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Presentación del libro en el Casino. El autor, con Esther Navarro e Iván Obrador

El pasado jueves, 5 de noviembre, se presentó en el Casino Eldense la última novela de Manuel Mira Candel, El olivo que no ardió en Salónica. Al hilo de las preguntas, y los vídeos, que Esther Navarro e Iván Obrador iban deshilvanando en un acto sencillo y entrañable, el autor  fue desvelando varias claves, tan certeras como estimulantes, para entender la historia de la familia Carasso, fundadora del imperio Danone, y cuyo devenir va sustancialmente unido al del propio siglo XX, sobre todo en su primera mitad. Además de esto, y a poco que el lector esté atento, las fronteras entre la realidad y la ficción, entre la investigación y la narración, entre lo documentado y lo recreado, son aquí imperceptibles. Porque es tal la importancia otorgada a la verosimilitud en la novela (y lo remarcó Mira Candel en la presentación) que dichas fronteras se diluyen. A ello ayuda, sin duda, y también lo enfatizó el autor en el Casino, el hecho de que solo un periodista podría haber escrito esta novela.

Como periodista, Manuel Mira (Orihuela, 1945) fue redactor jefe y director de distintos periódicos, columnista y editorialista en ABC, Las Provincias o El Mundo. Una grave enfermedad le llevó en 2004 a dedicarse por entero a la literatura. Y ese mismo año se consagra como novelista al obtener el premio Azorín con El secreto de Orcelis. Después llegaron Ella era Islandia, Madre Tierra, El apeadero o Las zapatillas vietnamitas, antes de la que se acaba de presentar. Su interés como investigador le llevó a escribir Crónica de una transición, en torno a los orígenes de la Universidad de Alicante en consonancia con los de la situación política tras la dictadura o la biografía, no autorizada, Juan Roig, el emprendedor visionario.

El olivo que no ardió en Salónica narra los avatares de una familia de origen judío sefardí, los Carasso, que no sólo se sobrepone a seis guerras durante la primera mitad del siglo XX, sino que lo hace con la misma entereza y la dignidad con la que queda en pie el olivo del título tras un pavoroso incendio. Entereza no exenta de sufrimiento, de miedo incluso, en un momento tan terrible para la humanidad y muy especialmente para los judíos. Lo dice el hijo de Isaac al final de la novela: “Hay maletas llenas de miedo y maletas llenas de dolor. Han sido mi equipaje en la vida… Tuve suerte de tener siempre a alguien que me ayudara a cargar con ellas”. Y aquí está uno de los grandes aciertos de la novela: los recuerdos con que Daniel –Danón… Danone-, el hijo de Isaac, patriarca y fundador de la gran empresa familiar, nos irá mostrando la intrahistoria de todo un clan. El afecto, la mutua comprensión o el apoyo decidido que mueve a los personajes de esta intensa narración añaden, a su dimensión épica, el hondísimo valor de lo más íntimo y emotivo.  

Portada del libro presentado

Una historia que cuenta las peripecias que, sin dejar de sobreponerse a toda adversidad fratricida, llevan a Isaac Carasso a instalarse en 1919 en El Raval barcelonés donde empieza a elaborar el yogur que tanta repercusión tendrá en nuestros hábitos alimenticios hasta hoy. Donde a las llamas de la guerra, a la tragedia nacionalista, a la crisis económica o a la persecución nazi, se opondrá el empuje de toda una saga familiar por sobrevivir con dignidad a tiempos tan ignominiosos. O donde personajes relevantes de la época como el microbiólogo y Nobel de Medicina Ilia Méchnikov, el mismísimo Einstein o el lugarteniente de Hitler, Heinrich Himmler, con el que Daniel coincide cenando en el Ritz de Barcelona, conceden a la novela ese contrapunto histórico, absolutamente verosímil, y en el que distinguir lo real de lo fabulado es imposible.

El olivo que no ardió en Salónica es una historia de supervivientes a la propia Historia. En uno de sus momentos más oscuros. Una novela “histórica de ficción no inventada”, con “unos personajes reales que pasan por situaciones que posiblemente no hayan vivido pero esos hechos sí que les podrían haber sucedido”, como tan acertadamente subraya el propio autor. El gran trabajo de documentación durante casi dos años y los viajes para conocer in situ los escenarios o para descubrir aspectos desconocidos de esta familia, como el cementerio donde reposan los restos de Isaac Carasso y su madre, dan como resultado una novela admirable, fascinante de principio a fin, compuesta por personajes cuya cercanía y aspiraciones nos son tan familiares. Y escrita con ese equilibrio que sólo dan la experiencia y el oficio de escribir durante años. Con maestría. Sin altibajos. Con un estilo impecable. Desconozco si esta es la novela que más esfuerzo y dedicación le ha llevado a su autor. Pero posiblemente sea en la que más pasión ha puesto.

El secreto de Orcelis, novela que obtuvo el premio Azorín en 2004

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Acerca del autor

Autor: Rafael Carcelén

Además de disfrutar como maestro de escuela, me encanta escribir. Y leer. Y subir los montes alicantinos. Y jugar al ajedrez. Y… siempre me sigue apeteciendo aprender. Y segregar lo que aprendo -lo que vivo, lo que siento- en artículos, poemas y aforismos como éste: “¿Es imaginable la felicidad en un grano de pimienta?”

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