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-A VISTA DE JÍBARO-

La ligereza no pretende suplantar lo grave sino sobrevolarlo.

“Si quisiera escoger un símbolo propicio para asomarnos al nuevo milenio, optaría por éste: el ágil, repentino salto del poeta filósofo que se alza sobre la pesadez del mundo, demostrando que su gravedad contiene el secreto de la levedad, mientras que lo que muchos consideran la vitalidad de los tiempos, ruidosa, agresiva, piafante y atronadora, pertenece al reino de la muerte, como un cementerio de automóviles herrumbrosos”.

Se puede decir más alto pero no más claro. La ligereza, que no pretende suplantar lo grave sino sobrevolarlo, es una constante en la tradición literaria. Calvino se detendrá en esta conferencia en pasajes de Cavalcanti, Lucrecio, Ovidio, Shakespeare o su estimadísimo Leopardi, para concretar que la levedad se asocia con “la precisión y la determinación, no con la vaguedad y el abandonarse al azar”; y concluir que todos ellos viven “la literatura como función existencial, la búsqueda de la levedad como reacción al peso del vivir”.

Sin duda, el enfoque de Calvino en esta conferencia entronca con esa tradición de escritores que siempre reivindicó una escritura desde la naturalidad y el refinamiento, en ese sentido hondo que le imprimió Gracián; desde una claridad no exenta de profundidad e ironía en Lichtenberg  o persiguiendo esas “frases que sugieren más de lo que dicen” en palabras de Thoreau, y que tanto influyeron en la concepción más moderna y cercana a nosotros de las creaciones literarias. 

Henry David Thoreau, autor de Walden y La desobediencia civil.

Acierta Calvino al reseñar las dos formas de afrontar el hecho literario a lo largo de los siglos: una, aligerando el lenguaje y lo que con él se nos transmite y, la otra, infundiéndole espesor y densidad. Si nos detenemos a comparar, por ejemplo, la poesía renacentista y la barroca lo veremos con claridad. No es cuestión de elegir, pero al italiano le parece más fértil y sustanciosa esa literatura que aligerando el lenguaje nos aligera la vida, nos transporta elevándonos a mundos que, por más lejos que nos lleven, habitan en todos y cada uno de nosotros. Esos textos que se constituyen en nosotros como un auténtico camino de perfección y a los que volvemos siempre que es posible.

Ligero como el pájaro, no como la pluma, pedia Valery.

Pienso, de hecho, que estas conferencias de Italo Calvino constituyen un remanso suculento al que volver de vez en cuando para nutrirse de esas orientaciones esenciales que tanto nos estimulan para seguir indagando y entendiendo el fenómeno de la escritura. Para seguir entendiendo, sí, pero también para seguir entendiéndonos. No quedándonos solo en la apariencia formal, externa, de lo escrito. Porque “hay que ser ligero como el pájaro, no como la pluma”,sentenció Valery.

¿Y el aforismo?; ¿ha de ser ligerocomo ave? Veámoslos en A vista de jíbaro: