SEMANARIO DE INFORMACIÓN LOCAL, DEPORTES Y ESPECTÁCULOS

Fundado en 1956
Visto: 409
Compartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en Google PlusCompartir en WhatsApp

-EL DINOSAURIO TODAVÍA ESTABA ALLÍ-

Tomás Borrás y Juan Ramón Jiménez están entre los precursores del microrrelato español

Siguiendo con el tema tratado en este bloque sobre el origen y la evolución en Hispanoamérica, el título elegido hace clara referencia a la influencia e impacto de autores hispanoamericanos de distintas épocas (Rubén Darío, Borges, Monterroso, etc.) en el desarrollo y la consolidación de los microrrelatos en España. Aunque también hayan contado y mucho en esta evolución los propios autores españoles que fueron legando a los escritores más jóvenes auténticas piezas maestras.

Igualmente aquí en España –como veíamos en la entrada referida a la evolución del microrrelato en Hispanoamérica- cabe hablar de precursores, clásicos y afianzadores. Incluso, en dos entradas posteriores trataremos la gran vitalidad que tiene hoy el género en España o el impacto presente y que se proyecta claramente hacia el futuro de la obra del cordobés, afincado en Murcia, Manuel Moyano.

Por partes. El influjo de Azul y el afán de búsqueda de los modernistas junto al impulso de las vanguardias, tuvieron también en España un papel decisivo para el nacimiento de un género que, no sin vacilaciones, ya estará presente en los Cuentos largos de J. R. Jiménez (el primero de ellos escrito en 1906 y que se considera pionero) o en algunos textos del lúdico vanguardista y creador de las greguerías, Ramón Gómez de la Serna. No se puede hablar de género con entidad propia, pero la intención irá creciendo en autores como José Moreno Villa, Jiménez Caballero o José Bergamín. No olvidemos que el 27 se abrió a la experimentación de todo tipo, y por eso no son extrañas las incursiones de Lorca, Buñuel o Tomás Borrás en la minificción.

Este último será un autor de referencia y servirá de nexo con las contribuciones al género de Ana María Matute, Max Aub o Ignacio Aldecoa ya en los años cincuenta del siglo pasado. Libros como Los niños tontos, de Matute o Crímenes ejemplares de Max Aub, junto a la inmensa aportación coetánea de postistas (Arrabal, Fernández Molina, Antonio Beneyto…) y autores como Alfonso Sastre, Gonzalo Suárez o José María de Quinto resultarán decisivos. Fantasía y experimentación serán constantes en el microrrelato español. Donde además, simbolismo, expresionismo, elipsis, el gusto por lo absurdo y el humor negro irán consolidándose entre estos autores clásicos del género en nuestro país.

Alfonso Sastre, Josefina Aldecoa, José María de Quinto y Rafael Sánchez Ferlosio

Una consolidación que se formalizará ya en los años ochenta y noventa del siglo pasado con escritores de la talla de Javier Tomeo, Luís Mateo Díez, Rafael Pérez Estrada, Julia Otxoa, Juan Gracia Armendáriz, Hipólito G. Navarro o Juan José Millás, por citar a unos cuantos. En ellos ya es reconocible el género en sus rasgos esenciales, ensanchando el afán de experimentación que lo caracteriza, la búsqueda de elementos narrativos específicos (esquematismo, intertextualidad, sorpresa…) y la injerencia en otros géneros (poesía, ensayo, artículo periodístico, etc.) como nunca antes.

En el siglo XXI el género gozará en España de una repercusión y una popularidad desconocidas. A la hornada de jóvenes autores que trataré en la próxima entrada de este bloque, hay que añadir a figuras ya consagradas en la narrativa como José María Merino, Juan Pedro Aparicio y Luciano G. Egido, que hacen su incursión en el relato hiperbreve, aportando, además de textos muy valiosos, estudios y análisis decisivos -en el caso de los dos primeros- para el desarrollo del género.

 

José María Merino y Julia Otxoa, dos microrrelatistas actuales de primer nivel.

Siguen seis microrrelatos de distintos momentos evolutivos del género en España:

 

LA MISIÓN DEL HÉROE

El héroe tenía una misión que cumplir. Armando y con el caballo a la puerta, iba a partir para salvar a su pueblo. La esposa le imploró que renunciara a la hazaña:

–Puede costarte la vida. Confórmate con la vida y con el amor –le repetía llorosa, inclinada.

El héroe, para cumplir con su deber, sacó la espada y mató a la esposa, obstáculo, razón, debilidad.

Al volver a su hogar, después de la victoria, el héroe mandó encender el fuego y quemó, hasta carbonizarla, su mano derecha.

Tomás Borrás

 

 

HABLABA, Y HABLABA

Hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga a hablar. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo. Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar: se le reventaron las palabras por dentro.

Max Aub

 

NAGASAKI

Me llamo Yanajido. Trabajo en Nagasaki y había venido a ver a mis padres en Hiroshima. Ahora ellos han muerto. Yo sufro mucho por esta pérdida y también por mis horribles quemaduras. Ya sólo deseo volver a Nagasaki con mi mujer y mis hijos. Dada la confusión de estos momentos, no creo que pueda llegar a Nagasaki enseguida, como sería mi deseo; pero sea como sea, yo camino hacia allá. No quisiera morir en el camino. ¡Ojalá llegue a tiempo de abrazarlos!

Alfonso Sastre

 

EL FIN DE LA EXCURSIÓN

Los excursionistas gozaban del paisaje. Lucía el sol y la temperatura era templada. Algunos apacibles animales pastaban en el prado. En medio de ellos había un hombre junto a una maleta abierta y vacía.

-¿Por qué no cierra la maleta? -le preguntó un excursionista, entrometido.
El hombre no le hizo caso, pero el excursionista volvió a insistir una vez y otra.
Al final, haciendo un gesto decisivo, aquel hombre la cerró de golpe. Al mismo tiempo la luz se fue de repente, los excursionistas se quedaron a oscuras y muy pronto empezaron a notar cómo les faltaba el aire.

Antonio Fernández Molina

 

 

FE, ESPERANZA Y CARIDAD

Antes de trasladarlo a un pueblo de la provincia de Zamora, don Manuel Bueno, nuestro cura párroco, no creía en Dios; pero les hacía creer a sus feligreses que creía para no desesperarlos más de lo que estaban. Sus feligreses tampoco creían; pero le hacían ver que creían para que él creyera que lo necesitaban.

Luciano G. Egido

 

HILVANADOS

Los hombres a medio coser van por ahí deshilachados, como sin peso, como quien se deshace en el aire, y apenas hilvanados al menor tropezón se abren en grandes rotos, por los que se asoman los curiosos para ver el paisaje y los turistas para contemplar los monumentos de la ciudad, hasta tal punto, que muchos son los que han llegado a pensar que estos hombres, de tan rasgados, son casi transparentes. Pero ellos, ermitaños de la costura, aman sobre todas las cosas ir así por la vida, ligeramente esbozados entre las cosas, libres del peso de la ropa acabada sobre sus cuerpos. Deshaciéndose en largos hilos mecidos por el viento cual leves cometas o hermosos espantapájaros.

Julia Otxoa

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Acerca del autor

Autor: Rafael Carcelén

Además de disfrutar como maestro de escuela, me encanta escribir. Y leer. Y subir los montes alicantinos. Y jugar al ajedrez. Y… siempre me sigue apeteciendo aprender. Y segregar lo que aprendo -lo que vivo, lo que siento- en artículos, poemas y aforismos como éste: “¿Es imaginable la felicidad en un grano de pimienta?”

Utilizamos cookies propias, al continuar navengando por el sitio aceptas nuestra política de cookies.

Aceptar

Buscando...

Un momento por favor

Google+
Compartir