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Son muchos los adolescentes que cuando llegan a la Unidad de Conductas Adictivas han sido expulsados en varias ocasiones o están en una expulsión definitiva de su centro escolar.

No cuestiono los motivos de esta medida, pero lo que yo me pregunto es si no estaremos viendo únicamente los síntomas de algo mucho más importante.

Suspenso tras suspenso, curso tras curso, va acumulando "fracasos” hasta que al final se rinde y asume que "no sirve para estudiar".

La estabilidad familiar es el faro que orienta a los adolescentes sin el cual solo hay en su vida desorientación, oscuridad y miedo.

Los mejores detectores de estos primeros consumos son los centros escolares y la familia.

Si ante todo lo que puede ocurrir, el sistema educativo se limita a dejarlos en la calle: ¡sí, he dicho en la calle! porque no creo que nadie piense que ese niño se va a quedar en casa estudiando; lo habitual será marcharse a parques y locales a estar con otros, muchas veces mayores.

Además, con cada expulsión la puesta al día con sus compañeros se hace más complicada hasta que no haya posibilidad de reincorporación…

Los profesionales que trabajamos con adolescentes sabemos lo complicados que son a la hora de mostrar sus emociones, por lo que pienso que debería ser preceptivo ante expulsiones reiteradas o de larga duración, que el centro escolar se pregunte ¿qué está pasando en la vida de ese alumno?

Si a pesar de todo se mantuviera la medida, creo que sería conveniente reactivar las “aulas de expulsados” a cargo de docentes motivadores, para que estos alumnos no se desconecten del sistema y puedan reinsertarse en las mejores condiciones, a fin de evitar engrosar las listas del fracaso escolar y las drogas.

 

 

Mi próximo artículo se titulará:

Magia Potagia: de “delincuentes y drogadictos” a Líderes y Campeones.

Este artículo también lo podéis encontrar en el blog http://www.adiccionesadolescentes.es