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La sede central en Madrid del Banco de Vizcaya, que ocupó el edificio del Teatro Apolo, corrió la misma suerte que la Catedral del Género Chico. Si Apolo se mantuvo en pie casi 56 años, de 1873 a 1929, la entidad financiera cerró sus puertas en los albores del siglo XXI.

   La propia evolución social y económica española, con las fusiones de sus entidades bancarias, trajo consigo el cierre de esta sede central del Banco de Vizcaya. Actualmente el edificio está ocupado por el Área de Gobierno, Hacienda y Administraciones Públicas del Ayuntamiento de Madrid, dada su cercanía con el Palacio de Telecomunicaciones, donde Alberto Ruiz Gallardón, durante su periodo de alcalde de los madrileños, instaló los servicios centrales municipales.

    Quienes fueron los últimos propietarios y empresarios de Apolo, los hermanos Vicente y Ramón Patuel, debieron obtener buen beneficio con su venta, pues, de inmediato, levantaron otro teatro, en el barrio de Lavapiés. Concretamente en la entonces llamada Plaza del Progreso, desde 1939 Plaza de Tirso de Molina, para seguir programando zarzuelas. Lo denominaron Teatro del Progreso, siendo inaugurado el 10 de diciembre de 1932 (1), con las dos obras cumbres del género chico: La verbena de la Paloma y La revoltosa.

   Algunos años después lo dedicaron al cine. Tras la guerra fue alternando su cometido, cine-teatro hablado y variedades, hasta su cierre definitivo en 1982. Poco después fue adquirido por el eminente director y empresario teatral José Tamayo, creador de la Antología de la Zarzuela, con ayuda económica del propio Banco de Vizcaya. Nació así el Teatro Nuevo Apolo (2*). Las intenciones de Tamayo de que Madrid recuperase en este escenario parte de su pasado zarzuelístico no lograron el éxito esperado.

   No obstante, en sus primeras temporadas, la programación se nutrió de musicales, género que tanto éxito ha alcanzado en la cartelera estable madrileña, y en las giras por provincias. Aún así, todavía pudo verse en el Nuevo Apolo a Alfredo Kraus, en una serie, corta, de representaciones de Doña Francisquita.

   Kraus se había dado a conocer en España con este título, en la reinauguración, y conmemoración al mismo tiempo del primer centenario, del teatro de la Zarzuela de Madrid, en una producción dirigida escénicamente por el propio José Tamayo. El director granadino quiso contar con el eminente tenor, en la primera puesta en escena de la, por muchos, considerada como obra cumbre del Género Lírico español, en el teatro que acababa de recuperar.

   El Nuevo Apolo es ahora un teatro convencional, con una programación rica y variada, donde no tiene cabida la zarzuela, pero sí la música de todo tipo, danza o ballet incluidos.

 

1*: El mismo día que se inauguró el Teatro del Progreso abrió sus puertas otro teatro en Madrid, el Coliseum. Construido por el compositor y empresario Jacinto Guerrero alternó sesiones de cine con representaciones de revista. En la actualidad el Coliseum es uno de los diversos teatros existentes en la Gran Vía de Madrid, dedicados a los "musicales", tan de moda en los últimos tiempos.El edificio de 10 plantas cuenta con un buen número de viviendas. En una de ellas vivió y falleció la célebre cantante valenciana Concha Piquer.

2*: La Antología de la Zarzuela de José Tamayo fue el espectáculo elegido para la inauguración del teatro, la noche del 17 de diciembre de 1987. Contó con la presencia estelar de Plácido Domingo. Estuvo en cartel durante varios meses, ya sin el divo madrileño.

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Acerca del autor

Autor: Elías Bernabé Pérez

Mis recuerdos más remotos que me atrajeron a la zarzuela me trasladan a sesenta años atrás. Primero escuchando los fragmentos que sonaban con frecuencia en la radio. También gracias a las fantasías, preludios e intermedios que interpretaban las bandas de música en los conciertos de las fiestas de octubre de Petrer. El templete donde actuaban estaba justo ante la fachada de mi casa.

Lo que más me gustaba de la Semana Santa es que en la radio solo se emitía música clásica. El viernes y sábado santo las emisoras enmudecían.

Lo más intenso vino en la época dorada del tocadiscos. Lo compró mi abuelo materno en 1963. La primera zarzuela que entró en casa fue Doña Francisquita con Kraus y Olaria. Es una grabación incompleta, pero suficiente para que me la aprendiese de memoria. Mi abuelo estaba impedido y era yo quien la ponía todos los mediodías y noches durante dos semanas consecutivas. A los quince días compramos un segundo disco: La generala, de nuevo con Kraus y Olaria. Y ya fuimos alternando. Después vino Maruxa. Y yo con solo 13 años me entusiasmé con ella y también la aprendí. Sí, digo bien. ¡A mis 13 años ya me encantaba Maruxa!

Ahí comenzó todo y ya no he parado. Siempre como aficionado.

Como le dice un padre a su hijo al final del documental de TVE sobre zarzuela La romanza de Madrid, de 1988, “Te acompañarán toda tu vida, porque son inmortales”.

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