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Cuando tras más de diez años de trabajo el Dr. Zamenhof desarrolló en 1887 el idioma esperanto, perseguía el afán de crear una lengua con la que un ciudadano del mundo pudiera comunicarse con cualquier otra persona usando ese idioma en común.

   Los buceadores empleamos un código de señales manuales basado en el modo en que gesticulamos y mecánicamente apoyamos nuestras ideas aquí fuera, y así nos entendemos, independientemente del país de origen de cada uno. Las más básicas las aprendemos en menos de un minuto al hacer un sencillo bautismo de buceo, y según continuamos formándonos como buceadores vamos conociendo otras más específicas.

 

   Dado que nunca buceamos solos, en el agua necesitamos poder comunicarnos entre compañeros en cualquier momento de la inmersión, como nos resulta imposible entendernos hablando, dado que las ondas sonoras se transmiten por el gas (*) que estemos respirando en ese momento, si hablamos a nuestro compañero deberán pasar de ahí al agua y el cambio de densidad hace que se pierdan en el medio; esto no es del todo así, pero no me voy a enrollar con otros modos de comunicación, hay muchos más, como las máscaras faciales con comunicación inalámbrica (incluso con teléfono móvil subacuático), la comunicación mediante el tacto, la versátil tablilla, la (dichosa cuando se abusa) maraca, o la horrible bocina “pato” que parece que nos va a pasar un crucero por encima, otras sonoras, mediante tirones en un cabo, etcétera.

   Las señales manuales realizadas lenta y exageradamente equivale a hablar claro en tierra, sin dar lugar a error. Tienen generalmente en común que suelen ser hechas con una mano, lo que nos permite tener la otra libre para poder sujetar algo, o para iluminar con ella a la que hace la señal, cuando se trata de una inmersión nocturna. En este tipo de inmersiones, el modo más cómodo de comunicación básica es trazar un círculo hacia el fondo para preguntar “¿OK?”,  que nuestro compañero repetirá sobre el que hemos trazado si todo va bien, o bien dibujará unas líneas lentamente en el caso de querer llamar nuestra atención por algo, o rápidamente ante una emergencia.

   Al igual que cualquier otro idioma, se oxida cuando no se practica, y, en ocasiones, es normal encontrar algún compañero que dice “subir” (apuntando con su pulgar hacia arriba), cuando quiere decir “OK”. 

Recopilo aquí un cuadro con las señales manuales más comunes (echo de menos alguna como la de “me queda media botella”)  y establecidas internacionalmente, y otra con señales para describir fauna marina. Conviene tanto repasarlas antes de cada inmersión como refrescarlas de vez en cuando, y si todavía no eres buceador espero que aprendas algo nuevo. ¿OK?

(*) sea éste aire (el más habitual), nitrox (aire enriquecido con oxígeno) o trímix (una mezcla ternaria usada en buceo técnico, compuesta por nitrógeno, helio y oxígeno. Por la distinta densidad del helio respecto al aire, nuestra voz suena con la cómica “voz de pitufo”).