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Valle sin clan

Literatura

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Hace tiempo que deseaba escribir una entrada sobre la importancia de la lectura por tantas y tantas razones, todas ellas beneficiosas, sobre todo después de leer la noticia a comienzos de año donde se recogen valiosos datos del barómetro del CIS referidos a nuestros hábitos lectores. La casualidad hizo que buscando la imagen de la portada de un suculento ensayo de Ítalo Calvino me encontrase con lo que a continuación les ofrezco.

Enlace.

Pero antes de pasar a ver las imágenes que he seleccionado de dicha página, cojan papel y lápiz y escriban esas diez razones que les llevan a pensar que leer es importante y merece la pena. No lo piensen demasiado; simplemente expongan qué les mueve a coger un libro, sentarse cómodamente y empezar a leerlo. Una vez escrita su lista de diez razones, disfruten leyendo las 2 imágenes que vienen a continuación:

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Cartel Día Mundial de la Poesía 2016.

Cada año, desde 1999, en el que fue instituido el Día Mundial de la Poesía por la UNESCO, y coincidiendo con la entrada de la primavera el 21 de marzo, muchas ciudades en todo el mundo realizan recitales, encuentros, talleres, etcétera. para recordarnos la importancia del género poético. Algo ya resaltado en la propia declaración de la UNESCO: “La poesía es una manifestación de la diversidad en el diálogo, de la libre circulación de las ideas por medio de la palabra, de la creatividad y de la innovación”. Y añade poco después que  con la celebración de este Día se trata de “promover la enseñanza de la poesía; fomentar la tradición oral de los recitales poéticos; apoyar a las pequeñas editoriales; crear una imagen atractiva de la poesía en los medios de comunicación para que no se considere una forma anticuada de arte, sino una vía de expresión que permite a las comunidades transmitir sus valores y fueros más internos y reafirmarse en su identidad; y restablecer el diálogo entre la poesía y las demás manifestaciones artísticas, como el teatro, la danza, la música y la pintura”.

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-LO BUENO SI BREVE-

Baltasar Gracián (1601-1658) nació en Belmonte de Calatayud (Zaragoza).

Dos son las obras esenciales, entre un conjunto mucho más extenso donde El Criticón ocupa un lugar cimero, de este jesuita testarudo e insumiso  para el tema que nos ocupa: Oráculo manual y arte de prudencia (1647)  y Agudeza y arte de ingenio (1648); este último, como versión revisada y ampliada de un texto de 1642. No sólo porque desgranó los rasgos estilísticos más adecuados e incisivos para la preceptiva literaria barroca o porque los pusiera en práctica en la presentación y comentarios a los trescientos aforismos que constituyen el Oráculo manual. La finalidad práctica de sus aforismos, su extremada concisión o la desvinculación del principio de autoridad marcan un antes y un después en la evolución del género. Gracián se dirige al hombre común, aunque culto, con la pretensión de orientarle -con un estilo agudo, compacto y sutil- en ese mundo aparente, enrevesado y expuesto a sucesivas crisis.

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Lawrence Ferlinghetti ante su librería City Lights en los años cincuenta

Hace unos días leí en la prensa una entrañable entrevista con Lawrence Ferlinghetti, el último poeta vivo de la generación beat. A sus 96 años, sigue intacto ese vigor contestatario y contracultural que marcó un antes y un después en la poesía norteamericana del siglo XX. La publicación en su editorial de Aullido, de Allen Ginsberg, el poeta más emblemático de su generación, lo sentó en el banquillo en una etapa de censura y caza de brujas implacable. El hecho de ganarlo permitió la edición de libros hasta entonces prohibidos y la consagración de Ginsberg. De hecho, y como afirma Ferlinghetti, el libro “se llevó por delante un tipo de poesía muy académica que había entonces, muy poco excitante”. Palabras que me llevan al excelente trabajo de Kevin Power, Una poética activa, cuya publicación en España supuso en 1978 un profundo conocimiento de la poética y los poetas que en los años cincuenta y sesenta revolucionaron la poesía estadounidense y tanto influyeron en el resto del mundo.

Nacido en Nuva York en 1919, en 1952 se establece en San Francisco donde funda la librería y la editorial City Lights,en la que publicó sus obras y las de los poetas beat. Ironía, inteligencia y compromiso son fundamentales para interpretar una extensa obra poética en la que sin duda sobresale el libro Un Coney Island de la mente(1958), del que se han vendido más de un millón de ejemplares. En sus poemas, como en los del resto de poetas beat, la oralidad del bardo y los ritmos respiratorios serán esenciales, como el impacto de sus mensajes o la mezcla en ellos de contenidos eruditos con otros populares. Como afirma Esteban Moore, uno de sus traductores, “la obra de Ferlinghetti refleja el mundo que le rodea visto con la mirada crítica del desencanto, sobre todo la política y la sociedad de su país. El “sueño americano” se desmorona entre sus estrofas, con las que muestra los errores y horrores que ve, a la vez que anhela un mundo diferente a esa desagradable realidad que le rodea”. Porque el americano pretende un poema que“con su energía crítica opere sobre el mundo y el espíritu de los hombres”.

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El narrador oral para niños y adultos Carlos Acevedo

Cada vez es más común que ya en la cama, y tras preguntarle a nuestro hijo qué cuento quiere para dormirse, le pongamos en la tablet  el cuento que ha elegido (un enlace a You Tube donde verá una película de dibujos animados de Caperucita Roja en veinte minutos) mientras nosotros seguimos a lo nuestro. ¿Es esta una opción lógica y equiparable a la fórmula tradicional de contarles ese mismo cuento nosotros?

El chileno Carlos Acevedo, un reputado narrador oral, resume de un modo poético pero muy convincente el origen y la necesidad de nuestra narración oral:

“Desde el mismo origen de la humanidad, no del hombre o la mujer, sino de la humanidad en el concepto social o de grupo, la narración como hecho comunicativo, fue una necesidad, menos que arte u oficio, una necesidad. Pero cuando la necesidad básica estuvo satisfecha y defino por satisfecha a la impronta de preguntas y respuestas concretas, algo sucedió… Ese suceder tuvo relación con completar en palabras, gestos, representaciones, una realidad no palpable, tangible para él o los otros, tuvo que ver con re-crear (hermoso concepto) una realidad y allí, en esa ampliación de recursos para hacerse entender al grupo, surgen los narradores”.

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-ESTANTERÍA DE AUTORES ELDENSES-

Presentación de su último poemario en el Casino. Junio de 2007

No hay motivo para no compartir el aserto de Consuelo Poveda según el cual Antonio Porpetta es el poeta eldense más importante de todos los tiempos. Su dilatada trayectoria, con una docena de poemarios y un bagaje de premios y reconocimientos considerable, se ha sustentado en una continuidad en los temas y su tratamiento así como en la persistencia de un estilo propio cuyos símbolos, imágenes, métrica y ritmo nos permiten reconocer sin dificultad la impronta, el tono sostenido de sus versos, de sus poemas concebidos como espacio cerrado, como casa propia pero cuyas ventanas están siempre abiertas a la vida, al amor y por supuesto al hombre, a los hombres, y sus adversas circunstancias en este mundo tan intercomunicado como tantas veces insensible.

 Licenciado en Derecho y Doctor en Ciencias de la Información (Filología Española),  inició su labor literaria con el poemario Por un cálido sendero (Madrid, 1978) escrito conjuntamente con Luzmaría Jiménez Faro, y al que seguirían entre otros títulos significativos: La huella en la ceniza, con prólogo de Leopoldo de Luis (Alicante, 1980); Ardieron ya los sándalos (Madrid, 1982); Los sigilos violados (León, 1985); Territorio del fuego (Madrid, 1988); Adagio mediterráneo (San Sebastián de los Reyes/Madrid, 1997); Silva de extravagancias (Madrid, 2000); Penúltima intemperie (Antología personal), con Introducción de Florencio Martínez Ruiz (Valencia, 2002); o La mirada intramuros, con prólogo de Rafael Carcelén García (Madrid, 2007). También ha publicado sendos ensayos sobre la vida y la obra de Carolina Coronado y Gabriel Miró y hay disponibles diversas antologías y estudios de su obra en los libros: Antonio Porpetta: Una voluntad poética, de R. Hiriart (Alicante, 1988); Antonio Porpetta: Memoria y presencia, de Salvador Pavía (Elda/Alicante, 1993); Antonio Porpetta: Análisis y aplicaciones pedagógicas de su obra poética, Tesis doctoral de M. Klass (Nueva York, 1998); La poesía de Antonio Porpetta: Un mar de temas y de símbolos, Tesis de licenciatura de O. Condrea (Iasi, Rumania, 2001); y Tras las huellas de Antonio Porpetta, con una introducción de Raquel Viejobueno (2012, Madrid, Eds. Pastora). Sus poemas han sido traducidos, en libro, a diez idiomas.

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-LO BUENO SI BREVE-

Estatua de Montaigne frente a la Sorbonne en París.

 “No soy filósofo” dice Montaigne en sus Ensayos. Pero, como indica André Comte Sponville en Montaigne y la filosofía, nada más lejos de la realidad. Lo que el francés no persigue es un pensamiento sistemático que le asegure obtener la verdad y a la vez crear una escuela que la extienda y aplique a otros saberes. Para alguien  tan independiente, antidogmático, escéptico y vitalista como él pretender esto hubiese sido engañarse a sí mismo. Pero para quien leyó en profundidad a los pensadores clásicos y no dejó de reflexionar y ocuparse de sí mismo y de la vida, de su devenir y sus circunstancias, la filosofía (entendida como proceso de introspección para alcanzar el buen vivir y el buen morir) no le era en absoluto ajena.

Fue un hombre de su tiempo pero no sometido a él. Un noble  humanista con vastos intereses culturales y una actitud siempre tolerante, receptiva y crítica que le llevó a denunciar abiertamente no pocos abusos de una época donde la intolerancia religiosa, la hipocresía de su propia clase social o el naciente absolutismo eran la norma. El enfoque con el que trata temas tan personales y a la vez esenciales como la educación, la amistad o la sexualidad, su atrevimiento y cómo vacía de prejuicios sus opiniones, nos lo acercan a la época moderna mucho más que otros pensadores posteriores. Su actitud frente a la guerra, la colonización o la tortura lo convertirán en un referente para los ilustrados y los defensores de los derechos del hombre doscientos años después.

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El autor y los gramáticos en la presentación de La vida son hechos poéticos

Hacía tiempo que un fin de semana, un final de mes, no se mostraban tan prolíficos con versos y poetas por doquier. La presentación de un libro de poemas en Elda, de un colectivo de escritores en Monóvar, de un espectáculo en homenaje a la poesía de Santa Teresa en la iglesia de San Francisco o de una lectura de poemas de Rafael Alberti también allí, infundían el ritmo y la sonoridad propios de la lírica.

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Un poema no se acaba nunca, simplemente se abandona.Paul ValéryUn poema no se acaba nunca, simplemente se abandona. Paul Valéry

¿En qué momento podemos dar por concluido un texto, un proyecto, una obra de arte? Juan Ramón Jiménez, siguiendo la máxima de Valéry según la cual “un poema no se acaba nunca, simplemente se abandona”, como perfeccionista enfermizo que era, en su deseo nunca colmado por mejorar y actualizar la obra, mantuvo una continua revisión de sus escritos, incluso de los ya publicados, llegando a producir más de diez versiones de un mismo texto concreto.

En el polo opuesto estarían aquellos artistas que velan más por el impulso creativo primigenio y natural, en el momento adecuado, es decir cuando se produce una actitud receptiva, de predisposición extrema y un ritmo interior propicios para que el cuerpo en su totalidad se exprese. El pintor Jackson Pollock y los expresionistas abstractos americanos, Dubuffet o los primeros surrealistas, con Breton y su escritura automática a la cabeza, son ejemplos señeros de esta actitud más inconsciente y espontánea ante el proceso creador, menos obsesionada con la perfección del resultado estético final.

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El poeta y periodista Javier Rodríguez Marcos

Así  rezan los dos primeros versos de Vida secreta, cuarto libro de poemas de Javier Rodríguez Marcos (Cáceres, 1970), publicado en 2015, 13 años después de Frágil, el poemario que lo consagró como uno de los más emblemáticos poetas de su generación.  Trabaja como periodista en la sección de cultura de El país y, además de poesía, ha escrito algún libro de viajes, ensayos sobre arte y arquitectura y ha realizado algún que otro escarceo narrativo. Son innumerables sus críticas y reportajes publicados en torno a la literatura y el arte actuales. Él mismo lo ha dicho en una reciente entrevista para promocionar Vida secreta: “en este poemario es muy importante el contraste entre un mundo rural que está desapareciendo tal y como lo conocí y una modernidad urbana mucho más vertiginosa y descarnada”.

Y, en efecto, todo el libro se sustenta sobre un permanente juego de contrastes muy efectivos que, con ese estilo tan natural, cadencioso y esclarecedor, a base de imágenes nítidas, se van aposentando en nosotros hasta hacernos asentir que ahí está la más importante clave de lectura del libro. No de otro modo cabe entender Locus amoenus, un poema donde al paisaje bucólico propio de la poesía clásica se contrapone el de la ciudad actual con sus cementerios de escombros. En Asilo, es fortísimo el contraste entre dos mundos sin solución de continuidad. En La casa de la herida, al orden natural se opone nuestro desorden vital. Y en A una rosa, poema que parece dialogar con otro de Juan Ramón Jiménez, de la rosa natural a la de plástico, comprada en un chino, el mundo se enfría cada vez más. No tiene desperdicio el poema Solo en casa: en él, integrando a la perfección elementos de diversa procedencia, nos ofrece una imagen insuperable de ese hombre multitarea que somos hoy. En Et in Arcadia Elf, esa Arcadia feliz que los griegos identificaron con el paraíso es ahora el lugar donde se alza una central térmica. Este poema, último del libro, concluye con una resignada pero dura queja: “Ahora/ les toca a los poetas/ sacar sus conclusiones”. El paisaje que vemos, el mundo que habitamos, se nos aparece más desolador cuando miramos hacia atrás, por más trampas y traiciones que la memoria nos procure. Al fin y al cabo, dice el poeta, somos “nostalgia y cirugía”.

Acerca del autor

Autor: Rafael Carcelén

Además de disfrutar como maestro de escuela, me encanta escribir. Y leer. Y subir los montes alicantinos. Y jugar al ajedrez. Y… siempre me sigue apeteciendo aprender. Y segregar lo que aprendo -lo que vivo, lo que siento- en artículos, poemas y aforismos como éste: “¿Es imaginable la felicidad en un grano de pimienta?”

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