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El día 2 se cumplió un año justo desde que la Agrupación Lírica del Centro Excursionista Eldense obtuvo un éxito clamoroso con su puesta en escena de Marina, obra elegida para conmemorar sus 25 años de existencia.

Se hacía difícil pensar, y más difícil, todavía, creer, que aquella actuación la pudiesen igualar en un futuro.

Pero miren por donde para la actual Agrupación Lírica Ciudad de Elda - heredera de la del CEE por cuestiones burocráticas- no hay límites, y en la noche del sábado pasado, dejaron plasmada sobre el escenario del Teatro Castelar de Elda una La del Soto del Parral antológica. Siempre partiendo de la base de que se trata de un coro y varios solistas aficionados, ciento por ciento, con el apoyo de una orquesta formada en su mayoría por profesionales de reconocido prestigio, así como de sus directores respectivos. Octavio J. Peidró Padilla en lo musical, Christian Lindsey en lo coral y concertador y Paco Martínez Olcina al frente de todo el apartado escénico.

Ya desde que los metales iniciaron el preludio del acto primero se advirtió que no se trataba de una orquesta de "bolos". Y el refrendo de que asistiríamos a una actuación redonda lo remarcó el coro en su primera intervención "Voz de la campana". Su entrada fue limpísima, impecable, regulando todos sus voces como si de un ógano en comunión perfecta con la orquesta se tratara, tanto en los fortes como en los pianos. En sus posteriores intervenciones "Donde estarán nuestros mozos", "Míreme usted que malita que estoy", el concertante del segundo acto y "En la cumbre nace el agua" de la escena final estuvieron tan acertados como en la de su presentación, dando con ello un relieve superior a toda la partitura, rivalizando, si cabe, con la perfecta ejecución orquestal.

Ya en 2006 dejaron bien sentado los líricos eldenses su solvencia para poner en escena obra tan bella y complicada como es La del Soto del Parral. Su entonces trío de primeros protagonistas vocales repitió en esta segunda ocasión. Su solvencia, reconocida de sobra por el público eldense, yo diría alicantino por extensión, volvió a quedar bien patente en esta segunda ocasión. Javier Rubio, barítono, José Manuel Mas, tenor, y Juana Mari Toro, soprano, rayaron al gran nivel a que nos tienen acostumbrados. Lástima que una zarzuela donde el título alude a la protagonista femenina carezca de una romanza para su lucimiento. Siempre cabe el recurso de añadirle alguna de los mismos autores, procedente de cualquier otra de sus zarzuelas. Como sí se hizo con el tenor que interpretó la popular "Bella enamorada" de El último romántico, con texto distinto: "Fuerza que me vence".

En el rol de los cómicos y actores que no cantan o cantan poco, sí hubo variaciones. Salvo Gabriel Martínez Olcina, que con su sobriedad habitual repitió como Tío Sabino, los tres restantes debutaron en sus cometidos. Como no podía ser de otra forma Maribel Gralla, como Catalina, dejó bien patentes su posibilidades, demostrando que es capaz de acometer retos más difíciles. La acompañó un Damián encarnado por el propio director del grupo, Paco Martínez, quien a estas alturas tiene bien demostrada su categoría actoral. En sus intervenciones cantadas estuvo muy por encima de lo que suele verse y escucharse en los mal llamados "tenores cómicos".

Completó el elenco Francisco García. En su debut como romancero supo dar el toque preciso al vocabulario de aldea, para levantar las risas del público, con solo aparecer por el escenario.

Ya dijimos en nuestro artículo del blog que la versión que el grupo eldense iba a presentar, al igual que en 2006, sería la integral. Es decir, no suprimir ni uno solo de los pasajes musicales que sí suelen suprimirse en algunas producciones e incluso en grabaciones discográficas. Y así fue con la presencia en el número final del dulzainero Juan Diego Fernández y el tamborilero Miguel Angel Ruiz. Durante su ejecución no faltó la danza popular segoviana, ejecutada por los mismos coralistas.

Con una decoración sobria y ajustada a los cánones, cabe destacar la excelencia del vestuario mostrado en cada uno de los actos, o cuadros. Vestimenta y calzado campestre en los iniciales, salvo algún tacón alto, y todos de gala al final, pues se celebra la boda de Catalina y Damián, y como él bien dice "...porque me he casado yo y ha de ser boda soná."

No se llenó del todo el Teatro Castelar. Quedaron muy pocas butacas vacías, en ambos laterales de la últimas filas de anfiteatro.

Como dijimos el año pasado, sería una lástima que producción tan excelente de La del Soto del Parral, no pueda visitar otros escenarios, al menos de la provincia de Alicante, y quede solo para el recuerdo, gracias a la grabación-filmación videográfica que se realizó.

La excelencia de las producciones que presenta la Agrupación Lírica Ciudad de Elda, quedó más patente todavía tras haber asistido el día siguiente en Elche a una representación penosa de La Dogaresa, por Coral Ilicitana.

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