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Terminado, el libro empieza. Lo dice Carlos Fuentes

Cada año, los datos sobre índices de lectura y hábitos lectores en España nos asoman a un catastrofismo que, utilizando la terminología de José Mota, resulta ya cansino. Es verdad que un 35% de los ciudadanos no leen nunca o casi nunca ni un libro ni un periódico, pero entre el resto, el 30% lee prácticamente a diario. Y además, el índice de lectores habituales de un 63% no se aleja tanto de la media europea, de un 70%. En cuanto a las cantidades,  si en España leemos 9 libros al año de media, los finlandeses leen 47. En todo caso, para mí, lo interesante del sondeo del CIS es conocer qué leemos, cuáles son nuestros gustos o qué causas llevan a que uno de cada tres españoles nunca lea un libro.

Antes, y para contextualizar nuestro interés por la lectura entre el resto de las  manifestaciones culturales, leer nos interesa mucho al 27%, tras escuchar música (31%) y por delante del cine (24%). La lectura, según este sondeo, nos reclama mucho más interés que el teatro, las artes plásticas (pintura, fotografía) o la danza. Parece clara la intencionada desidia para que la cultura en general y sus vástagos más pobres en particular (teatros, ballets, museos, exposiciones, etcétera) naufraguen.

Solemos leer mayoritariamente en casa, abrumadoramente novelas y dentro de estas las de tema histórico. No obstante, recientemente hemos sabido que la ciencia ficción o la novela romántica repuntan entre los más jóvenes, quienes por cierto leen más que sus mayores (en un 86% entre los menores de 20 años y en un 73% entre 20 y 25 años). Géneros como la poesía, el ensayo, la biografía, los relatos cortos o los libros de divulgación apenas representan juntos el 15% de nuestras preferencias. A la hora de escoger las novelas (mayoritariamente siguiendo nuestro propio criterio y en menor medida la recomendación de amigos y familiares), se prima antes el tema y el género que el autor, el título o su reconocimiento crítico. Porque más del 60% lo que persigue con la lectura es disfrutar y distraerse. Y en bastante menor medida, estar informados o aprender cosas nuevas. 

Entre ese 35% que no lee nunca un libro, prácticamente la mitad de los encuestados afirma que no les gusta o no les interesa lo que la lectura les aporta. El resto señala no disponer de tiempo para hacerlo, no leer por problemas de salud, de vista, etcétera o por inclinarse siempre hacia otros entretenimientos. La mitad de los ciudadanos no compra ni un solo libro al año y, entre los que lo hacen, apenas si exceden los 4 ejemplares anuales, mayoritariamente en formato papel. Prácticamente el 50% lee diariamente textos con varios párrafos en webs, blogs o diarios digitales y un 70% declara no acudir nunca a una biblioteca.

La novela es el género más leído

Veamos el vaso medio lleno o medio vacío, en todo caso los datos no suponen cambios significativos si miramos los años anteriores. De este apresurado recorrido yo destacaría tres conclusiones que me permiten formular las siguientes preguntas:

  1. ¿Qué podemos hacer para que nos interese la lectura por algo más que simplemente pasar el rato y entretenernos?
  2. ¿Qué ocurre en nuestra formación para que de adultos prácticamente no nos interesen géneros como el teatral, el ensayo, la divulgación científica o la poesía?
  3. ¿Deberíamos mantener las bibliotecas públicas tal como existen hoy o habría que adaptarlas al mundo tecnológico y multitarea en el que vivimos?

Leemos, en general, como jugamos a la play station o vemos la televisión: para evadirnos de la situación estresante y agobiante en la que vivimos y elegimos, para ello, libros que nos lo faciliten, desechando el interés por profundizar en conocer otras cosas que nos ayudarían a comprender en mayor medida el mundo en que vivimos. Como si leyésemos para olvidar antes que para conocer y profundizar. ¿Deberíamos buscar fórmulas que invitaran a leer para algo más que pasar un buen rato? ¿Qué hacer para que los potenciales lectores se interesen por géneros menos atractivos para ellos que la novela? A estas cuestiones intentaré responder la semana que viene. La pregunta sobre el futuro de las bibliotecas se la traslado directamente al bibliotecario Juan Vera, a quien emplazo para que comparezca en este blog y nos cuente su parecer.

Sala de lectura en la Biblioteca Nacional