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Hacha neolítica del Chorrillo

¿Qué pueden tener en común un hacha neolítica de piedra, fechada hace más de 6.000 años, y una modesta central hidroeléctrica de inicios del siglo XX? La respuesta a esta pregunta la tenemos en la partida rural del Chorrillo, pasado el puerto de la Torreta, entre la carretera de Elda a Sax y la vía del ferrocarril. El paraje, regado por el Vinalopó, es el origen y lugar de hallazgo de estos dos elementos integrantes del patrimonio histórico eldense. El Chorrillo es, además, uno de los grandes desconocidos de nuestra arqueología e historia. 

Separados por miles de años, el hacha y la central hidroeléctrica se colocan en los extremos de un camino que nace en el Neolítico y termina en el mundo contemporáneo. De la Prehistoria a la era industrial, ambos son signo y símbolo de un recorrido histórico del que somos herederos. El hacha del Chorrillo –o del Chopo, el paraje concreto del hallazgo-, es, a día de hoy, la pieza arqueológica más antigua del Museo Arqueológico Municipal, testimonio casi virtual de los orígenes del poblamiento prehistórico en el término de Elda. Permite plantear la hipotética existencia de un pequeño asentamiento de agricultores y ganaderos que ocupó con sus cabañas las riberas del Vinalopó en el V milenio antes de Cristo aprovechando la presencia de agua, vegetación abundante, caza y tierras cultivables.

Nuestra historia, la historia de Elda, comienza aquí, en el fértil Chorrillo. Pero no todo se reduce a estos dos pequeños retazos de arqueología prehistórica y de arqueología industrial. De hecho, entre nuestros orígenes y la llegada de la electricidad, este lugar tiene algo más que ofrecer. A lo largo de la Antigüedad, por ejemplo, el paraje fue ocupado especialmente durante los períodos ibérico y romano. El yacimiento arqueológico del Chorrillo es la prueba de un asentamiento humano que fue significativo entre los siglos VI y IV antes de Cristo, y que controló el territorio agrícola circundante, probablemente dependiente de El Monastil. Del yacimiento destacan los vestigios de un antiguo edificio construido sobre un pequeño montículo situado entre el río, en su margen izquierda, y la vía férrea. El edificio, dividido en tres estancias, muestra influencias arquitectónicas procedentes del Mediterráneo oriental, y pudo ser parte de un lugar sagrado -un templo o un santuario-, o de un lugar de representación político-religiosa. Conserva únicamente algunos de sus muros, prácticamente arrasados, y 22 orificios circulares recortados, probablemente para anclar postes sustentantes. El llano circundante ha proporcionado, además, modestos hallazgos de cerámica de la Edad del Bronce y de las épocas romana y medieval.

Vista general del Chorrillo

El edificio ibérico del Chorrillo se encuentra vallado desde hace años por iniciativa del ayuntamiento de Petrer, si bien la cerca necesita una urgente reparación. Las ruinas muestran un delicado estado de conservación que exige una actuación de protección y conservación preventiva. Uno de sus inconvenientes, por el tránsito ganadero originado, es que se sitúa en pleno recorrido de otro elemento clave del paisaje local: la Cañada Real de Andalucía a Valencia, propiedad de la Generalitat Valenciana, y una de las principales rutas históricas de la trashumancia a su paso por Elda. 

A poca distancia, en la ribera derecha del Vinalopó, se ubica el caserío de la Muda, un asentamiento rural originado, como mínimo, entre los siglos XVIII y XIX en torno a un antiguo camino que procedía de la Torreta y Camara con destino al Chorrillo y al molino del Barranquet. El lugar todavía conserva restos de la antigua noria del Chopo, activa hasta la década de los 40 del siglo pasado, con la finalidad de extraer aguas para poder regar las tierras aledañas. El conjunto merece atención a pesar de su mal estado de conservación y el abandono de varias de sus casas e instalaciones. En ese sentido, reproduzco la propuesta del Catálogo de Bienes y Espacios Protegidos de Elda al respecto:

“se trata de un modesto asentamiento (…) histórico, representativo de una tradición secular de ocupación y explotación del territorio, merecedor de la continuidad de uso (...), compatible con la conservación, recuperación y rehabilitación de sus inmuebles constitutivos”. 

El paisaje del Chorrillo se enriquece, además, con varios elementos con un gran valor simbólico tradicional, aunque sean de modestas construcciones. Se trata de los mojones de  calicanto que delimitan históricamente el término municipal de Elda. Sus orígenes son imprecisos, aunque su antigüedad se remonta, al menos, a la Edad Moderna. Sobresale de manera especial el mojón que fija el límite entre Elda, Sax y Petrer, así como una serie de cuatro de estas pequeñas obras de amojonamiento que, en dirección oeste, se ubican en las partidas vecinas de El Toyo y Camara Alta. Un último mojón histórico, marcando la separación con Petrer, se ubica en El Barranquet, junto a las ruinas del antiguo molino harinero y del puente del mismo nombre. El molino, sin duda, tiene profundas raíces en el tiempo: bien puede tratarse del que aparece en el documento de separación de lindes de las villas de Elda y Petrer de 1703, expedido por el conde de Elda, donde se cita el molino de pólvora de Alonso Navarro. El puente, de sillería y un solo ojo, fue construido entre 1856 y 1857 como parte de las obras de ingeniería del trazado del ferrocarril Madrid-Alicante. 

El lugar también tiene sus pequeñas incógnitas para la investigación histórica. Queda pendiente, por ejemplo, la localización de la ermita del Chorrillo, que, según algunas fuentes orales y escritas, funcionó como pequeño centro religioso de esta área, y que está todavía sin identificar con precisión, tal vez destruida o enmascarada en edificaciones contemporáneas. O la identificación de las ruinas del pozo de nieve que estuvo activo, al menos, entre los siglos XVIII y XIX, y que quizá forme parte actualmente de una alberca construida parcialmente con materiales de este nevero tras su desuso.

Detalle de la fábrica de la luz del Chorrillo

En este itinerario histórico y patrimonial por el Chorrillo, siguiendo en la margen derecha del río, llegamos al siglo XX. Con esta centuria vino la electricidad, que cambió progresiva y radicalmente la vida de nuestros antepasados más cercanos. Aquí, el patrimonio etnológico local tiene una de sus mejores muestras en la antigua fábrica de la luz. Se trata de una pequeña central hidroeléctrica construida en 1907 por la compañía Luz Elda S.A. sobre un antiguo molino hidráulico. Funcionó a lo largo de algunas décadas, y, además, durante años mantuvo una competencia con su homóloga ubicada frente al yacimiento arqueológico El Monastil, aguas abajo del Vinalopó. Esta obra conserva los restos de la pared de la antigua fábrica, así como un llamativo acueducto y una conducción que dirigía el agua hacia las turbinas emplazadas en la rambla contigua para producir la energía eléctrica. 

Precisamente durante las tareas de construcción de esta instalación, en 1906, y a una profundidad de unos 8 metros, tuvo lugar el hallazgo de un toro ibérico de piedra, actualmente en paradero desconocido. Tal vez en manos de un coleccionista privado, o en los almacenes de algún museo de Valencia o Barcelona, el conocido toro del Chorrillo es una auténtica joya del arte ibérico, testimonio de un monumento funerario o de una construcción arquitectónica de carácter aristocrático. Sea cual fuera su función primitiva, habría que rescatar para la arqueología local esta pieza singular, siguiendo su pista perdida hace muchas décadas. Reivindicado también por otros municipios, como Petrer o Sax, hay que recordar, sin embargo, que la escasa documentación que refiere el hallazgo apunta a que se produjo en el término de Elda.

Toro ibérico del Chorrillo

Como colofón del muestrario de patrimonio que se condensa en el Chorrillo, damos un salto en el tiempo y nos vamos a hace millones de años, mucho antes de la aparición del hombre. Y encontramos, insospechadamente, el único yacimiento paleontológico con restos de vertebrados en el término de Elda, catalogado recientemente, y caracterizado por la presencia de dientes de tiburón del género Isurus, que se suelen datar en el período Neógeno. 

En definitiva, visitar el Chorrillo es acercarnos a nuestros orígenes. A pesar de su problemático estado de conservación y de su abandono generalizado, el patrimonio histórico del Chorrillo nos revela un lugar especial por la concentración de hitos y referentes locales y comarcales. Una vez más, conocer ese patrimonio es sólo un primer paso para tomar conciencia, proteger, conservar y valorizar una parte importante de nuestra historia.