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Tabletas, libros electrónicos, móviles inteligentes... son regalos que se han prodigado en estas fechas, regalos relacionados con la comunicación y, en cierto sentido, instrumentos útiles para la lectura y la escritura cotidianas.

En mi caso, tal vez no haya llegado a merecer obsequios como los anteriores (procuraré enmendarme) pero sí he recibido, entre otros más modestos, un libro que he aprovechado para leer durante las vacaciones Leer en el centro escolar. El plan de lectura de Gemma Lluch y Felipe Zayas. Esta publicación, precisamente, concede bastante espacio de calidad a la lectura en la red y al uso de otros formatos además del clásico libro en papel para el trabajo de los centros sobre la lectura.

Es destacable comprobar cómo cada vez se estima más pertinente esta nueva dimensión por la riqueza que aporta para el análisis y las acciones consecuentes para la mejora de la competencia lectora de nuestro alumnado.

Más allá de plantearnos preguntas sobre si le lee más o se lee menos o, en el mejor de los casos, sobre si se lee mejor o peor en términos demasiado vagos, reflexionar sobre estos nuevos medios y sus posibilidades ofrece el aliciente de ahondar en la práctica de la lectura en su contexto, en ocasiones, en sus nuevos contextos, y el de acercarnos al  lector y la lectora de una manera más integral.

Me parece fundamental que esta concepción más abierta de la lectura nos lleve a valorar el peso de situaciones y mediaciones lectoras con las que no contábamos hasta hace poco tiempo. No se trata solo del uso de dispositivos diferentes. Lo importante en realidad es su influencia para superar distancias insalvables o poco salvadas en el pasado, para redefinir nuestras lecturas, para potenciarlas y evitar que se den la espalda. La lectura en los medios digitales, por sus características: no secuencial, dinámica más allá de límites prefijados, multiforme, diversa en sus formatos, etcétera. abre las puertas a aprendizajes relacionados con la aproximación e interpretación de contenidos en medios tradicionalmente enfrentados a la lectura en papel, cuando no marginados en la práctica educativa, por ejemplo, la atención al mundo audiovisual, contenidos mucho más compartidos (multimedia) en la actualidad.

Sin salir de la lectura literaria (de las letras), la red, las herramientas y sinergias que propicia, suponen indudables ventajas de acceso rico a las obras y sus referentes, así mismo, para compartir, colaborar y retroalimentarse, para plasmar en abierto el resultado de los aprendizajes o su proceso, para vincular de forma estrecha lectura y escritura, percepción (activa) y creación.

Arrinconar estos medios motivadores por su relación con la realidad y abiertos a la creatividad puede acarrear una pérdida de protagonismo por parte de quienes aprenden, en tanto que, bien utilizados, repercuten sobre la toma de decisiones originales acerca de la orientación del aprendizaje propio.

Que el nuevo contexto nos lleve a una revisión radical de la educación y el aprendizaje de la lectura, de las lecturas y habilidades requeridas, deberíamos aceptarlo como un reto inaplazable, por más que signifique, al menos al principio, caminar por sendas inexploradas, por más que nos veamos obligados a aprender de nuestros errores para retomar el camino.

 

Para saber más:

LLUCH, Gemma y Felipe Zayas (2015). Leer en el centro escolar El plan de lectura, Octaedro: Barcelona. ISBN 978-84-9921-791-8.

OCDE (2012). ¿Están preparados los chicos y las chicas para la era digital? PISA in Focus 12. 

OCDE (2015)- Who are the best online readers? PISA in Focus 55. 

ORDEN 44/2011, de 7 de junio, de la Conselleria de Educación, por la que se regulan los planes para el fomento de la lectura en los centros docentes de la Comunitat Valenciana 

VV. AA. (2015). Hacia una antropología de los lectores. Paidós, Fundación Telefónica, Universidad Autónoma Metropolitana. ISBN: 978-607-747-133-2