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Cuando comentamos entre familiares o amigos no buceadores que nos vamos de inmersión nocturna, algunos nos miran algo perplejos, como pensando que estamos gastando una broma, y preguntan si va en serio eso de meternos en el mar por la noche.

No es para menos, porque el buceo nocturno es una de las especialidades de buceo que más llama la atención, si no la que más.

Si el buceo en general ya es algo estupendo, entrar en el reino de Neptuno de noche es sencillamente maravilloso por lo diferente que puede llegar a ser un mismo punto de inmersión según la hora.

Es conveniente haber buceado la zona de día para reconocer bien el terreno, tanto el acceso de buceadores y equipos, como el itinerario submarino a seguir y de este modo minimizar riesgos en la medida de lo posible.

Del mismo modo, debemos llevar dos o más fuentes de luz, así como otra más que indique nuestra posición, y alguna luz estroboscópica en la salida o en el caso de ir con embarcación, en el cabo de amarre o fondeo, de modo que nos ayude a encontrar la ruta de ascenso.

Para este tipo de buceo hay una serie de técnicas y protocolos que debemos tener en cuenta, por lo que es interesante hacer el curso de la especialidad. De todos modos, siempre conviene repasarlos antes de comenzar la inmersión; sobre todo en lo relativo a la comunicación entre buceadores.

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No olvidemos que la comunicación subacuática tiene sus particularidades (aquí tienes una entrada anterior en este mismo blog sobre el asunto), y si a éstas añadimos la dificultad de encontrarnos en oscuridad, hay que aprender nuevos modos de hacernos entender en el agua. No me extenderé, únicamente indicar que generalmente hacemos señales con los focos, generalmente unos dibujos sobre el fondo, de modo que nuestro compañero sepa que estamos bien y de modo aproximado nuestra ubicación; si nos encontramos cerca también podemos iluminarnos la mano con la que hacemos señales, etcétera.

Dado que nos encontramos rodeados de oscuridad, nuestros ojos se adaptan a la carencia de luz dilatando las pupilas, por lo que mientras hacemos uso de las fuentes de luz, debemos tener la precaución de no iluminar el rostro de quien tengamos delante para no “tostarle las retinas”.  

Bucear de noche es una experiencia única por diferentes motivos. Por un lado es casi mágico encontrarnos rodeados de una oscuridad insondable y allá donde iluminas, es como si  pintaras en color, es una experiencia realmente única, aunque hay que llevar cuidado y procuramos no molestar con nuestros focos, de modo que regulamos su potencia al mínimo. 

"/Pero sobre todo lo es porque encontramos una fauna marina muy distinta a la diurna, que la encontramos durmiendo o con un comportamiento alterado, como los mabres (Lithognathus mormyrus), que se entierran en la arena y fingen estar muertos. Los animales más usuales en la zona de arena y praderas de posidonia son, entre otros, los pulpones (Octopus macropus) con sus alargadísimos cuerpos rojos con círculos biluminiscentes, los ceriantos (Cerianthus membranaceus) o las elegantes anémonas Alicia mirabilis que despliegan de noche sus larguísimos tentáculos.  congrios de arena (Ariosoma balearicum) que como tantos en la noche se entierran en la arena, como los langostinos, que suelen hacerlo dejando fuera los ojos, que brillan reflejando la luz de nuestros focos. En ocasiones encontramos bailarinas españolas (Hexabranchus sanguineus) nadando con su característico “baile”, o espetones cazando, con distinto color que a plena luz del día, luciendo su librea de combate. 

 Otras frecuentes compañeras de inmersión son las sepias (Sepia officinalis), cuyas aletas descomponen la luz blanca de nuestros focos, pareciendo un serpenteante arco iris iridiscente, mientras nos miran con sus pupilas con forma de “W” cambiando la trama de su piel de puntos a unas bandas móviles. Pero el que más nos llama la atención es el que menos podemos ver por su diminuto tamaño: las noctilucas (Noctiluca scintillans), un pequeño dinoflagelado de apenas ½ mm. de tamaño, que se ilumina —generalmente en color verde— cuando sufre un movimiento involuntario; es una adaptación evolutiva del sacrificio del individuo en pro de la especie, dado que cuando una gamba o langostino lo digiere, se ilumina mientras avanza a través del sistema digestivo de su depredador, lo que delata su posición y le señala muy visiblemente como presa ante cualquier sepia cercana, que depredará al crustáceo. Dada esta 

/característica, los compañeros de inmersión solemos formar un círculo tras una señal acordada, y apagamos los focos para a continuación mover las manos como si estuviéramos aplaudiendo, en ese momento se forma una nube de chispas verdes fluorescentes revoloteando a nuestro alrededor. Otro momento mágico. 

No hace falta ir muy lejos para disfrutar de los secretos que el mundo del silencio nos reserva, tenemos aquí al lado auténticas maravillas.

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Acerca del autor

Autor: Toni Esteve - Foto: Paco Garrido

Técnico Deportivo nivel II e instructor de buceo recreativo y de diferentes especialidades (buceo profundo, nocturno, orientación y navegación subacuática, rescate, nitrox, montaje lateral, etc.) de la Federación Española de actividades Subacuáticas. Lleva más de diez años formando buceadores, e intentando transmitir su pasión por el mar.

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