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Lo primero, el nombre. ¿Por qué ponerle Valle sin clan a un blog que habla de Literatura?

   Por un lado, este título nos  remite sin rodeos a uno de nuestros escritores más insignes de todos los tiempos: Ramón María del Valle -Inclán. Uno de los más brillantes escritores y estilistas en nuestro idioma y que no dudo en recomendar a cualquier lector o lectora con inquietudes por acercarse a una visión de la realidad tan personal y crítica como imperecedera. Tirano Banderas, El marqués de Bradomín, Luces de bohemia…  no somos el mismo al emerger tras estas lecturas, de una levedad tan profunda e insobornable. Grande, muy grande, Valle -Inclán.

   Pero aquí hablamos de un Valle pero sin clan. ¿Qué significa eso? El valle alude claramente a la ciudad y a la comarca en que vivimos, así como al nombre del semanario en el que se incluye este blog. La rareza del título está, sin duda, en la mención al clan. Según la RAE, un clan es un “grupo predominantemente familiar unido por fuertes vínculos y con tendencia exclusivista”. La palabra clan alude pues a un grupo restringido, con vínculos e intereses comunes, rígido, cerrado y donde la obediencia es un valor fundamental para su preservación. Asociación, partido, banda, pandilla, tribu o secta serían algunos de sus sinónimos si regresamos al diccionario.

   De modo que, ante todo, este Valle sin clan aspira a ser un espacio no sujeto a intereses, tendencias o posicionamientos concretos, preestablecidos e inquebrantables. Bien al contrario, quiere ser un espacio rotundamente abierto a todos los lectores que quieran acercarse e incluso incorporarse a él. Proponer, aportar, compartir… son verbos muy apropiados y bien acogidos en este valle tan propenso a las miradas curiosas y atentas, a los teclados fértiles o a cuantas actitudes generosas decidan acompañarnos.  Y ésta sería la primera y más importante función de este blog: conformar un universo abierto a la participación, al intercambio de información, al diálogo, al debate en torno a los temas literarios que nos parezcan convenientes y convincentes. Será lo que queramos que sea. Siempre, indudablemente, desde el respeto y la consideración hacia todos los puntos de vista.

   Se trata, por lo tanto, de hacer de este Valle sin clan un lugar para la reflexión sobre los temas propiamente literarios (lectura, escritura, estilos, géneros, autores, etc.); un ámbito propicio a la difusión, la divulgación de actividades, actos literarios y escritores de nuestro entorno más o menos inmediato; un medio en el que proponer acciones que puedan ser de interés para sus lectores o desde el que poder  compartir inquietudes, perspectivas u opiniones que nos enriquezcan mutuamente; un enclave, en fin, en el que disfrutar de leer, reflexionar, opinar y compartir, con todo aquello que nos parece en verdad valioso, significativo e interesante.

   Bienvenidos, pues, a este Valle sin clan: un minúsculo pero palpitante planeta en el que, si fuese visitado ahora por El principito, se tropezaría con unas huestes humanoides con forma de ilusionadas semillas y en el que todo es posible porque todo está por hacer.

   Y ahora la pregunta inicial: ¿Viviría Valle -Inclán en un valle sin clan? Seguro que sí.P ensad en Max Estrella, el personaje central de Luces de bohemia, y en su desafección por todo poder jerárquico, oscuro, cerrado, corrompido y donde priman valores de obediencia ciega, de sometimiento a una jerarquía y a unos principios inquebrantables, propios de un clan, de una mafia incluso. En su crítica mordaz, en su esperpéntico retrato, ante tantas estructuras sociales hipócritas y regidas por lo absurdo. Por no hablar de lo que supone la caída del Tirano Banderas, una obra única, para comprender su visión de la sociedad y que tanta repercusión tendría en novelistas posteriores, especialmente latinoamericanos. Sí, me lo puedo imaginar: un Valle sin clan sería un reconfortante lugar, muy del gusto del gran creador del esperpento.