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"Creo que hay una falta de consciencia social en la gestión del agua y en los riesgos naturales"

Escrito por Lluís Francés Martinez 10 octubre 2018
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Alejandro Íñiguez López

Alejandro Íñiguez López tiene 28 años, natural de Elda y Licenciado en Geografía por la Universidad de Alicante. Realizó  un Máster de Planificación y Gestión de Riesgos Naturales que le llevó a completar un ciclo de formación para adaptar esos conocimientos directamente a la sociedad. Y lo tiene claro ya que desde muy pequeño le llamó la atención que su padre, que vivía en el barrio de Calíu, le explicara las famosas riadas de los años 80 en nuestra comarca y el mal que producían. Esa fue la semilla que le llevó a interesarse por los fenómenos atmosféricos excepcionales, nuestro clima y la interacción entre ellos con la sociedad para que vivamos en el futuro en un mundo mejor y lo ocurrido recientemente en Baleares, no vuelva a ocurrir. Alejandro habla de nuestro clima como seco y lleno de contrastes en pocos kilómetros a la redonda, por eso cree que deberíamos de aprovechar mejor nuestros recursos hídricos y crear una mayor consciencia social en la gestión del agua.

 ¿Cómo geógrafo, porque te gusta la climatología y desde cuándo?

Creo que el propio hecho de ser geógrafo ya implica que te tenga que gustar la climatología por semi-obligación académica, ya que es una rama de la misma. Además es imposible llegar a comprender un territorio sin esta, puesto que existe una interrelación entre climatología, economía y naturaleza que determina en función de la misma que tengan o no presencia determinadas actividades como pueda ser la tipología concreta de una clase de turismo o el tipo de agricultura practicada e incluso hasta elementos naturales como es la geomorfología del paisaje y la diversidad vegetativa que tengamos en él. A nivel personal, siempre me ha llamado la atención todo aquello fuera de lo común, ese tipo de cosas que al verlas te dejan fuera de lugar, y en este caso para mí los fenómenos meteorológicos extraordinarios son una de las máximas expresiones de la  naturaleza. Sin embargo, fue al llegar a la universidad y cursar la carrera de geografía cuando realmente empezó mi mayor interés, ello a su vez me decantó por realizar posteriormente el Máster en Planificación y Gestión de riesgos naturales, hasta llegar a convertirse actualmente en mi trabajo al crear mi propia consultora medioambiental “Geoidella”. Cualquier proyecto a realizar necesita de datos meteorológicos que sean válidos y a la vez mostrarnos fielmente las características propias de un área concreta como es en el caso de los estudios de inundabilidad, por ejemplo.

¿El valle se encuentra en una situación de riesgo natural? ¿Por qué?

Negar un hecho tan evidente sería no ser consciente de la realidad, y algo mal estaríamos haciendo como sociedad. En este punto cabe diferenciar entre “peligro natural” y “riesgo natural”. Digamos que el “peligro natural” es contante a lo largo del tiempo y el espacio independientemente si afecta o no a la sociedad, mientras que el “riesgo natural” solo se da cuando existe potencial capaz de causar daños o bien a los bienes presentes en el medio donde se produce, o bien directamente a las personas que habitan en él. Es decir, pasamos de peligro a riesgo en función del grado de exposición y de vulnerabilidad que tengamos frente a un posible siniestro. A escala comarcal los hechos son evidentes, tan solo hace falta fijarse en nuestro entorno, riesgos que no solo se limitan a las comunes crecidas o avenidas fluviales de ríos o ramblas producidas por lluvias de fuerte intensidad horaria, si no que en ciertas ocasiones sufrimos olas de frío con fuertes nevadas (corte de carreteras); granizadas, heladas o plagas que afectan a nuestros cultivos; olas de calor; desprendimientos de rocas y deslizamientos de laderas; temporales con fuertes vientos; terremotos o incluso los incendios forestales. Es decir como conclusión podemos decir que el valle vive en un peligro “cuasi permanente” en función de la época y del punto concreto donde nos encontremos.

¿Piensas que se ha hecho bien la ordenación del territorio en nuestro valle? ¿Se puede mejorar?

Conceptos como ordenación del territorio, planificación y gestión de los riesgos siempre deben ir de la mano, en muchos casos no es así. Por desgracia tenemos infinidad de casos que nos muestran la inexistencia de ello, sin ir más lejos el caso de la conurbación Elda-Petrer, la falta de imbornales y de desagües con capacidad suficiente para evacuar aguas pluviales hace que las principales arterias y vías de acceso como son la Avenida del Mediterráneo, o la Gran Avenida sufran continuos episodios de inundaciones año tras año. Otro caso similar lo tenemos en la avenida Rey Don Jaime I en Sax. O el badén de Rico Lucas en Pinoso, por citar algunos ejemplos. En relación a incendios forestales tenemos también casos, en los que directamente se construyen urbanizaciones enteras sobre terreno forestal sin considerar medidas preventivas en caso de producirse un hipotético incendio como puedan ser planes de autoprotección, medidas de educación y concienciación, medidas de selvicultura entorno a las viviendas, delimitación de la interfaz urbano-agrícola-forestal, instalación de hidrantes… En la actualidad, en materia de ordenación del territorio queda mucho por hacer, ya que convivimos en muchos casos con problemas relacionados directa o indirectamente con factores climáticos, que se han traducido por una razón u otra en problemas persistentes en el tiempo durante décadas sin que a día de hoy se le haya dado solución.

Nuestro clima está cambiando. La agenda 21 parece que queda lejos ¿Hay solución?

Climatológicamente hablando cada vez se dan con mayor frecuencia y mayor virulencia fenómenos atmosféricos extraordinarios, lo que debe ponernos más en alerta, si cabe, en temas de prevención. Es cierto, que en la actualidad disponemos tanto de medios humanos y económicos destinados a tal fin, aunque a veces resultan insuficientes. En el caso de los Planes Estratégicos Municipales integran proyectos y actuaciones respetuosas con el medio ambiente, la justicia social y el equilibrio económico, para conseguir la sostenibilidad de los municipios y una mejor calidad de vida de sus ciudadanos. Todo ello está muy bien, cualquier estudio pormenorizado que se haga de nuestros municipios nos ayuda a entender nuestro comportamiento territorial y hacia dónde y cómo queremos enfocar nuestro futuro. Sin embargo, todo son teorías, de nada vale redactar excelentes documentos y recomendaciones si al final los mismos no se ponen en práctica y quedan olvidados en los cajones de las administraciones locales debido a la falta de voluntad política en gran parte de los casos, aunque es cierto que la tendencia va cambiando poco a poco. Creo que la solución pasa en primer lugar por crear una conciencia social del riesgo, es decir ser consecuentes de nosotros mismos, de nuestras acciones y decisiones. Y en segundo lugar, la administración debe ser a su vez supervisora, sancionadora en caso de no cumplir la ley y facilitadora de aquellos medios necesarios para paliar posibles situaciones de riesgo.

 

 

 

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