Ana

Poco podían imaginar los pioneros de la fiesta de Moros y Cristianos de Elda, allá por los primeros y duros años de la posguerra, el papel y la importancia que iba a tener esta celebración en nuestra ciudad 70 años después, a inicios del siglo XXI. Es evidente que, tanto para los partidarios como para los críticos de la dimensión que ha adquirido esta fiesta en la vida de Elda, se ha convertido en algo más que una manifestación del folklore popular. Es un auténtico referente y fenómeno local que moviliza personas y recursos durante todo el año festero, marcando con su propio calendario una parte importante de nuestra agenda anual. 

En estos días de Moros y Cristianos, aunque pudiera parecer un catálogo de obviedades, recordamos que la fiesta es, fundamentalmente, un evento donde el acento está en su dimensión social y religiosa. Como no soy experto en el mundo festero ni en antropología cultural, apenas entraré en más precisiones. Pero sí parece claro que los Moros y Cristianos, como otras festividades locales, no son sólo folklore. También son patrimonio cultural, o, al menos, poseen una dimensión cultural. Esta dimensión cultural coexiste también con otras, como la económica o turística, por citar algunas. De hecho, recientemente la Generalitat Valenciana ha declarado genéricamente las fiestas de Moros y Cristianos como Bienes Inmateriales de Relevancia Local del Patrimonio Cultural Valenciano, reconociendo explícitamente esa vertiente histórica y cultural. Y, además, por ejemplo, cómo olvidar los vínculos ab origine entre fiesta y música, que, por otro lado, también es una manifestación cultural.

Por eso me interesa subrayar las posibilidades de enriquecimiento mutuo que existen entre el mundo de la fiesta y el patrimonio histórico y cultural de Elda. De hecho, una de las grandezas de la fiesta es su capacidad de aglutinar e integrar. Y, desde luego, el patrimonio histórico de Elda necesita, entre otras muchas cosas, estar integrado en el pulso y la vida cotidiana de la ciudad. La fiesta necesita, a su vez, un patrimonio más y mejor cuidado para dignificarla, para darle más autenticidad, personalidad y estilo propios, calidad, forma y fondo ambiental. A medio y largo plazo, el paisaje de la fiesta debe incorporar más, a lo largo del calendario anual festero, los monumentos y espacios del patrimonio cultural.

Es evidente que esta imbricación entre fiesta y cultura-patrimonio ya existe. No vamos a descubrir ahora el Mediterráneo. Sin ánimo de ser exhaustivo, algunas comparsas, como la de Piratas y la de Cristianos, celebran desde hace años sus semanas culturales, con una presencia notable en sus actividades de la historia y el patrimonio local y comarcal…Las comparsas y la Junta Central tienen también comisiones orientadas genéricamente hacia el ámbito de la cultura. La propia Junta Central ocupa un edificio de cierto valor cultural. Pero creo que es fundamental reforzarestos lazos, en los plazos que sean oportunos, apostando institucionalmente por la recuperación de monumentos, edificaciones y espacios que forman parte de la geografía y de los momentos de la fiesta de Moros y Cristianos.

Pensemos, por ejemplo, en una iglesia de Santa Ana que active su modesto pero singular patrimonio histórico, artístico y cultural. Por ejemplo, la colección de imágenes, piezas y objetos de arte sacro que se conserva en el templo. O el magnífico reloj que existe semiabandonado en una de las torres del templo. Pensemos en el área de la ermita de San Antón, el corazón de la Elda medieval, con los hipotéticos restos de la antigua ermita o de la mezquita vieja recuperados y puestos en valor, como parte del propio discurso de la fiesta. Pensemos en algunas de calles del maltrecho Centro Histórico (Colón, Nueva, San Francisco, Independencia…) con las edificaciones tradicionales cuidadas y mantenidas, como escenario del traslado del Santo, la recogida del estandarte, los alardos, la diana festera o la procesión. Pensemos en la Plaza de Arriba (hoy Sagrado Corazón) recuperando su auténtica morfología como espacio tradicional, hoy diluida. O la Plaza de Abajo (Constitución) con el refugio de la guerra civil abierto al público.Pensemos, en definitiva,en una activación del patrimonio cultural de la ciudad, museos incluidos,con uno de sus momentos singulares coincidiendo con las celebraciones de Moros y Cristianos. 

Ermita de San Antón

Concluyo diciendo que uno de los desafíos en este tándem fiesta-patrimonio, dirigido sobre todo hacia los poderes públicos de la ciudad, es incorporar el castillo-palacio de Elda al mundo de los Moros y Cristianos. Este uso festivo y festero del castillo ya se ha propuesto muchas veces: forma parte del imaginario de muchos eldenses que aspiran a enriquecer la vida de la ciudad.No se trata de poner el patrimonio al servicio de la fiesta, ni de transformar el monumento exclusivamente para la fiesta, o solo para la fiesta, sino integrar su recuperación en un planteamiento global respetuoso con la conservación del alcázar, que contemple, necesariamente, también, su uso público y colectivo. En este contexto, viejo palacio condal de los Coloma que reivindicamos es un potencial contenedor de ciencia histórica, cultura, ocio y fiesta, puntal de la recuperación del Centro Histórico, y mirador privilegiado para la contemplación de la ciudad y de parte del valle.

Dicho esto, alguno seguirá pensando que, al fin y al cabo, la fiesta es la fiesta, y que no conviene mezclar o hacer experimentos con lo que va bien, por si acaso… Pero creo que está en nuestra mano trabajar para potenciar los lazos entre la fiesta y el patrimonio histórico como una necesidad y parte esencial en el futuro de ambas realidades en nuestra ciudad. No sé si eso dará dinero, pero creo que nos hará más ricos.

Iglesia de Santa Ana