Imprimir
Visto: 436
Compartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en Google PlusCompartir en WhatsApp

Clásico refrán que los sajeños suelen utilizar para ensalzar la convivencia y camaradería que reina en las fiestas que la noble villa de Sax celebra todos los años en los primeros e invernales días del mes de Febrero. Son fiestas que, de alguna manera, enlazan quizás con algunos ritos paganos antiquísimos de bendición de campos y sembrados como los que se ven reflejados en estas festividades de la Candelaria y San Blas que tanta raigambre tienen en estas tierras que cruza el Vinalopó.

Hoy precisamente es el día de San Blas, Obispo de Sebaste, patrono de la villa de Sax desde que sus moradores allá por el año 1627 hicieron voto perpetuo de ofrendarle culto y tenerlo como patrón y modelo e insigne protector contra tempestades y plagas.

Y, naturalmente, los sajeños se aprestan a celebrar su onomástica con esa fiesta ancestral, solidaria y alegre de los Moros y Cristianos. Estos días de riguroso invierno, sin que el pueblo tema las naturales inclemencias del tiempo, se suceden los actos tradicionales religiosos y profanos en su honor y entre el fragor de los arcabuces que acompañan su imagen en la bajada desde su ermita y posterior subida a la misma, la música alegre y, a la vez, marcial con la que las comparsas desfilan airosas y entusiastas por las anchas avenidas o estrechas rúas sajeñas y el sentimiento que los festeros y vecinos de Sax tienen a gala mostrar en sus desfiles y embajadas, en el acompañamiento de su imagen sacra con las estruendosas oraciones que se elevan hacia el cielo con la pólvora derrochada en salvas en su honor.

Son días de convivencia plena en las que se funden festeros y forasteros en almuerzos y comidas, en desfiles y procesiones derrochando a manos llenas su generosidad los sajeños y mostrando al mundo la belleza de sus trajes de Capitanas y Pajes y los coloristas y antañones trajes de moro, o de marrueco, de turco, de garibaldino o de cristiano, junto a los de nuevas incorporaciones a la fiesta de los Alagoneses, Caballeros de Cardona o Emires.

Yo, que fui pregonero de la fiesta de Sax, de la fiesta de San Blas, en el año de gracia de 1999, quiero repetir ahora las palabras que cerraban mi sentido Pregón en aquellas fechas:

Y acabo con esto ya mi Pregón embelesado, y bien quisiera, sajeños, cualquier día, en cualquier año, perderme por las callejas de este Sax hoy tan amado, quiero visitar sus plazas, sus ermitas y su prado, mirarme en ese castillo que está tan bien emplazado, conversar, sentir, rezar a los pies del Santo postrado, y vivir sin fin la fiesta respondiendo a vuestro gesto de hospitalidad certera, con la pasión encendida que hoy siento al ser quien dice, con buen acento festero, este Pregón dedicado a vuestro Santo y al pueblo.

Sajeños,  ¡Viva san Blas!