Imprimir
Visto: 2296
Compartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en Google PlusCompartir en WhatsApp

Cuando vamos a bucear no siempre usamos la escafandra autónoma. El modo más natural y sencillo de ir al agua es buceando en apnea. Esta modalidad de buceo es un viaje todavía más introspectivo que con una botella a la espalda, donde uno aprende mejor a conocerse a sí mismo. El principal inconveniente que encontramos es la duración de cada zambullida, comparado con una inmersión de buceo con escafandra cuya duración ronda una hora, en apnea suele durar pocos minutos.

  En la naturaleza encontramos mamíferos acuáticos como los cachalotes (que no son ballenas, son odontocetos como los delfines) que bajan a más de 2.000 metros de profundidad a cazar, inviertiendo en el proceso hasta una hora y media; otros cetáceos como delfines, orcas y ballenas también disfrutan de prolongadas inmersiones, al igual que otros mamíferos como focas, manatíes, osos, nutrias, etcétera. Todos ellos han logrado una excelente adaptación al medio acuático aunque necesitan respirar aire como nosotros. Esta facilidad de los mamíferos para permanecer bajo el agua durante prolongados espacios de tiempo viene dada gracias al Reflejo de Inmersión en Mamíferos (RIM). 

   Podría parecer que la madre naturaleza nos ha dejado a un lado, pero afortunadamente no es así, ya que los humanos también lo podemos disfrutar aunque de un modo mucho más débil, de todos modos el agua no nos resulta un medio tan ajeno como tal vez parezca en un primer momento, podemos ver a bebés buceando sin problema, abren los ojos bajo el agua, no se agobian, saben bloquear para que no les entre agua, etcétera. El RIM activa una serie de cambios fisiológicos que ayudan a conservar el oxígeno y por lo tanto, a prolongar el tiempo de la inmersión de un apneísta. 

   En la cara tenemos unos sensores acuáticos (principalmente dentro de la nariz y alrededor de los ojos) que se activan cuando ésta hace contacto con el agua, cuanto más fría esté, con más intensidad se activará el reflejo. Estos sensores envían información al sistema nervioso autónomo del cerebro, desencadenando varios cambios en el organismo que sirven para adaptarnos al medio acuático:

   Bradicardia

   Como respuesta a la inmersión facial en agua fría, el ritmo cardíaco baja entre un 10% y un 50% . Este descenso del ritmo cardíaco del buceador reduce la demanda de oxígeno, lo que deja más cantidad disponible. Esto lo podemos comprobar fácilmente en casa usando un pulsómetro con sonido e introduciendo la cara en el agua del lavabo, escucharemos casi inmediatamente cómo baja nuestra frecuencia cardíaca.

   Como curiosidad, en las focas se deduce más de un 90%, pasando de 125 ppm a 10 ppm. 

   Vasoconstricción periférica

  Este fenómeno se produce cuando los capilares de las extremidades comienzan a comprimirse, lo que detiene la circulación sanguínea en los dedos de las manos y los pies en primer lugar. Si aumentamos la profundidad pasa a manos y pies, seguidos de brazos y piernas, lo que deja más sangre para lo más vital: cerebro y corazón.

   Migración de la sangre

   Por efecto de la presión según aumentamos la profundidad se comprimen los pulmones, creando presión en el pecho. La sangre que migra desde las extremidades, viene a la caja torácica hinchando los vasos sanguíneos de la zona para compensar la reducción del espacio aéreo. Esto ayuda a prevenir barotraumas pulmonares (como la sobrepresión pulmonar), y nos ayuda a permanecer a profundidad. 

   Contracción del bazo

   El bazo se contrae, y en esta acción libera más glóbulos rojos en el torrente sanguíneo, que son los encargados de transportar el oxígeno.

   Transferencia de plasma

   En el caso de inmersiones muy profundas (a más de 90 metros), los alvéolos pulmonares de llenan con plasma sanguíneo para evitar el colapso pulmonar. Este plasma es reabsorbido progresivamente según se vuelve a superficie.

   Esta serie de cambios crea un circuito corazón-pulmones-cerebro que permite a  los mamíferos conservar el oxígeno y aumentar el tiempo de inmersión, ayuda a adaptarnos mejor a la presión producida por la profundidad y mejora de modo significativo las capacidades de apnea. Podemos inducir este reflejo fácilmente de modo natural, tan solo debemos sumergir la cara en el agua aguantando la respiración, dado que el aumento de CO2 dispara el RIM. Cuanto más lo practiquemos, con mayor facilidad se activará nuestro RIM. Resulta evidente cuando el RIM cuando se manifiesta, porque tenemos una sensación de total bienestar estando sumergidos sin respirar.

    Si quieres saber más:

   Entrevista a Miguel Lozano, campeón español de apnea (vendrá a dar un curso de apnea el 3, 4 y 5 de agosto. Si quieres información, escribe un correo a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. o llama al teléfono 966 810 107 y te informarán).

 

   Bebés buceando:

 

   Final del episodio 1 de la serie Water Born. Sensacionales buceadores.