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Valle sin clan

Literatura

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Ana Rosa Quintana, acusada de tener un "negro" que plagió su libro "Sabor a hiel"

Desde que a la edición la mueven los resortes de la industria, vender millones de ejemplares de un libro en poco tiempo (lo que se tarda en cambiar un escaparate) es el objetivo irrenunciable para cualquier editorial que se precie. Libros autobiográficos de cantantes, presentadores, deportistas o actores en la cima de sus carreras… que casi nunca han escrito ellos. ¿Quién no recuerda el exitazo de Ana Rosa Quintana con Sabor a hiel, cuyo texto fue escrito por su excuñado y al que se acusó de plagiar páginas enteras de tres libros? Aunque la presentadora pidió perdón, antes de ser retirado Planeta se embolsó los pingües beneficios por la venta de cien mil ejemplares. Otras denuncias recientes por plagio (Jorge Bucay, Bryce Echenique, etcétera) desvelaron que detrás de los mismos estaba el negro que había escrito la obra por encargo. ¿Venganza?

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Leer en verano, en la playa, es una opción. Sin abusar

No sé para ustedes, pero para mí el verano es uno de los momentos más propicios para la lectura sosegada y prolongada a la sombra de un olivo o del parasol que más nos pueda proteger de la prisa y la vorágine. Un libro, una copa y una buena conversación fueron (no siempre en ese orden) los grandes placeres para un paladar tan exquisito como el del editor y poeta Carlos Barral. Elijan un vino bueno para degustarlo en cualquier momento. Háganlo además acompañados de buenos conversadores, disfrutando de compartir vivencias y experiencias con los demás. Y lean sin apresuramientos cuanto les satisfaga. Por si les puede servir, les informo de algunas posibles lecturas para este verano que, a mi modo de ver, merecen la pena.

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-ESTANTERÍA DE AUTORES ELDENSES-

Fachada de la Biblioteca Alberto Navarro

¿Por  qué la Biblioteca Municipal de Elda lleva el nombre de Alberto Navarro? Sin duda porque su vida estuvo completamente relacionada, de uno u otro modo, con los libros, con el periodismo, con la enseñanza y en definitiva con todo aquello que haya tenido que ver con la divulgación cultural e histórica de su ciudad, desde su más rabiosa actualidad hasta la indagación en el pasado y sus tradiciones. Pero hay una razón más concreta aún: desde la revista Dahellos, fue uno de los impulsores de la Biblioteca Municipal que finalmente se crearía en 1954 en el salón de actos del colegio Padre Manjón y cuyo primer bibliotecario -sin ningún tipo de remuneración- fue precisamente Alberto Navarro hasta el año 1976. Además, dicha Biblioteca custodia hoy su vasto legado que él mismo donó a la ciudad.

Siendo el menor de tres hermanos, Alberto Navarro Pastor nació en 1921 en la calle Colón, en el seno de una familia de clase media. De formación autodidacta, desde muy joven estuvo interesado por la historia de Elda y los eldenses. Pese a ser fundador de varias publicaciones periodísticas y haber escrito multitud de artículos en revistas locales y provinciales, apenas concedió entrevistas, haciendo gala de una discreción que le mantuvo ajeno al protagonismo en los medios. Funcionario de la Seguridad Social en jornada continua, prefirió dedicar a la investigación, el coleccionismo o los viajes el tiempo que le dejaban sus muchas actividades. 

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“Nunca se debe ordenar leer un libro a nadie. Lo mejor es sugerir, mostrar, indicar aquellos libros que nos parecen los mejores para que nuestros hijos y alumnos, se diviertan y aprendan” 

Gianni Rodari

En la encuesta que mencionaba hace dos semanas, el 23% de los encuestados declaraba que sus padres les leían a menudo cuentos en la infancia y un 20% que sólo de vez en cuando. Les obligaban a leer en el colegio o en el instituto al 48% y al 42% le animaban a leer habitualmente. Lo que indica que no debemos dejar de promover el hábito lector ni en [email protected] [email protected] ni en [email protected] [email protected]. Desde casa y desde las escuelas, el acuerdo es unánime, los debemos animar a leer. Pero ¿cómo? Y a leer ¿qué? 

Como amar o soñar, el verbo leer no soporta el imperativo, la imposición, la obligatoriedad. Lo dice, además de Rodari en la entrada de este artículo, Daniel Pennac al comienzo de su libro Como una novela, imprescindible para conocer y valorar los aspectos a cuidar para estimular a la lectura o nuestros derechos como lectores. A los padres y las madres es bueno que nos vean leer, que les leamos cuentos, poemas e historias, que les contemos cuentos, que incluso compartamos lecturas con ellos o nos interesemos por las que ellos realizan, que los acompañemos a la biblioteca del barrio para hacernos el carnet de préstamos o que nos acerquemos con ellos a la librería, que analicemos juntos pasajes o párrafos para ellos significativos y que, además de leer, también los animemos a escribir. Estas son, entre tantas otras, algunas de las pequeñas cosas que podemos hacer para animar a leer a [email protected] [email protected] Respetar sus gustos, su ritmo lector, su decisión de no terminar un libro si no les llena y evitar minusvalorarlos por no leer lo suficiente o aquello que para nosotros es imprescindible, son actitudes básicas para promover un buen hábito lector.

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-LO BUENO SI BREVE-

Lao Tse y Confucio

Nuestra era vino precedida por el florecimiento de importantes civilizaciones que, además de otras muchas cosas, aportaron una nueva visión del mundo. Sin los avances en Egipto y Mesopotamia, sin la perspectiva  védica o brahamánica de los hindúes o la sabiduría de los chinos más antiguos, resultaría difícil entender el surgimiento del pensamiento filosófico en torno al siglo V a.d.C. tanto en el lejano oriente (Taoísmo, Confucianismo, etcétera) como en el mundo occidental (Siete sabios, presocráticos, Sócrates, Platón, etcétera). Elegir a Lao Tse en representación de todos ellos es aleatorio, pero no cabe duda de la originalidad de su visión y del estilo tan personal e innovador que utilizó.

Nada de lo que sabemos sobre él es seguro. Ni su nombre siquiera, que significa “Anciano Maestro”. Los expertos se decantan por ubicarlo en el siglo IV a.d.C., contemporáneo de Confucio aunque mayor que él. Parece ser que fue archivero de la biblioteca imperial y es ahí donde coincidirá con Confucio y discutirán durante meses sobre su diferente modo de entender el mundo, reprochándole el taoísta su estilo pomposo y grandilocuente. Otra leyenda sostiene que, tras renunciar a su puesto harto de las intrigas palaciegas, al cruzar el paso fronterizo el guardián le pidió que antes de marcharse al destierro en las montañas se quedase un año en su casa y dejase constancia escrita de su sabiduría, que hasta entonces había transmitido de forma oral únicamente. Así nacería el Tao Te Ching  (Libro del camino y la virtud) o simplemente Libro del Tao, aunque los especialistas -como en el caso del Antiguo Testamento- hablan de un texto escrito por varios autores anónimos y al menos en dos momentos diferenciados.

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Manuscrito de una comedia de Lope de Vega

He aquí una pregunta que antes o después el escritor se formula y cuya respuesta no es unánime. Dos ejemplos diametralmente opuestos entre muchos posibles: si Lope de Vega escribió según él mil quinientas comedias aunque se hayan conservado unas quinientas, al poeta Jaime Gil de Biedma le bastó con publicar cuatro libros de poemas para ejercer una influencia en sus herederos ya legendaria. El ínclito Joseph Joubert (1754-1824) recomendaba una posición comedida: “Escribiendo demasiado arruinamos nuestro espíritu; no escribiendo, lo oxidamos”.

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Terminado, el libro empieza. Lo dice Carlos Fuentes

Cada año, los datos sobre índices de lectura y hábitos lectores en España nos asoman a un catastrofismo que, utilizando la terminología de José Mota, resulta ya cansino. Es verdad que un 35% de los ciudadanos no leen nunca o casi nunca ni un libro ni un periódico, pero entre el resto, el 30% lee prácticamente a diario. Y además, el índice de lectores habituales de un 63% no se aleja tanto de la media europea, de un 70%. En cuanto a las cantidades,  si en España leemos 9 libros al año de media, los finlandeses leen 47. En todo caso, para mí, lo interesante del sondeo del CIS es conocer qué leemos, cuáles son nuestros gustos o qué causas llevan a que uno de cada tres españoles nunca lea un libro.

Antes, y para contextualizar nuestro interés por la lectura entre el resto de las  manifestaciones culturales, leer nos interesa mucho al 27%, tras escuchar música (31%) y por delante del cine (24%). La lectura, según este sondeo, nos reclama mucho más interés que el teatro, las artes plásticas (pintura, fotografía) o la danza. Parece clara la intencionada desidia para que la cultura en general y sus vástagos más pobres en particular (teatros, ballets, museos, exposiciones, etcétera) naufraguen.

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Cartel de la comedia de Shakespeare, en el Festival Clásico Chinchilla.

Sirva este título como homenaje a la comedia de Shakespeare que vi con Juan Vera, este lunes 27 de junio, en el Festival de Teatro Clásico de Chinchilla en la excelente versión del grupo Metatarso, bajo la dirección de Darío Facal, y que desde luego nadie se debería perder cuando llegue en octubre al Teatro Castelar. Dos horas de espléndida interpretación y risa de la buena.

Llega el momento de ir pensando en nuestras vacaciones, dónde vamos a ir o qué vamos a leer. Sin duda, todos tenemos algún libro en la mesita de noche que quisiéramos haber leído ya pero que por distintas razones no hemos podido hacerlo aún. Además de esos, que son ineludibles, en esta entrada previa al descanso estival me gustaría proponer algunas lecturas concretas y mencionar varias páginas web donde se pueden encontrar varias ofertas sustanciosas y apetecibles.

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Eduardo Mendoza, el pasado mes de marzo en San Juan de Puerto Rico.

Con sus habituales ironía y ánimo de provocar, Eduardo Mendoza removió las plácidas aguas del mundo editor al asegurar en marzo pasado que se publican muchos libros y que la gran mayoría de ellos no sirven para nada porque son una birria. Se lio buena. Hubo quien vio en sus palabras una crítica velada a los jóvenes novelistas o quien lo interpretó como una boutade cuya intención era animar a un debate necesario que gire una vez más en torno a la permanente devaluación del fenómeno literario en sus distintos ámbitos: el de los autores, los lectores y los editores. Impera la idea de que se escribe mucho, se publica todo y no se lee casi nada. 

Desde luego, quizás no esté dicho en los términos políticamente más correctos, pero a poco que lo pensemos, uno concluye que Mendoza no exagera. Se publica y autopublica demasiado, todo lo que se escribe sin apenas filtros de ninguna clase. Y, ante todo, quizás convenga diferenciar al menos dos aspectos: escribir es un ejercicio terapéutico de primer nivel, una labor que nos ayuda a conocer y conocernos mucho más y mejor al tiempo que contribuye a estructurar nuestro pensamiento de un modo más claro y organizado; pero ¿basta con esos ingredientes para publicar los productos generados? ¿Se puede considerar interesante y/ o literario un texto que permanece en este estadio o hace falta algo más para tal consideración?

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Hans Kung y Marc Antoni Broggi.

Da a cada uno, Señor, su propia muerte,

la muerte que deriva de su vida,

esa vida en que hubo amor, pena y sentido.

R.M. Rilke, Libro de las horas

Como sugieren estos versos, y contemplando nuestra tradición occidental en toda su dimensión, si desde hace siglos consideramos auténticamente humana la vida que se vive dignamente, por qué no exigir de igual modo que la muerte nos llegue con la misma dignidad. Ante un tema tabú en nuestro país como el de la eutanasia, siempre es de agradecer la aportación de aquellos textos que contribuyen a enriquecer y animar un debate tan necesario como ya irremplazable. En esta entrada me referiré a dos libros recientes, valiosos e ineludibles: el último del teólogo de origen suizo Hans Kung, Una muerte feliz, en la editorial Trotta, y el publicado en 2013 en Anagrama por el cirujano y presidente del Comité de Bioética de Cataluña Marc Antoni Broggi, Por una muerte apropiada.

Acerca del autor

Autor: Rafael Carcelén

Además de disfrutar como maestro de escuela, me encanta escribir. Y leer. Y subir los montes alicantinos. Y jugar al ajedrez. Y… siempre me sigue apeteciendo aprender. Y segregar lo que aprendo -lo que vivo, lo que siento- en artículos, poemas y aforismos como éste: “¿Es imaginable la felicidad en un grano de pimienta?”

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