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José Ágel Valente, María Zambrano y José Miguel Ullán. 1968

ALBADA

Cuando feraz tu cuerpo se deshace

en líquidas sustancias,

 

cuando al amanecer en tu deriva encuentro

fragmentos de mí mismo naufragados

y a tientas vuelvo a entrar en tus entrañas,

 

en la oscura raíz del sueño siento

con qué puro poder puedes llamarme.

 

                                                                            J.A. Valente. Mandorla, 1982

 

No cabe duda de que, por su propia idiosincrasia, la poesía es necesariamente propensa a ser interpretada. El lector, leyendo los poemas del poeta, indaga en su universo y extrae una visión o un conjunto de visiones que le aportan siempre un mayor conocimiento del mundo y de sí mismo. Un mayor autoconocimiento. La lectura que cada uno hacemos es tan legítima, por singular, como cualquier otra y ésta es una de las mayores conquistas que la crítica moderna estableció para el vasto territorio de la estética y las artes. El problema surge cuando, amparándonos en un derecho inalienable como éste, se presenta manipulada (o fragmentada o silenciada) una parte constitutiva del conjunto de la obra de un autor.

Esto es lo que hace, a mi modo de ver, el poeta Benjamín Prado al realizar la antología de poemas de José Ángel Valente publicada en la editorial Visor. El prólogo es interesante aunque las carencias sean sonoras: no se mencionan por ejemplo la crucial influencia de María Zambrano en el poeta orensano ni las distintas corrientes místicas que Valente frecuentó. Pero quizás lo más flagrante sea que Prado afirme que los poemas seleccionados son “los que yo salvaría de un incendio, si es que no me daba tiempo a llevarme su obra completa”, y no aparezcan ni uno solo de los siguientes: “Serán ceniza…” de A modo de esperanza (1954); Sé tú mi límite o Tiempo de guerra, de La memoria y los signos (1966); ni uno solo de los breves poemas que constituyen Treinta y siete fragmentos, anuncio de la 2ª etapa de la poesía de su autor; Antecomienzo, de Interior con figuras (1976); COMO EL OSCURO PEZ del fondo, CÓMO SE ABRÍA el cuerpo del amor herido o MIENTRAS PUEDA decir, de Material memoria (1979); ni un solo texto de Tres lecciones de tinieblas (1980); MANDORLA, LATITUD, BORDE, ALBADA, GRAAL, ESCRIBIR o Al maestro cantor, de Mandorla (1982); no pocos fragmentos imprescindibles de El fulgor (1984) o de Al dios del lugar (1989); ningún fragmento del bloque No amanece el cantor del libro con el mismo título (1992) o algunos de los textos finales de su libro póstumo Fragmentos de un libro futuro (2000) como SI DESPUÉS de morir nos levantamos, ESTE TIEMPO vacío, blanco, extenso o Y TÚ ARDÍAS incendiado (homenaje a Giordano Bruno cuatrocientos años después), por mencionar algunos entre los más significativos del autor, imprescindibles para tener una idea clara y coherente de su evolución. 

Portada de la antología que Benjamín Prado dedica a Valente

La mayoría de los poemas amorosos, los que se mueven en la órbita de la mística y lo trascendente por distintas tradiciones de Oriente y Occidente, o aquellos otros donde semántica y estilísticamente más arriesga el poeta orensano, apenas tienen representación aquí. Acabada la lectura, el lector que se acerca por primera vez a su obra se queda con la idea de que Valente fue un poeta realista, a veces trascendente, que escribía bien o incluso muy bien… y poco más. ¿Cómo es posible obviar en una selección algo rigurosa del autor éste poema también de Mandorla?:

 

GRAAL

Respiración oscura de la vulva.

 

En su latir latía el pez del légamo

y yo latía en ti.

                          Me respiraste

en tu vacío lleno

y yo latía en ti y en ti latían

la vulva, el verbo, el vértigo y el centro.

 

Para quien quiera conocer en su amplia variedad, parte de la obra poética de Valente, lo remito a esta breve antología del poeta aquí encontrará más información.

Para conocer su poética y su pensamiento, podrá gozar con esta pequeña entrevista:

O esta vibrante composición del músico Mauricio Sotelo inspirada en el poema Si después de morir, de su último libro:

Y, entre la ingente cantidad de trabajos críticos sobre su poesía, está disponible en la red este trabajo de Laura López Fernández: El esencialismo en la poesía de José Ángel Valente, 

Quien lea la selección amputada y descafeinada de Benjamín Prado no reconocerá en el siguiente texto al Valente de Visor. O mejor dicho: cuando leemos éste y otros textos del poeta de Fragmentos de un libro futuro, descubrimos que allí nos han escamoteado y banalizado a un gran poeta, a la parte de su obra más honda y nutritiva:

LA ESCRITURA es lo que queda en las arenas, húmedas, fulgurantes todavía, después de la retirada del mar. Resto, residuo. Ejercicio primordial de no existencia, de autoextinción.

Último poema autógrafo de José A. Valente

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Acerca del autor

Autor: Rafael Carcelén

Además de disfrutar como maestro de escuela, me encanta escribir. Y leer. Y subir los montes alicantinos. Y jugar al ajedrez. Y… siempre me sigue apeteciendo aprender. Y segregar lo que aprendo -lo que vivo, lo que siento- en artículos, poemas y aforismos como éste: “¿Es imaginable la felicidad en un grano de pimienta?”

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