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Tabletas, libros electrónicos, móviles inteligentes... son regalos que se han prodigado en estas fechas, regalos relacionados con la comunicación y, en cierto sentido, instrumentos útiles para la lectura y la escritura cotidianas.

En mi caso, tal vez no haya llegado a merecer obsequios como los anteriores (procuraré enmendarme) pero sí he recibido, entre otros más modestos, un libro que he aprovechado para leer durante las vacaciones Leer en el centro escolar. El plan de lectura de Gemma Lluch y Felipe Zayas. Esta publicación, precisamente, concede bastante espacio de calidad a la lectura en la red y al uso de otros formatos además del clásico libro en papel para el trabajo de los centros sobre la lectura.

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En los últimos años he escrito varios artículos relacionados con la industria y con las ferias del calzado en Elda. Pero algunos comentarios con jóvenes que viven en nuestra ciudad, me hizo caer en la cuenta que con el paso de los años, los mayores logros, los mejores acontecimientos y las etapas más notables de la vida de la ciudad, llegan a olvidarse por completo y, en algunos, los más jóvenes, les resulta totalmente desconocidos.

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Ahora en invierno no pueden faltar los platos de cuchara de toda la vida. Esta es una receta económica y rápida de hacer, en poco más de media hora tendréis un riquísimo plato caliente, tan reconfortante en los meses de frío. 

Los ingredientes que lleva esta receta, son fáciles de encontrar en el mercado.

¡Vamos a ello!

Ingredientes:

  • 3 o 4 Patatas grandes
  • 1 Cebolla seca
  • 2 Dientes de ajo
  • Unas hojas de laurel
  • 1 Pimiento verde
  • Un buen trozo de chorizo curado
  • ½ Guindilla (opcional)
  • 1 cucharadita de pimentón dulce
  • Aceite de oliva virgen extra
  • 2 Pimientos choriceros
  • Sal
  • Agua
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-ESTANTERÍA DE AUTORES ELDENSES-

Décimas de El Seráfico a la entrada del cementerio de Elda

Posiblemente no haya eldense de una cierta edad que no haya oído hablar de El Seráfico, si es que no ha leído sus poemas. A la entrada del cementerio de Santa Bárbara, sin ir más lejos, hay dos placas con sendas décimas suyas. Los más jóvenes quizás sepan de él por el colegio con su nombre que hasta hace unos años funcionó o por haber oído historias de un personaje popular y entrañable entre su vecinos por la facilidad para improvisar versos inmediatamente cuando alguien se lo pedía y le daba un pie, es decir, una palabra a partir de la cual nuestro autor componía un poema redondo (principalmente décimas, estrofa que utilizó ampliamente) a cambio de unas monedas, alimento o un buen vaso de vino. Pero no es tan sencillo discernir, al hablar de celebridades como él, entre la persona real que fue y el personaje legendario al que se le atribuyen hechos y leyendas difíciles de ratificar.

Francisco Juan Ganga Ager (1812- 1871), de sobrenombre El Seráfico, “es una de las figuras más sugestivas e interesantes de las que ha tenido Elda en todos los tiempos”, en palabras de Alberto Navarro en Eldenses notables. Apenas si hay datos de su infancia y primera juventud hasta que se incorpora voluntario al ejército y es destinado a Cuba desde los 16-18 a los 29 años. Será allí donde como lector compulsivo adquirirá esa vasta cultura que tanto sorprenderá después al incluir en sus versos personajes históricos, mitológicos, religiosos o hechos e ideas de épocas pasadas. También parece que adquirió allí una cierta educación musical y los conocimientos técnicos, retóricos y poéticos, que con tanta desenvoltura aplicara a sus composiciones.

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Hay numerosos excrementos en las aceras

La semana pasada se publicaba en este periódico, la noticia de que una señora que se había fracturado la rótula al pisar un excremento de perro. Esta semana el Ayuntamiento de Elda, pone en marcha una campaña para recordar a los propietarios de perros la obligatoriedad de recoger los excrementos de la vía pública, incluyendo jardines, parque para perros, terrenos urbanos, etcétera.

Sin ir más lejos, la semana pasada tuve una discusión en la calle con una señora que pasea tres perros y delante de mí se iba sin recoger los excrementos de uno de ellos. Imaginad tres excrementos por tres salidas al día por siete días a la semana suman un total de 63 excrementos a la semana en la calle sin recoger.

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Son sales y ésteres del ácido sulfuroso, es decir, un compuesto químico formado por dos moléculas de oxígeno y una de azufre, SO2, la cual se denomina dióxido de azufre. Estos se encuentran presentes en todos los vinos, los cuales se usan para la conservación del aroma del vino y para la eliminación de las bacterias.

Su procedencia se debe a los tratamientos con anhídrido sulfuroso que se realizan en las vendimias, mostos, vinos, barricas y en toda clase de envases que se utilizan para la elaboración y la crianza del vino.

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Son imprescindibles en nuestras fiestas, y jamás los podemos olvidar en cualquier acontecimiento, los vinos espumosos siempre están unidos al momento de las celebraciones. También es cierto que este tipo de vinos suelen acompañarnos cada vez más durante los aperitivos, el marisco, los dulces y ¿por qué no? hasta después de un buen desayuno. Pero en realidad podemos distinguir entre un Cava y un Champagne.

Quiero a continuación hacerles llegar un breve resumen de sus diferencias más importantes.

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-LO BUENO SI BREVE-

Ilustración digital vectorial de Epicuro. Revista Muy interesante

Con esta pregunta, F. Nietzsche ponía en cuestión los derroteros del pensamiento occidental, al anteponerse durante siglos lo abstracto e ideal a lo corpóreo y material, y al modo elitista y grandilocuente de ejercer la filosofía lejos de los foros abiertos donde mantuvo un sentido práctico, incluso terapéutico, para todo aquel dispuesto a aprender a conducirse en la vida y sentirse bien consigo mismo. En ese Jardín que Epicuro fundó en Atenas en el año 306 a.C. él y sus seguidores (entre los que también había mujeres y esclavos) perseguían un estilo de vida sencillo, incluso austero, cultivando además del huerto que los alimentaba, las virtudes y la amistad. Ya entonces, se les trató de hedonistas desenfrenados, comiendo y bebiendo sin cesar y en una orgía sexual permanente. El propio Cicerón los tachó de “cerdos de la piara de Epicuro”. No es extraño, por ello, que aún hoy el diccionario se refiera al epicureísmo como esa filosofía enseñada por Epicuro y el “refinado egoísmo que busca el placer exento de todo dolor” de quienes lo practican. Asimismo el vocablo epicúreo es sinónimo de sibarita, comodón o mundano, entre otros. Nada más lejos de la realidad.

Se pregunta Emilio Lledó (el mayor pensador español, hoy) por lo que contienen las enseñanzas de Epicuro para que tan pronto se convirtieran en una filosofía maldita. Como subraya en El epicureísmo, hoy el griego de Samos sería considerado un antisistema por oponerse frontalmente a esos fabricantes de deseos “no naturales y no necesarios” que tanto nos esclavizan. Del mismo modo, Michel Onfray es contundente al considerar que esta filosofía “puede constituir un poderoso remedio contra la fiebre decadentista contemporánea. Acabar con la apatía que invade el mundo no es tarea de ningún salvador exterior, de ninguna ideología capaz de resolver todos los problemas de un solo golpe, sino de cada uno de nosotros. Ante cualquier cosa que quiera someternos, el único salvador al que podemos recurrir está en nuestro propio interior”.

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Grabado de Epícteto, filósofo estoico del siglo I d.C.

“Entre todas las cosas que existen, hay algunas que dependen de nosotros y otras que no dependen de nosotros.  Así, dependen de nosotros el juicio de valor, el impulso a la acción, el deseo, la versión, en una palabra, todo lo que constituye nuestros asuntos. Pero no dependen de nosotros el cuerpo, nuestras posesiones, las opiniones que los demás tienen de nosotros, los cargos, en una palabra, todo lo que no son nuestros asuntos.

Las cosas que dependen de nosotros son libres por naturaleza, sin impedimentos, sin trabas. Por el contrario, las cosas que no dependen de nosotros se hallan en un estado de sometimiento, de servidumbre, y nos resultan ajenas.

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Comienzo la redacción de este artículo y todavía continúo dudando si el título que le he querido dar es el más acertado.

Está finalizando el presente año y en pocas horas dará comienzo el 2016, todos queremos tener esperanza en cada uno de los sectores y deberes que desarrollamos, en mi caso el de la hostelería. Deseamos que ese pequeño incremento de trabajo que he venido observando en los pasados meses se mantenga o que siga en aumento. Supongo que el afán de cada uno es ser positivo, ese es mi caso, pero también debo de reconocer que ese optimismo que se debe de mantener en ocasiones se nos viene abajo, los motivos pueden ser por compañeros o amigos que realizan tareas en diferentes gremios y los observas abatidos, tristes, cabizbajos y sin alegría. Trato de sacarles una lectura positiva de lo que me comentan, quiero transmitirles otra actitud, cambiarles el modo en que ven las cosas, pero debo de reconocer que en la mayoría de las ocasiones soy incapaz de lograrlo.

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Las vacaciones comienzan; el año termina. Fechas en las que se prodigan a diestro y siniestro los buenos deseos, días de ilusión para pequeños y mayores, la lotería la promesa condicionada de los regalos, citas en el calendario que este año se hacen coincidir aproximadamente con unas elecciones generales de cuyos (inciertos) resultados van a depender muchas orientaciones políticas en torno a la educación. En fin, momentos dominados por la expectación y las buenas intenciones.

En una ocasión tan propicia a uno se le ocurre imaginar qué pediría para mejorar el panorama educativo que gozamos y padecemos. Dan ganas de volver a los años en que escribíamos listas interminables, retos complicados incluso para unos seres mágicos que creíamos todopoderosos. Se acababa imponiendo entonces la autoridad de los padres y las madres a estos auténticos catálogos de juguetes en forma de carta. Pide solo una cosa. Si tuviera que elegir, ¿cuál sería mi deseo?

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Niall Williams, autor de Una historia de la lluvia.

Decía en una reciente entrevista el cantautor Ismael Serrano, a propósito de la publicación de su novela Ahora que la vida, que las buenas obras -a diferencia de lo que ocurre en las redes sociales- deben ser ambiciosas en su afán por trascender el momento, el mensaje más lineal e inmediato. Si la semana pasada les recomendaba tres valiosos libros dentro del género poético, esta les expondré mis impresiones de otros tres (una novela, un ensayo y un lúcido testamento intelectual) que sin duda trascienden la coyuntura del instante o de la situación en que fueron escritos.

La historia de la lluvia, octava novela del irlandés Niall Williams, publicada en septiembre en la editorial Lumen, es eso, una historia de historias cautivadora, extraordinaria, sorprendente. Ruth Swain, postrada en la cama esperando una posible cura a su enfermedad con solo 19 años, nos cuenta todo lo que desde ella ve y siente, conjugando en la narración la historia de sus antepasados (su padre poeta, su abuelo escritor del tratado El salmón en Irlanda, etcétera) con la suya propia o con la de los casi cuatro mil libros numerados de la biblioteca que heredó de su padre y que ha leído con fruición. Sorprende la madurez de la protagonista, la lucidez con que nos cuenta su situación, utilizando un lenguaje que alterna el lirismo, la ironía, el humor  y la cháchara con una capacidad asombrosa para describir tan introspectivamente los paisajes exteriores como los de su propia imaginación. Por momentos, y ante la gravedad en que Ruth se debate, es como si todos esos libros que ha leído, y en los que se recrea, le sirviesen de bálsamo y revitalizante. Como esa lluvia que no cesa. “Somos nuestras historias. Las contamos para seguir vivos o mantener con vida a quienes ahora solo viven en el relato”, nos dice. Léanla si pueden. Preciosa. Excelente.

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El brindis es el momento de una celebración en el que las personas invitadas levantan y entrechocan las copas, queriendo con ese gesto manifestar una felicitación por un fin conseguido o también para unos buenos deseos. Si preguntamos a cualquier estudioso de las etimologías, no estaría seguro del origen de esta palabra, aunque la mayoría llegan a la conclusión de que este término procede del alemán bringen, que significa “ofrecer”.

De su origen existen numerosas opiniones. Los sumerios tenían por costumbre cerrar tratos u acuerdos con una comida colectiva, dentro de la cual los implicados en el acto bebían todos de la misma copa.

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Una de las vitrinas instaladas en el certamen de calzado en las Escuelas Nuevas

Todos los eldenses conocen quién fue el primer secretario general de las Ferias del Calzado en Elda, Roque Calpena, así como su trayectoria al frente de la institución; también hemos hablado muchas veces de ese otro industrial Óscar Santos que machaconamente escribía y escribía sobre la necesidad de una feria en Elda. El Ayuntamiento de la ciudad con su alcalde al frente, Antonio Porta Vera, pusieron en marcha el primer impulso que culminaría con la creación de la FICIA y el desarrollo económico del sector zapatero, todo ello desde la Concejalía de Fiestas de la que Calpena era titular. Pero Roque no estaba solo, otros ilustres eldenses también aportaron su esfuerzo. He dicho siempre que nadie es capaz de hacer nada en solitario y que todos necesitamos de todos para hacer una gran obra, pues bien, una de las personas que pasaron casi desapercibidas fue José Rodríguez Espinosa que no era fabricante de calzado, era propietario de un modesto taller de tacones y plataformas de madera. 

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